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Lázaros presidenciales Por Rafael Luís Gumucio Rivas

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Puesta online a las 21:36, el 15 de Mayo del 2008


Lázaros presidenciales

Tanto en religión como en política la muerta no es definitiva, puesto que siempre existe la resurrección. Los evangelios nos relatan el caso de Lázaro - hermano de Marta y María – que volvió a la vida con la sola palabra de Jesús: “…levántate y anda”. Nada sabemos cómo aprovechó esta segunda oportunidad el bueno de Lázaro. En política podemos afirmar, con seguridad, que las resurrecciones presidenciales han servido de poco para corregir errores cometidos en el período anterior, pero como dice El Quijote “nunca segundas partes han sido buenas”.

El cargo de primer funcionario de la república es tan adictivo como la droga: una vez que se prueba es imposible prescindir de ella. Por esencia, la presidencia es oligárquica y nepotista - en nuestro país siempre han existido verdaderas familias feudales, que se han repartido el poder como parcelas de su propiedad - los Montt tuvieron tres presidentes, Manuel, Jorge y Pedro; los Pinto dos, Francisco Antonio y Aníbal; los Errázuriz, dos Federicos; los Alessandri, Arturo y Jorge; losa Frei, dos Eduardos. En esta lista familiar omito a los parientes –como es el caso de Germán Riesco, cuñado de Federico Errázuriz-; quizás, la única excepción a estas dinastías familiares sea Michelle Bachelet, una mujer que surgió como un relámpago en este país de castas familiares.

El primer Lázaro que incluiré en este relato fue don Arturo Alessandri que, según mi abuelo Rafael Luís Gumucio, consideraba al país como su propio fundo. Su primera presidencia fue bastante accidentada: la oligarquía, en el senado, que el llamaba “la canalla dorada”, le planteó una guerra a muerte, que terminó con el famoso “ruido de sables”, en septiembre de 1924 y lo envió al exilio en Italia –tierra de sus antepasados- posteriormente fue repuesto por un golpe militar, dirigido por Ibáñez y Grove y, finalmente, nuevamente sacado de La Moneda por el Carlos Ibáñez. El León de Tarapacá, drogado por el amor al poder, volvió a intentar reconquistarlo como candidato contra Juan Esteban Montero, en 1931, siendo derrotado; en 1932 logró triunfar, reiniciando una segunda vida en la Casa donde tanto se sufre; esta vez gobernó con sus enemigos de antaño –liberales y conservadores- aplicando una política represiva contra la izquierda y un manejo económico de derecha especulativa, llevada a cabo por su ministro Gustavo Ross. Su segunda vida terminó muy mal, pues fue responsabilizado de la “matanza del Seguro Obrero”, acto que dio lugar a una acusación constitucional, rechazada por la derecha. Como la candidatura presidencial es una adicción, don Arturo intentó repetir la hazaña en 1946, pero los liberales eligieron a su hijo Fernando. El León decía a sus camaradas “acaso este niño no tiene padre”.

El segundo Lázaro fue Carlos Ibáñez del Campo. Durante su primera presidencia quiso construir un Chile nuevo, aplicando el “termocauterio por arriba y por abajo”, es decir, desterrar a los oligarcas y apresar y relegar a los comunistas. La crisis de 1931 y la rebelión de los estudiantes universitarios terminó por obligarlo a renunciar y exiliarse en Buenos Aires; a diferencia de Pinochet, don Carlos no era un ladrón y vivió muy pobre el exilio en Argentina. En 1938 volvió a presentarse como candidato presidencial, pero se retiró a raíz de “la matanza del Seguro Obrero”, apoyando a don Pedro Aguirre Cerda. En 1942 fue candidato presidencial de liberales y conservados –sus antiguos enemigos- y sólo en 1952 fue elegido como “el general de la esperanza”, con el 46.8% (446.439 mil votos). Llevó a cabo un gobierno deslucido y con muy poco apoyo político. Don Carlos, a sus ochenta años ya chocheaba y sus partidarios tenían que interpretar sus silencios, atribuyéndolos a una gran macuquería e inteligencia. Quizás lo único que dejó fue la derogación de la Ley Maldita y la Ley Electoral, que instauró la cédula única, eliminando así el cohecho.

A estas alturas del relato de nuestros preclaros Lázaros, el lector podrá comprobar que esto de la resurrección, en un segundo período, a la presidencia de república, es mas bien catastrófico, y mucho es dejar buen recuerdo de su gestión después de su mandato, como ocurrió con Balmaceda y Allende.

