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04/02/2008 06:41 Colisión en Lo Espejo / Ruta 5
En la Ruta 5, al norte, antes de Lo Espejo colisionaron un automóvil y una camioneta. El incidente ocupa la primera pista.
Esta mañana, me levanté con ganas de viajar por Chile. Me puse delante el volante de mi coche y pensé que tenía sus diecinueve años. Me sentía chileno en Chile, alegre, cariñoso, corazón de agüelita, como cuando andaba con plata y me transformaba en el viejito pascuero, pagando cazuelas y cañas de tinto a medio mundo, con bailes y besos apasionados con la loca Sandra , y con noches en “hoteles cuatro piojos” como en las películas de Chicago.
En el volante del auto, que nunca tuve, corría por la ruta 5 hacia el norte de lo Espejo. La carrera era loca, el viento cómplice, el semáforo sin tiempos llevándote a correr en la inocencia de un sueño tan güevón como el mío.
Porque viajar por Santiago, era como correr con un autito de tarro de sardina que construía en mi tiempo de niño; tapas de coca cola como ruedas fantasiosas, como joyas que se adquieren en las playas de Chile..., es decir como collar de conchitas, tan valiosas como el juguete de un día de Navidad en el terruño de los niños.
Corriendo por la capital de Chile fui envejeciendo, hoy sé que no tengo mis diecinueve años, aunque hay momentos que quisiera tenerlos, porque dejé plantada a mi polola en la garita de la micro Vivaceta Matadero, en la José María Caro, y decirle que mientras mochileaba por el norte me acordé de ella.
Corro por la ruta 5 y me miro al espejo y veo que tengo una barba blanca, sin tiempos ni anarquismos.
No tengo arrugas, eso noto en el espejo, pero me siento ridículo con la manía de un viejo de volver a ser joven.
Resbalan unos lágrimones - de arrepentimiento-, como cuando dejaba una polola o sino otra me abandonaba.
Ahora acelero para no ver los días de mi pasado, como aquellos, durmiendo en el suelo bajo un escenario destartalado al centro de una plaza de Chuqucamata, obligo a mi coche a romper el día y todos los días de mis noches abandonadas... obligo a carabineros y ambulancias a correr a la ruta 5 porque choqué con una camioneta.
Dudo si debo pagar el coche o la camioneta porque he vuelto a Basel y mi alma derrocha velas y espermas que manchan mi mejillas como llantos que han despertado mis recuerdos en mi vuelta por Chile..., y queda, tatuada la calle de tus pasos; Santiago, aparecido en pesadillas y con las manos contra las murallas de la Moneda que te soban cicatrices y te matan el juguete de tu vida; la juventud y tu infancia.