Puesta online a las 21:39, el 06 de Junio del 2008
EXPORTACIÓN DE SEMEN
Por Carlos Benítez Villodres
Es evidente que el hombre, aunque lleva unos 600.000 años sobre nuestro planeta, es protagonista, en esta época nuestra, de ciertos hechos o actividades que nos asombran por el impacto sorprendente que producen en la sociedad de los albores del siglo XXI.
En España, una institución de infertilidad abrió un servicio en Internet para exportar muestras de semen de distintas características para inseminación artificial. Una mujer que quiere ser fecundada artificialmente puede elegir, “a la carta”, el semen de un hombre según las características que desee, es decir, con ojos claros u oscuros, con piel morena o blanca, con el pelo ondulado o liso, estatura alta o baja, etc. Una vez informada de los elementos que aparecen en la “carta”, podrá, pues, seleccionar un perfil entre los donantes que componen dicho listado. Todos ellos catalogados según su color de piel, ojos, talla, peso, grupo y tipo sanguíneo, etnia…, e identificados por un código.
Los donantes han de ser mayores de edad y que no hayan superado los 50 años. Sanos física y psíquicamente. Sin antecedentes familiares ni personales de enfermedad crónica o grave que pueda afectar a la descendencia y sin antecedentes de anomalías congénitas en su familia. Se realiza una investigación del cariotipo, grupo sanguíneo y Rh; y una serología para detectar lúes, hepatitis B y C y VIH. El semen se almacenará 6 meses al cabo de los cuales se repetirá la serología y, si es negativa, se puede usar. Si aparecieran patologías en los hijos conseguidos o se han conseguido ya 6 hijos, se debe retirar del banco el semen del donante.
En nuestro país, la Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida (Ley 14/2006, de 26 de mayo) prohíbe seleccionar las características de los padres biológicos incluso en los tratamientos de infertilidad. Son los centros de reproducción asistida quienes, en función del aspecto de los padres, eligen al donante más adecuado. Por lo tanto, El donante no puede conocer a la mujer o mujeres a inseminar, ni la pareja (o mujer) al donante. Este anonimato se extiende al hijo, que no debe conocer a su padre biológico.
Según ciertas mujeres, esta información es insuficiente para elegir unos genes para su hijo. Conocer personalmente al donante, aunque fuese durante un breve espacio de tiempo, le permitiría observar ciertos aspectos no objetivos, que pueden ser mucho más importantes que los que se pueden obtener de la ficha del donante, como el carácter, la personalidad, el sentido del humor o el lenguaje corporal y verbal. Sin embargo, en otros países como Bélgica, Brasil, Panamá y Suiza, no existe impedimento alguno. Dentro de la Unión Europea, España y Grecia son los países más permisivos respecto a la reproducción asistida; los menos, Alemania, Austria y Noruega.
Si el donante llegara a conocer a la futura madre, éste tendría obligaciones legales a favor del hijo, como la herencia o el derecho de éste a conocer al padre. Se han dado sentencias de acuerdos privados, que han resultado nulos y muy posiblemente todos los acuerdos de este tipo lo serán hasta que se cambie la legislación.
Una pareja de lesbianas acordó con un donante que usaría su semen para tener un hijo. La relación entre las dos mujeres no funcionó. Se separaron y el donante se vio obligado a contribuir económicamente al cuidado del niño.
En otro caso una mujer guardo en el congelador un preservativo que contenía esperma de su pareja. Consiguió tener un hijo a pesar de que el “donante” no quería tenerlos. También en este caso la pareja se separó legalmente. En estos casos y en otros, como no hay legislación que los contemple, siempre se protege el beneficio del menor y los donantes acaban contrayendo obligaciones imprevistas.
Desde que puso en marcha este servicio en España, la institución a la que me referí en un parágrafo anterior, ésta hizo 250 envíos de muestras en tan sólo 7 meses a los países en los que no hay ninguna traba legal. Cada envío de semen conservado en hielo seco, cuesta 175 euros, si va destinado a algún tratamiento de fecundación in vitro, y 250 euros, si se trata de una inseminación artificial, técnica que exige más esperma. Bancos internacionales de semen ya existen hace años en otros países como Estados Unidos y Dinamarca.
El caso no es estar en contra o a favor de este tipo de servicio. Hay que respetar los avances científicos. Sin embargo, que se seleccione el color de un vestido que quieras vestir, o el tipo de comida que desees comer, o el coche que quieras conducir, me parece algo comprensible. Pero elegir el aspecto del futuro bebé que tendrás, el color de su piel, de su pelo, si ojos achinados o almendrados, me parece demasiada selección. A este paso, ¿qué tipo de sociedad estamos creando? ¿Qué tipo de valores estamos viviendo? Si continuamos por este camino globalizado y materialista, relativista y amoral…, ¿hacia dónde marchamos? Y lo que es aún peor…, ¿hacia dónde encaminamos a nuestros hijos? Ahora a meditar lo leído.