Las nuevas perspectivas del Conflicto Social y Armado en Colombia
...
Puesta online a las 20:54, el 20 de Enero del 2008
Las nuevas perspectivas del Conflicto Social y Armado en Colombia
El panorama político en Québec y Canadá en 2008.
______________
Las nuevas perspectivas del Conflicto Armado en Colombia
El conflicto colombiano ha entrado en una nueva fase luego de que el Jueves de esta semana el parlamento Venezolano otorgara formalmente el estatus de fuerza beligerante a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, la más antigua guerrilla de América Latina, y a El Ejército de Liberación Nacional. La medida que fue presentada como una contribución al proceso de paz en Colombia, porque reconoce la realidad del conflicto social y armado en Colombia ha agudizado la crisis en las relaciones entre Venezuela y el Gobierno de Álvaro Uribe, un enemigo jurado de las FARC y el ELN que considera como terroristas y que es el principal aliado de Washington en América del Sur.
Se trata de la nueva etapa de la finalmente exitosa zaga de liberación de rehenes que ha dado un rl protagónico a Hugo Chávez al que el gobierno colombiano acusa de ingerencia en política interna. Como se recordará, hace unos días se produjo finalmente la anunciada liberación de Consuelo González Perdomo y de Clara Rojas luego de la confusión, explotada por Uribe de que el hijo de Clara Rojas ya no estaba en poder de la guerrilla. La liberación unilateral de los rehenes, y la entrega de pruebas de vida de otros 6 rehenes, dejó en buena posición al rol de mediador del presidente Chávez que logró obtener resultados y mostró al mismo tiempo la intransigencia del presidente Uribe que a diferencia de otros gobiernos colombianos, se ha negado a negociar con la guerrilla, a pesar que no tiene el poder militar para derrotarla.
Las FARC, que han recurrido cada vez más frecuentemente a este controvertido medio de acción, tienen en su poder a Ingrid Betancourt y a otros 44 cautivos de carácter político que espera canjear por presos políticos de las FARC, además de varios centenares de militares y policías. En el marco del conflicto colombiano el canje de rehenes no es una medida inédita. En 2001 las FARC liberaron unos 300 soldados y oficiales de policía. El reconocimiento del estatus de beligerante para las FARC, implica que la guerrilla debe abandonar el uso del secuestro como arma política de acuerdo al derecho internacional. Eso puede abrir las puertas, como lo señalan diversos analistas, a la creación de un grupo como el de “Contadora” en Centro América o a alguna forma de mediación de parte de la ONU, como ocurre en otras regiones..
El contexto se presta al desarrollo de conflictos diplomáticos. Valga citar la polémica creada por los comentarios del portavoz de la Cruz Roja en Colombia, Yves Héller, que reconoció que “en Colombia existe un conflicto armado interno y debe aplicarse el protocolo II de Ginebra en estas situaciones”. Aunque la Cruz Roja desautorizó su portavoz en un comunicado ulterior señalando que no estaba en su mandato “otorgar el estatus de ejército beligerante”,se demostró que es un conflicto complejo. También señalar que ante las declaraciones de Hugo Chávez y la internacionalización alcanzada por el conflicto colombiano el zar de las drogas de Washington, John Walters acusó a Venezuela de ser un facilitador del trafico de cocaína hacia Europa y otras regiones.
La versión oficial del estado Colombiano es que no existe ningún conflicto interno o externo. Sin embargo, el presidente Álvaro Uribe fue elegido en dos oportunidades gracias a plantear mano dura contra la guerrilla y postular que la solución del conflicto social y armado colombiano pasaba por la destrucción de la guerrilla y la desmovilización y la impunidad de las paramilitares Autodefensas unidas de Colombia. Descartando así toda posibilidad de diálogo para la paz. Una estrategia que ha fracasado, porque las FARC siguen manteniendo su control sobre partes del territorio colombiano aunque han perdido su fuerza tradicional, al igual que el otro movimiento guerrillero el Ejército de Liberación Nacional.
Por su parte Washington ha venido apoyando la contrainsurgencia en Colombia desde hace 40 años con diversas definiciones sobre el carácter de la guerrilla dependiendo de sus orientaciones geopolíticas. Primero en el marco de su política de guerra fría anticomunista, posteriormente en el de su guerra global contra las drogas y ahora en el marco de su guerra mundial contra el terrorismo. Fue en el contexto de los atentados suicidas contra las torres gemelas, que Washington convenció en 2002 a la comunidad europea para considerar las FARC como un grupo terrorista. Con ello se declaró ilegal cualquier ayuda directa o indirecta al grupo guerrillero.
