MIENTRAS LA TIERRA DABA VUELTAS EL TRIGO GUARDABA LA SANGRE. Pablo Varas
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Puesta online a las 18:58, el 23 de Marzo del 2008
MIENTRAS LA TIERRA DABA VUELTAS
EL TRIGO GUARDABA LA SANGRE
Pablo Varas
Cuando Patricio Aylwin dijo que se haría justicia en la medida de lo posible, muchos deben haber pensado que pasaría con esos campesinos sencillos, que nunca aparecieron en los diarios, ni revistas ni menos en la televisión, porque estaban preocupados de sembrar la tierra, y que habían sido asesinados de forma brutal, con saña, con odio, pero también con toda la impunidad que les otorgaba la borrachera del poder en esos primeros días con posterioridad al Golpe de Estado 1973.
Después de esos asesinatos, cuando esa sangre manchó la tierra, tal como había sucedido en otros lugares, el mundo siguió dando sus vueltas, marcando el paso de las estaciones y otros continuaron la tarea de preparar el campo para sembrar el trigo. Los recuerdos estaban siempre entre los familiares de las victimas, ellos podían ver en las calles de Osorno a los carabineros que habían disparado contra sus padres, tíos, hermanos, amigos y vecinos. Los asesinos caminaban tranquilos. Sus superiores les habían prometido que nunca les sucedería algo, que aquellos fusilamientos eran parte de la “guerra fría”, de la disputa del mundo entre las dos principales potencias, y claro, los uniformados que apenas juntaban las letras les creyeron a sus superiores y se envalentonaron como les sucede siempre y apretaron el gatillo. El dedo se pone ligero cuando te pasan la mano por el hombro, para decirte que has salvado a la patria.
Si se le hubiera prestado atención a la irresponsable afirmación que hiciera Patricio Aylwin, muchos crímenes habrían quedado impune y los responsables hubieran llegado a sus últimos días, pensado que aquellos sucesos fueron parte de lo cotidiano de “esos días”, que fueron crímenes “necesarios para construir la paz”, ante una patria que corría peligros enormes.
Se equivocaron.
La tierra guardó por demasiado tiempo las manchas de sangre de los inocentes y sencillos campesinos, y de los dirigentes sindicales. Las guardó para que los recuerdos y la memoria no los abandonaran, porque en ciertas circunstancias, la memoria también es traicionera.
Durante muchos años en los archivos que paulatinamente abandonaban el color original, se encontraban las declaraciones de los testigos, las mentiras de los carabineros asesinos, su poca dignidad, negándolo todo, no estando a la altura de lo que debe ser un hombre digno.
Se viene de cerrar una de las más justas páginas de la justicia, esa que no defendió al hombre en sus derechos fundamentales, en los años de la dictadura de las Fuerzas Armadas. Una mujer, Ema Díaz Yévenes, armada sencillamente de la dignidad y del saber hacer bien lo que es justo, procesa y condena a 24 carabineros entre oficiales y suboficiales por asesinar a personas inocentes.
Nada de esto hubiera sido posible sin el trabajo lento, que sumado detalle a detalle permitió conocer una verdad que era un viento de todos los días en la ciudad de Osorno. Los asesinos eran carabineros y las voces que los acusaban estaban en lo cierto, y mantuvieron la verdad desde el primer día de los sangrientos sucesos.
Osorno, una zona donde los terratenientes y latifundistas se armaron para derrocar a un gobierno legítimo en los años setenta, no estarán en estas horas para defender a los victimarios, para pasarles la mano por la espalda. Cerrarán los ricos las cortinas de sus casas para que nadie les vea la cara, que en esos años tenían la risa del cómplice, tan necesario para cometer un delito.
Pueden los familiares de los campesinos asesinados, saber que la justicia y la voluntad de una mujer abocada a Derecho, permitió que la tierra también respire tranquila, pero queda meridianamente claro lo que un ex presidente de Chile, que durante años pasó hermosas vacaciones en “Las Cascadas”, no muy lejos donde se cometieron esos asesinatos, a no muchos kilómetros de donde él tomaba el sol y buscaba razones para entender su tiempo, posiblemente, es por eso sin duda que dijera, de hacer justicia en la “medida de lo posible”.
Ese ciudadano que asumió el cargo de presidente, el mismo lugar que ocupó Salvador Allende, debe y se hace necesario que de una disculpa, que abarque sus días y meses, también anteriores los del golpe de estado de 1973.
Se reitera una vez más, siempre dijimos la verdad en este caso y cuanta razón se tenía para apuntar con el dedo a los asesinos, que vestían uniforme de carabineros.