Puesta online a las 12:07, el 22 de Marzo del 2008
CHANTAL SÉBIRE
Por Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)
Murió Chantal Sébire. La justicia francesa le negó un suicidio asistido por un cáncer incurable y causante de desfiguraciones faciales. La muerte de Chantal puso el punto final a un drama. Este final anunciado ha reabierto el debate de la eutanasia que Francia creía haber cerrado hace tres años.
Las autoridades no dieron detalles el pasado jueves, 20 de marzo, sobre cómo murió, el miércoles por la noche, Chantal Sébire, de 52 años. La ex profesora sufría de un extraño y doloroso tumor nasal que le había privado del paladar, del olfato y de la vista, y abultado de forma desproporcionada sus ojos y nariz y casi toda su cara.
El lunes 17, un tribunal de Dijon le negó a Chantal la ayuda médica que pedía para morir, porque eso violaría el código médico y una ley para poner fin a la vida aprobada en 2005 que permite la “eutanasia pasiva” pero prohíbe el “suicidio asistido”.
Se entiende por “eutanasia pasiva” cuando no se trata o se deja de tratar parcial o totalmente al paciente que padece una enfermedad terminal, con lo cual se precipita el término de la vida; es una muerte por omisión. De acuerdo con Pérez Varela “la eutanasia pasiva puede revestir dos formas: la abstención terapéutica y la suspensión terapéutica. En el primer caso no se inicia el tratamiento y en el segundo se suspende el ya iniciado ya que se considera que más que prolongar el vivir, prolonga el morir”. Debe resaltarse que en este tipo de eutanasia no se abandona en ningún momento al enfermo.
Frente a la “eutanasia pasiva” tenemos la “activa”, la cual consiste en provocar una muerte indolora a petición del afectado cuando se es víctima de enfermedades incurables muy penosas o progresivas y gravemente invalidantes; el caso más frecuentemente mostrado es el cáncer. Se recurre, como se comprende, a substancias especiales mortíferas o a sobredosis de morfina.
Otros nombres dados a la eutanasia son: directa e indirecta (medio hispanohablante); como acción y como omisión -dejar morir- (en el contexto anglosajón), positiva y negativa. Evidentemente los nombres que están en primer lugar se identifican con la “eutanasia activa” y los que se hallan en segundo lugar, con la “eutanasia pasiva”.
No podemos confundir la “eutanasia activa” con el “suicidio asistido”. Éste consiste en proporcionar a una persona, de forma intencional y con conocimientos, los medios o procedimientos, o ambos, necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción de dichos medicamentos letales o su suministro. Se plantea como deseo de extinción de muerte inminente, porque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente desesperanzada
A la eutanasia que se impone sin el consentimiento del afectado se le denomina “cacotanasia”. La palabra apunta hacia una mala muerte (kakós:malo). A la que consiste en dejar morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y extraordinarios se le llama “ortotanasia”. Ésta se ha sustituido en la terminología práctica por “muerte digna”, para centrar el concepto en la condición -“dignidad”- del enfermo terminal y no en la voluntad de morir. La “distanasia” consiste en el “encarnizamiento o ensañamiento terapéutico”, mediante el cual se procura posponer el momento de la muerte recurriendo a cualquier medio artificial, pese a que haya seguridad que no hay opción alguna de regreso a la vida, con el fin de prolongar su vida a toda costa, llegando a la muerte en condiciones inhumanas, aquí se buscan ventajas para los demás, ajenas al verdadero interés del paciente.
El portavoz del Gobierno francés, Luc Chatel, dijo que Jean Leonetti, el diputado del partido UMP del presidente Nicolas Sarkozy, que redactó aquella ley, revisaría el texto en las próximas semanas para ver “si existe ahora la voluntad de ir más lejos que la ley de 2005”, aunque Sarkozy, como político conservador, indicó que no quiere ir más allá de la ley de 2005.
El caso Sébire, muy seguido por los medios de comunicación franceses e internacionales en las últimas semanas, ha provocado peticiones para una nueva ley que permita excepcionalmente y en casos extremos el suicidio asistido. Aunque también muchos políticos han advertido que la legalización de la eutanasia podría acarrear abusos.
El debate de la eutanasia también se produce de forma regular en Francia, donde las encuestas muestran que muchos simpatizan con los pacientes que sufren y buscan una muerte sin dolor pero rechazan la legalización de la eutanasia activa.
La ley de 2005 fue aprobada después de que una madre ayudara a un médico a poner fin a la vida de su hijo que quedó ciego, mudo y paralítico después de un accidente de tráfico y que estuvo luchando dos años y medio por conseguir el amparo legal para una inyección letal.
Leonetti, que también es médico, dijo que la ley de 2005 permite a los médicos sedar a los pacientes terminales y esperar su muerte, pero Sébire insistió en una “eutanasia activa”. Ciertamente Leonetti estuvo desacertado con estas manifestaciones, ya que en el caso Sébire era inviable la “eutanasia pasiva”.
La ministra de Sanidad, Roselyne Bachelot, que se opone a la “eutanasia”, dijo que la legislación de 2005 no se había entendido bien y que debía ser explicada mejor a los médicos y pacientes. La que no la entiende ni bien ni mal es precisamente Roselyne, pues es una de las leyes más claras de comprender.
La eutanasia activa es legal en Holanda, Bélgica, Suiza y Luxemburgo. Los tribunales franceses fallan habitualmente en contra de los médicos que administran medicamentos letales para poner fin a la vida pero a menudo eluden las penas de prisión como un gesto de gracia.