Está claro que un conflicto armado de la complejidad del colombiano no puede ser fácilmente asimilado a la guerra contra el terrorismo. Se trata más bien de un conflicto que aparece como un resabio de la guerra fría o a contracorriente de las nuevas experiencias populistas en América Latina. La distancia entre la guerrilla y algunas organizaciones populares que luchan por la paz en Colombia es una realidad como ocurre en organizaciones sociales y en el llamado Polo democrático Alternativo que critican la lógica guerrera de las FARC.
El llamado al reconocimiento de fuerza beligerante por parte del Estado Venezolano aumenta la crisis diplomática entre el gobierno de Chávez y el de Uribe en el concierto latinoamericano que gira decididamente a favor de posiciones progresistas o revolucionarias. Todo indica sin embargo que el camino de la paz pasa efectivamente por el de una solución política negociada que cuente con mediación internacional.
Pero ello no es evidente en el contexto en que Washington ha determinado desde hace largos años ha invertido en el Plan Colombia y ha cristalizado su política en torno a la destrucción de la guerrilla.
Sin embargo está claro para quien sea que haya seguido la situación colombiana que existe un conflicto armado en Colombia en el que ninguno de las dos fuerzas puede imponer su voluntad al otro porque tiene profundas raíces. Entre otros elementos, se produce en el marco de la llamada violencia heredada del conflicto entre liberales y conservadores hasta los años cincuenta. Una situación de violencia que es alimentada por el cierre tradicional del sistema político colombiano a toda fuerza transformadora. La triste historia de los seis mil dirigentes políticos de la UP asesinados.
Situación aun más compleja por la debilidad del estado colombiano que no controla efectivamente su territorio que algunos califican de lumpen estado minado por la corrupción y que está cruzado por grupos de interés de la oligarquía, que cuentan con sus propios grupos paramilitares, e incluso por el narcotráfico cuyos jefes están imbricados, según varios analistas, en el aparato estatal. Incluso se denuncian las ramificaciones del actual presidente de Colombia Álvaro Uribe.
En ese marco, la intervención del presidente Hugo Chávez tiene el mérito de iniciar un debate que puede favorecer la liberación de nuevos rehenes y las posibilidades del inicio de un proceso que lleve a una solución política negociada, con apoyo latinoamericano y Europeo para contrarrestar los designios de Washington.
El panorama político en Québec
Las perspectivas de una pronta caída del gobierno minoritario liberal dirigido por Jean Charest en Québec son poco probables sobre todo porque del ejercicio saldría nuevamente un gobierno minoritario, que parece responder al sentimiento del electorado quebequense que, de acuerdo a las encuestas, fluctúa en su apoyo a los tres partidos que forman el paisaje político en la asamblea nacional de Québec, el partido liberal, la oposición oficial adequista dirigida por Mario Dumont y el llamado segundo grupo de oposición el partido quebecois dirigido por Pauline Marois.
Las últimas encuestas le dan una mayoría de 36% a los liberales de Jean Charest, pero por su poco apoyo entre electorado francófono, si hubiera elecciones se trataría nuevamente de un gobierno minoritario liberal porque fue la misma votación que obtuvo en las urnas en Marzo del año pasado. La buena noticia para Jean Charest es que luego de niveles elevados de impopularidad, el 47% de los electores se considerarían satisfechos, el nivel más alto desde que fuera elegido. Pero, los mismos electores consideran de lejos que Pauline Marois sería la mejor primer ministro. Por su parte Mario Dumont no solo pierde apoyo de los electores sino que está en tercer lugar como mejor posible primer ministro. Más aún Mario Dumont aparece en situación cada vez más desmejorada, siguiendo su caída en las encuestas al no haber podido mostrarse como un potencial primer ministro.
Es en este contexto de realineación de fuerzas que se explica la coyuntura quebequense actual en la que los partidos intentan imponer los temas que les permitan acceder a un aumento de sus votaciones.
