El Transantiago, Daniel Goleman, y el fantasma de Lippmann. Por Por Luis Cerpa O.
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Puesta online a las 18:09, el 24 de Enero del 2008
El Transantiago, Daniel Goleman, y el fantasma de Lippmann.Por Por Luis Cerpa O.
Mucho se ha hablado y leído acerca del Transantiago pero, cuando nos
toca vivir la experiencia de cientos de compatriotas, que aun corren desesperados detrás de un bus, o bajan como hormigas extraviadas las escalinatas del metro para subir a los vagones atiborrados de gente, uno sufre la misma impotencia e indignación, ante la falta de respeto de quienes se supone deben velar para que estas situaciones, donde imperan el abuso contra el ciudadano, la incertidumbre, y el caos, no se produzcan.
No hay nada mas sensible y delicado de tratar que los cambios radicales en el comportamiento cultural de un pueblo, trastocar sus hábitos cotidianos. Esto que parece de Perogrullo ha sido ignorado por los especialistas, los expertos, el ministro y el gobierno; la sabiduría popular señala que lo que no se sabe, se debe suponer, intuir, tratar de “oler”, y por sobre todas las cosas, ponerse en el lugar del otro. A juzgar por lo ocurrido con el Transantiago, las autoridades responsables de la puesta en marcha de dicho proyecto, actuaron sin rigor administrativo y con una carencia absoluta de inteligencia emocional.
Con relación a lo primero, podemos mencionar un hecho prácticamente desconocido en Chile. En pleno gobierno de Lagos, un grupo de colaboradores del presidente encargados del proyecto Transantiago, viajo a Francia para entrevistarse con Luis Casado, un chileno experto en el tema del transporte, que cuenta con mas de veinticinco años de experiencia durante los cuales, entre otras cosas, ha colaborado con las mas grandes empresas de transporte del mundo (entre ellas la que gestiona 50% de los transportes de Londres), efectuado consultorias para redes de ciudades que han organizado Juegos Olímpicos., y cuya empresa obtuvo el premio 2006 a la innovación de la Cámara de Comercio e Industria de Paris.
Mas de seis horas duro la reunión, y en ella fueron abordados en detalle los aspectos conceptuales, organizativos, económicos, jurídicos y empresariales del Transantiago. Al termino de ella el Sr..Casado advirtió a los colaboradores del presidente Lagos, del riesgo enorme que significaba entregar la actividad del transporte a sujetos, o empresas, sin ninguna experiencia previa, y además señalo, que el Transantiago era un engendro en el que la única coherencia estaba centrada en generar “oportunidades de negocio”al sector privado. Pero al margen de esta reunión, el año 2002 el Sr. Casado publico una nota relacionada con este proyecto, en la cual expreso textualmente: “ No tiene merito haber anunciado en un precedente articulo que la copia mecánica del proyecto bogotano Transmilenio, esta destinada al fracaso. ¿ Apostamos y nos vemos de aquí a un par de años ? Los resultados están a la vista.
¿ Por que el presidente Lagos y sus colaboradores hicieron caso omiso de los sabios y experimentados consejos de Luis Casado, y de otros expertos consultados ? ¿ Por que la implantación de un proyecto que se suponía beneficioso para los habitantes de Santiago, ha resultado todo lo contrario ? ¿ Por que las autoridades que dicen respetar al ciudadano, no considero sus opiniones y consejos ? ¿ Por que razón personas del gobierno, que suponemos inteligentes, pudieron echar a andar este proyecto de manera tan estupida e irracional ?
De toda evidencia, la gente de gobierno, responsable de la puesta en marcha del Transantiago, actuó con una escasa inteligencia emocional. Como lo señala Goleman, la sólida inteligencia académica tiene poco que ver con la vida emocional, y entre otras dificultades, no ayuda a colocarse en el lugar del otro.
De igual manera, Goleman aconseja a no aferrarse a las supuestas ventajas que otorga un mayor Coeficiente Intelectual, porque “en el mejor de los casos ”, el CI contribuye mas o menos, en un 20% a los factores que determinan el éxito en la vida, (personal y/o laboral) con lo que el 80% restante, queda para otras fuerzas.
Cuando observamos el accionar de ciertos ministros y nos enteramos mas en detalle de su formación académica (en particular aquellos que provienen de Expansiva), podemos entender su comportamiento pragmático y en consecuencia, la poca sintonía que tienen con la gente. Lo inquietante es que actúan con una asepsia y tienen un discurso que nos remite a ciertas teorías de la democracia que surgieron el siglo pasado; me refiero concretamente a la de Walter Lippmann, un flamante graduado de Harvard, y gran teórico del pensamiento democrático liberal, para quien el arte revolucionario de ejercer la democracia debe utilizarse para poder “fabricar el consentimiento”, es decir, para obtener la adhesión de los ciudadanos a las medidas que ellos rechazan, gracias a la aplicación adecuada de las nuevas técnicas de propaganda.
Según Lippmann, “ el bien común es una noción que escapa completamente a la opinión publica”. Apoyándose en su teoría respecto a la democracia progresista, Lippmann señala que en una sociedad democrática que funciona bien encontramos diversas categorías de ciudadanos. En primer lugar se encuentran aquellos que deben participar activamente en la gestión de los asuntos de interés. Ellos pertenecen a la clase de LOS ESPECIALISTAS, aquellos que analizan, administran y deciden los planes políticos, económicos e ideológicos. Esta clase representa un muy bajo porcentaje de la población. Todos forman parte de la ELITE que habla y decide lo que debe hacerse con los otros, LOS EXCLUIDOS, es decir, todos los que conformamos la inmensa mayoría de la población, y que Lippmann define como la “manada perdida”. La tarea entonces, consiste en PROTEGERSE contra “las embestidas y rugidos de esta manada perdida”, porque su rol en democracia es aquel de ESPECTADORES, y no de participantes activos.
Sin duda, podríamos decir que el fantasma de Lippmann hace ya un buen tiempo que ronda por nuestro territorio, y como la “manada” chilena es cariñosa y acogedora, el temor de que aun se encuentra entre nosotros, no es infundado.