Primero empezó por mi jardín, alegre, entusiasta y traviesa, pero bueno, se presentó, o deseaba presentarse, no sé, verdad que no lo sé. Luego se fue a otros parques, pero notó que lo que veía no era igual a mi casa. Cambió rumbo, entró a un regimiento y sintió la muerte. Su vuelo se paralizó. Trató de salir, correr, gritar pero fue en vano. Y así su danza se volvió amarga. Intentó pedir asilo, que pronto descartó porque los chacales ya le habían cortado sus alas. Abandonó la idea de la danza y dejó su vuelo en una fosa común.