El partido liberal ha vuelto a vivir su luna de miel con Jean Charest que luego de que cambió su equipo de comunicadores ha tenido un desempeño sin los errores del primer gobierno y ha beneficiado de su distanciamiento del gobierno conservador de Stephen Harper, porque los electores consideraban que no es quien puede mejor defender los intereses de la provincia. Con ello ganó popularidad por su defensa de los trabajadores forestales frente a los planes exiguos de Ottawa en la cena de primeros ministros provinciales con el primer ministro de Canadá. Luego de un giro por los llamados acomodos razonables, Jean Charest ha decidió escoger la economía como prioridad de su gobierno, ya no es la salud ni lo temas de identidad. Aunque Jean Charest ha podido mejorar su situación y espera pasar sin problemas la votación en el congreso liberal en que se evaluará su liderazgo en Marzo, lo cierto es que mantiene baja votación en el electorado francófono y su posición respecto en el debate de esta semana sobre el idioma en el comercio montrealense, no le ayudará.
Por su parte, la oposición oficial, la ADQ dirigida por Mario Dumont, ha perdido popularidad porque parece seguir siendo el partido de Mario Dumont mientras sus cuarenta diputados guardan silencio. Luego de haber lanzado todo el debate sobre los acomodos razonables, finalmente no tuvo ninguna propuesta. El anuncio próximo de los resultados de la Comisión sobre los llamados acomodos razonables Bouchard-Taylor, pondrán nuevamente de manifiesto la ausencia de ideas estratégicas de Mario Dumont y sus limitaciones como jefe de gobierno. También perdió popularidad al intentar hacer caer el gobierno en Noviembre pasado por la reducida participación en las elecciones escolares. Luego de señalar que su tema para 2008 sería la educación ahora parece seguir al partido liberal, porque el tema principal de su próximo congreso será de redefinir su política económica. Su apoyo incondicional a Harper tampoco le ayuda, como lo mostró que fue el único que apoyó el plan federal de apoyo a la industria forestal en crisis por el precio del dólar. Además,
En cuanto al partido quebequense, debe señalarse que Pauline Marois, Ha conseguido detener la caída de popularidad de su partido en el electorado quebequense, pero no ha beneficiado de la perdida de popularidad de Mario Dumont y son más bien los liberales los que aumentan su votación.
Ciertamente, Pauline Marois ha conseguido unificar por una rara oportunidad al partido quebequense al apropiarse del tema de la identidad con su propuesta de ley 195 controvertida. Su reacción de reforzar la ley 101 luego de las denuncias de un periódico local sobre el uso del francés en el comercio le hacen mantener el apoyo de los francófonos. Por otro lado, su propuesta de plantear los llamados gestos de soberanía, como le propone Gerald Larose y dejar de lado el referendismo, estrategia tradicional propuesta por Denis Moniere, le permiten solidificar su posición en el seno del partido quebequense pese a que sea denunciada como una estrategias de afirmación nacional en el seno del sistema federal por sus detractores. Con ello, no se espera que su liderazgo sea criticado en el próximo Consejo nacional del Partido quebequense a mediados de marzo. Los observadores consideran que debe sin embargo clarificar su propuesta de modernizar la social’democracia, sobre todo en el contexto aprehendido de la crisis de la industria manufacturera por el alto precio del dólar y de los efectos de la recesión en Estados Unidos.
Es indudable que la política quebequense sigue en un periodo de transición que es propicio a la emergencia de nuevos partidos como los verdes y Québec Solidario, lo cierto sin embargo que fuera de plantear posiciones novedosas sobre la protección del medio ambiente o de oposición a la privatización del sistema de salud, estos partidos que no parecen por momento beneficiar de la difícil situación de los partidos tradicionales.
El Panorama político Canadiense
El panorama político canadiense está marcado por la inminencia del llamado a elecciones federales. El gobierno minoritario de Stephen Harper ha excedido el promedio de vida, de dos años, de los gobiernos minoritarios y todo indica que la división de la oposición y la debilidad de los liberales que le ha permitido a Stephen Harper sobrevivir y actuar como un gobierno mayoritario parece haber terminado.
Ni el partido democrático nuevo de Jack Layton, que fue el primero en negarle el apoyo a los conservadores, ni el bloque quebequense de Gilles Duceppe que desde el año pasado fijó condiciones para darle el apoyo al gobierno conservador en un voto de confianza, ni los liberales lo apoyarán que han permitido que sobreviva el gobierno conservador en los últimos meses, votando en contra pero ausentándose la mayoría de sus diputados para asegurar que el gobierno no cae, como con el mini presupesto del año pasado.