En el mercado de los candidatos presidenciales actuales nuevamente hay dos Lázaros: Eduardo Frei Ruiz-Tagle, por la Democracia Cristiana, y Ricardo Lagos Escobar, por el PPD y el PS. Eduardo Frei Ruiz-Tagle, un ingeniero hidráulico y ex empresario, ha hecho una meteórica carrera política a la sombra de la memoria de su ilustre padre: senador por Santiago, con la primera mayoría, presidente del partido, presidente de la república –con más de 4.000.000 de sufragios- posteriormente, senador sin competidores, en la Décima Región, presidente del senado y, actualmente, presidente de la Comisión de Hacienda. En su primer período presidencial hablaba con monosílabos y un acento un poco “aguazado”, el cual no faltaban los seseos; al igual que don Arturo Alessandri, tenía un grupo de amigos que los periodistas llamaban siúticamente “la troika”: el cientista político Genero Arriagada, su íntimo amigo Edmundo Pérez Yoma – actual ministro del Interior- y Carlos Figueroa, ahora presidente del tribunal supremo del partido. Las cifras macroeconómicas marchaban bien, en manos de Eduardo Aninat, actualmente presidente de la asociación de Isapres; su gobierno se llamaba moderno y empresarial y no importó mucho el tema de los derechos humanos, pues nunca recibió en su despacho a los familiares de detenidos desaparecidos. Como a Carlos Ibáñez, había que interpretar sus monosílabos –baste preguntar a Germán Correa, a Víctor Manuel Rebolledo, a Sergio Molina, entre otros, que fueron defenestrados después de un lindo “paseo en bandeja”, en la parado militar de un 19 de septiembre.

Eduardo Frei terminó muy mal su período. Después de que el ministro Aninat afirmara que la crisis asiática no tocaría a Chile, terminó provocándole una catástrofe económica – el crecimiento fue de -1 y las tasas de interés terminaron de aniquilar a las Pymes y a otros deudores bancarios-. En el plano de derechos humanos, Eduardo Frei Salvó al hijo de Pinochet, invocando la famosa “razón de Estado”, que es propia de las monarquías absolutas; presionó a los diputados de su partido para que votaran en contra de la acusación constitucional en contra del comandante en jefe del ejército, Augusto Pinochet y, por último, lo salvó de una segura condena de los tribunales españoles.

Los chilenos, a veces, cuentan con una gran capacidad de olvido: después de una cirugía, practicada en una clínica de Santiago, Lázaro Eduardo Frei reaparece como un hombre muy distinto al que gobernó Chile durante seis años, pues ahora sus monosílabos han sido reemplazados por largos, inteligentes y elocuentes discursos, incluso, apela al sentido común cuando plantea, por ejemplo, nacionalizar el Transantiago, en vez de regar el dinero del Estado a los grandes bancos y empresas de transporte; dicen las malas lenguas que tiene un plan completo para hacer revivir la alicaída economía chilena. Como ingeniero hidráulico, acaba de plantear un fórmula para enfrentar la crisis energética, privilegiando la hidroelectricidad en Aysén y las plantas nucleares en el norte del país; a don Eduardo poco le preocupan las objeciones de los ambientalistas.

Respecto a su partido, hoy en una importante crisis Terminal, Eduardo Frei es rotundo: dice que no es ni “chicha, ni limonada”, que es necesario que los candidatos presidenciales sean proclamados después de las elecciones municipales, en base a primarias, donde voten todos los militantes, ideas que no carecen de sentido común; incluso, Eduardo Frei ha logrado acortar las distancias en las preferencias partidarias con respecto a Soledad Alvear, que cada día se aleja más del apoyo popular.

Ricardo Lagos Escobar es el segundo Lázaro candidato presidencial. Lagos ha sido comparado con Luís XIV, con el pulento, con el “capitán Planeta”, con Julio César, con Narciso y con tantos otros personajes asertivos, autoritarios y con gran poder carismático frente a las masas. Es cierto que a la mayoría de los chilenos les gusta los padres dominantes y, en este sentido, la personalidad de Lagos calza bien. En la primera parte de su gobierno tuvo muchas dificultades por los escándalos de los funcionarios de la Concertación, además de la herencia económica de Eduardo Frei, pero en su segunda parte todo mejoró: el precio del cobre se fue a las nubes y las inversiones extranjeras crecieron y, Ricardo Lagos se transformó en San Expedito de los empresarios. La Casa de Piedra –lugar donde reside el verdadero poder en Chile- los empresarios lo acogían con aclamaciones y sonrisas de aceptación. Era el perfecto presidente socialista para llevar una política neoliberal; Ricardo Lagos quería ser algo así como el “gran ingeniero de la república”, un presidente creador de un riquísima red de carreteras, ferrocarriles, puertos, puentes, transporte pública moderno – como el Transantiago- y otros; Pienso que es uno de los pocos presidentes vivos que termina su período con el apoyo del 70% de los chilenos y con la unanimidad de la prensa monopólica, financiada por los gobiernos de la Concertación, pero que mantienen su línea editorial de derecha.

A diferencia de Eduardo Frei, Ricardo Lagos mantuvo el silencio durante la primera parte del gobierno de su sucesora, Michelle Bachelet, ocupando cargos internacionales, sin embargo, los mismos derechistas que lo aclamaban terminaron vilipendiándolo y acusándolo de cuantos escándalos explotaron luego de su expiración del mandato: es el culpable de los errores del Transantiago, de Ferrocarriles del Estado, de ChileDeportes, entre otros. Claro que es evidente que quieren sacarlo del medio, pues temen que venza a su candidato Sebastián Piñera.

La verdad es que no sé el destino de estos nuevos Lázaros, pero es muy posible que fracasen en su intento, sin embargo, como lo hemos probado a lo largo de este trabajo, los segundos períodos presidenciales no han sido nunca favorables para el país.

Rafael Luís Gumucio Rivas
Chileinforma.com





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