La incertidumbre llevará a un reordenamiento global.Por Eric Le Boucher
Hemos ingresado al mundo de las incertidumbres. ¿Hasta qué precio subirá el petróleo? ¿Hasta dónde caerá del dólar? ¿Cuándo se detendrá la crisis financiera? ¿Recesión en los EEUU, en Francia? Cada semana los pronósticos son desbaratados. Una negra mecánica de crisis está en marcha y parece que fuera imposible detenerla. ...
Puesta online a las 19:22, el 23 de Marzo del 2008
Por Eric Le Boucher
La incertidumbre llevará a un reordenamiento global
Los tres golpes a la economía
Hemos ingresado al mundo de las incertidumbres. ¿Hasta qué precio subirá el petróleo? ¿Hasta dónde caerá del dólar? ¿Cuándo se detendrá la crisis financiera? ¿Recesión en los EEUU, en Francia? Cada semana los pronósticos son desbaratados. Una negra mecánica de crisis está en marcha y parece que fuera imposible detenerla.
Es que padecemos los golpes de un gran triple choque cuya amplitud y consecuencias son aún difíciles de medir. Pere sí se sabe que desestabilizan en profundidad el sistema financiero mundial.
El primer choque es el cambio de balanza del mundo desde el Oeste hacia el Este. El motor único estadounidense está agotado, China y Asia toman el relevo. El segundo choque es consecuencia del primero: la sed china por materias primas hace explotar sus precios y provoca el retorno de la inflación, muerta hace treinta años. El tercer choque es la crisis financiera que se prolonga, se amplifica, y desemboca en el fin del crédito fácil, demasiado fácil.
El primer choque no tiene equivalente, salvo el paso de la supremacía de Europa a los Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial. El segundo se parece a la crisis llamada del "petróleo" de los años 70. Para el último, la comparación oscila entre la Gran Depresión de los años 30 y las crisis, más limitadas, del siglo XIX o aquellas, más cercanas, de los años 80. El conjunto posee, en todo caso, una amplitud inédita: bum, bum, bum, los tres choques llegan juntos y en concierto.
La Reserva Federal (el Banco Central de EEUU) es señalada con el dedo por haber estado en el origen de los males del dinero fácil. El "mago" Alan Greenspan, ayer adulado, impuso tasas de interés muy bajas para fomentar el crecimiento, pero cuyo resultado fue inflar burbujas. Los estadounidenses pudieron endeudarse por poco dinero para comprar sus hogares o consumir cada día más. Las importaciones subieron como una flecha, el déficit comercial creció y creció, el dólar comenzó a debilitarse.
Los EEUU poseen otros atributos "fundamentales" aún envidiables: ganancias de productividad, high-tech, inmigración... pero su modelo de un crecimiento acelerado por el endeudamiento se desbocó con la burbuja inmobiliaria. La casa recién comprada subía y subía de valor, lo que permitía refinanciarse y volver a solicitar préstamos. Los organismos de crédito inventaron los subprimes para convencer a los que no tenían medios de que ellos también podían, con este sistema, volverse propietarios. Hasta el día en que, después de una ganancia de 80 por ciento entre 2000 y 2006, los precios se estancaron, forzando a la quiebra a los deudores y a las instituciones acreedores.
La crisis de los subprimes es la de los excesos del endeudamiento. El modelo del crecimiento estadounidense tendrá que cambiar: el regreso al ahorro disminuirá el consumo, la caída del dólar podría permitirle a las exportaciones tomar en parte el relevo. ¿Cómo? ¿Con cuál amplitud? Es demasiado temprano para saberlo.
En todo caso, el déficit estadounidense tiene su lado contrapuesto simétrico: el excedente asiático. China se ha convertido en el taller de los EEUU y luego, al acumular las reservas monetarias, en su acreedor. El tamaño de las economías en desarrollo creció en forma vertiginosa: pesan 50 por ciento del PIB mundial (en paridad de poder de compra). La mitad de la producción mundial de cerdo es tragada por el "dragón", lo mismo para el cemento y un tercio del acero. Su consumo de petróleo se triplicará de aquí a 2030. De ahí el aumento descontrolado de los precios de la energía, de los metales, de los productos alimentarios.
Ahora, los alimentos y la energía costarán más caro y por mucho tiempo. Estamos viviendo el fin de treinta años de tendencia a la baja. ¿Significa esto el renacimiento del espectro de la inflación? Probablemente no, aunque es demasiado temprano para estar totalmente seguros. En lo inmediato, los precios elevados van a recortar el poder de compra, ralentizar el consumo y el crecimiento.
¿En qué medida los países en desarrollo son lo suficientemente autónomos para resistir la caída de la economía estadounidense, de ahora en adelante al borde de la recesión? El "desacoplamiento" de Este respecto del Oeste es una de las mayores incertidumbres.
Queda la crisis financiera. La caída, esta semana, del fondo de inversión del gigante estadounidense Carlyle, muestra que es todo menos que circunscrita. Esta crisis tiene como elemento nuevo el que no se focaliza en un país o en un banco, sino que afecta a la construcción sui generis del planeta financiero. ¿Es a causa de las (demasiado) bajas tasas de interés de la FED o de la excesiva inventiva de los genios de las matemáticas? En todo caso, los bancos, y sobre todo los otros organismos, han vendido y revendido frágiles emisiones de nuevos "productos" financieros, ignorando sus riesgos. Las reglamentaciones que forzaban a sacar esos productos de los balances causaron el crimen, mientras que la obligación de valorizar diariamente precipitó las pérdidas. En fin, hay muchas cosas que hay que reexaminar en el mundo de las hiperfinanzas y, mientras tanto, grande es el temor de nuevas pérdidas, de quiebras y de un racionamiento del crédito tras los años de excesos.
Los tres choques son los que crean la incertidumbre a corto plazo. En el largo, no son sólo negativos y debieran parir una nueva economía: un crecimiento multipolar, una investigación y desarrollo energético y agrícola, unas finanzas más tranquilas y ordenadas. Pero los partos son siempre dolorosos y angustiantes.