En ese marco, de preparación de las elecciones federales, no es segura una nueva victoria conservadora como se temía hace unos meses por la debilidad del liderazgo de Stephan Dion. Jefe mal amado de los liberales. En las ultimas semanas Stephan Dion ha fortalecido su liderazgo y aparece planteando propuestas de todo tipo en una campaña electoral en la que se juega su sobrevida política.
Los conservadores no han conseguido entusiasmar al electorado con sus políticas y el primer ministro Stephen Harper sigue confirmando su estilo autoritario partisano, como lo mostró la democión de la jefa de la Comisión Canadiense de la Seguridad Nuclear, porque se opuso a las órdenes de la oficina del primer ministro en el caso de la penuria de isótopos para los hospitales, acusándola de ser una de los topos heredados del gobierno liberal anterior. Todos los observadores coinciden que Linda Keen sólo había hecho su trabajo y que el verdadero responsable era Energía Atómica de Canadá y era ese responsable, cercano a los conservadores que debiera haber dimitido de sus funciones.
A ello se agrega la crítica unánime en Québec y Ontario, las dos principales provincias frente a su propuesta de sólo mil millones para hacer frente a la crisis del empleo en el sector manufacturero y de las forestales por el alto precio del dólar canadiense. Críticas que se agregan al hecho que la propuesta conservadora ha sido postergada hasta la adopción del próximo presupuesto, algo que no es evidente. Se trata de una medida partidista para la campaña electoral. Esa condicionalidad ha hecho perder votos a Stephen Harper en Québec y se ha transformado en una reivindicación de la campaña que prepara Gilles Duceppe.
También se agrega la crítica al plan de mejorar el rendimiento de los vehículos al nivel adoptado por Washington, no por el de la California que es más riguroso. Según los grupos ecologistas la medida que se espera cumplir en 2020 es una paso atrás de las prácticas que ya existen en Canadá. Stephen Harper no ha conseguido convencer a los canadienses de que se preocupa del medio ambiente o que su plan sea más positivo que Kyoto o que no está al servicio de las petroleras de Alberta o de la política energética de Washington.
En cuanto a Afganistán, su propuesta de mantener la misión militar canadiense más allá de 2009, no entusiasma a los electores. La propuesta defendida por Stephan Dion en su viaje a Kabul con Michael Ignatief es de transferir el rol militar de Canadá por un rol de apoyo al desarrollo, algo más defendible y de acorde con la política tradicional de Canadá. Esta vez y a pesar que Stephen Harper consiguió nombrar un ex ministro liberal, John Manley a cargo de la comisión sobre la política a adoptar en Afganistán, los liberales estarán más unidos que hace dos años en su política frente a Afganistán. Pero lo más importante es que después de 77 soldados canadienses muertos en una guerra que parece no tener fin y que parece extenderse a Pakistán, el electorado canadiense lo único que desea es que las tropas canadienses se retiren de Afganistán y vuelvan a su rol tradicional de defensores de la paz.
No faltan los temas de confrontación que pueden llevar a la caída del gobierno de Harper y el llamado a elecciones cuando los conservadores presenten su propuesta de presupuesto. Un tema que requiere en el sistema parlamentario de un voto mayoritario de la Cámara sin lo cual se va a elecciones. Lo cierto es que las elecciones pueden incluso producirse antes, sobre cualquiera de los temas en disputa.
También debe destacarse que los anuncios de recesión en Estados Unidos hacen prever tiempos duros en Canadá por la imbricación de las dos economías. La impopularidad de Bush y el que en la campaña electoral en Estados Unidos todos los candidatos se alejen del presidente Georges Bush, que Harper ha apoyado abiertamente en los últimos años, no es bueno para el primer ministro canadiense.
Además, frente a las posibilidades de recesión en Estados Unidos, los analistas ya han criticado como nefasta, la postura ideológica neoliberal del primer ministro Stephen Harper que defiende el libre juego de las fuerzas del mercado y se opone toda intervención del estado en la economía que no sea la de reducir los impuestos. Una posición que castiga a cientos de miles de trabajadores que pierden sus empleos porque las manufatureras no se alcanzan a adaptar a los rápidos cambios producidos por el libre mercado. Esto le hace perder los miles de votos que necesitaría en Ontario y en Québec.