El inquisidor, ingrediente de la cocina conservadora.
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Puesta online a las 22:35, el 30 de Enero del 2008
El inquisidor, ingrediente de la cocina conservadora.
Por: Omar Cid
Una de las características esenciales de la mentalidad conservadora, es su inagotable vocación inquisidora, las experiencias en el caso chileno son múltiples, desde el hábito de castigar los crímenes contra el Estado, con procedimientos dilucidados en este último tiempo, en sendos informes sobre asesinatos, desaparición y tortura. Sin embargo, el asunto no tiene su espacio únicamente en el ámbito político.
La pluma de Ignacio Valente, gran inquisidor literario en tiempos de dictadura, levantó, dejó caer u ignoró a diestra y siniestra voces de diversas tonalidades, desarrollando con ello una labor severa - por momentos incluso- más importante que las propias obras “si el cura comentaba tu libro” era digno de festejo, aunque te aporreara en su columna mercurial.
Hoy, las cosas no tienen ese tono tan dramático, hombres como el Fiscal Torres o el propio Valente, no son fáciles de igualar, son parte de cierta idiosincrasia autoritaria, alimentada de porotos, en una tarde asoleada y patronal.
Pero nuestros conservadores, no se andan con chicas, y en su cocina doblemente pulida y desinfectada, para evitar los malos olores que se escapan a pesar del esfuerzo, por las cañerías, se preparan un número escaso de fórmulas, tendientes a mantener contentos a los comensales.
Sus maestros de cocina, saben preparar y repartir la tortilla desde tiempos inmemoriales y en su elaboración hay un ingrediente que no olvidan porque resulta tan necesario, como el ajo o la sal, se trata del toque agrio del inquisidor.
La profundidad de su sabor depende del plato que preparen, en tiempos de comidas livianas, un personaje como el diputado Nicolás Monckeberg, cumple su función, al ser instalado como adalid de la transparencia y custodio de los bienes de la patria, en rigor, de los “restos de patria” que todavía pululan, extraviados en el mar de la propiedad privada.
Los nuevos inquisidores, meten su nariz en todos lados, patalean por la pastilla del día después, se alborotan, cuando se cuestiona el lucro en la educación; leen con lupa, el currículo de sus contrincantes, ponen el grito en el cielo por un informativo del gobierno e incluso están dispuestos a perseguir una de las costumbres más arraigadas del chileno “el pituto”.
El senador Larraín, nos habla de esta nueva y peligrosa ideología y de quienes la practican, como si fuera un patrimonio concertacionista, cuando en tiempos de dictadura, hasta para entrar al plan de empleo mínimo, había que tener “santos en la corte”.