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Viera-Gallo: “El proyecto de Allende tenía más fuerza en su formulación teórica que en su realización práctica”

El hoy ministro secretario general de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, militaba en el MAPU en 1970 y ocupó el cargo de subsecretario de Justicia –con cuatro distintos ministros- entre el 3 de noviembre, cuando asumió la Presidencia Salvador Allende, hasta fines de 1972, al renunciar para ser candidato a diputado por el Primer Distrito de Santiago, propósito que en todo caso Viera-Gallo no consiguió. En esta entrevista, el hoy dirigente socialista analiza al líder de la Unidad Popular...


Puesta online a las 22:53, el 28 de Junio del 2008


Por Rafael Fuentealba / Lanacion.cl

Viera-Gallo: “El proyecto de Allende tenía más fuerza en su formulación teórica que en su realización práctica”
El hoy ministro secretario general de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, militaba en el MAPU en 1970 y ocupó el cargo de subsecretario de Justicia –con cuatro distintos ministros- entre el 3 de noviembre, cuando asumió la Presidencia Salvador Allende, hasta fines de 1972, al renunciar para ser candidato a diputado por el Primer Distrito de Santiago, propósito que en todo caso Viera-Gallo no consiguió. En esta entrevista, el hoy dirigente socialista analiza al líder de la Unidad Popular a los cien años de su nacimiento.










-¿Cómo llegó usted al nivel de subsecretario?

-Recibí un llamado telefónico, no de él, sino que de alguna persona por él. Yo era abogado y militante del MAPU. Si bien al Presidente Allende no lo conocía personalmente, la familia de mi padre conocía bien a su familia, de Valparaíso, de la época de su juventud. Mi padre había estado en el Instituto Nacional con él. Se conocían, pero eran de ideas muy distintas.

-¿Qué cupos correspondían al MAPU?

-Al MAPU le correspondían dos subsecretarías y nombraron a Óscar Guillermo Garretón en Economía y a mí en Justicia.

-Con todo, un subsecretario no tiene habitualmente mucho contacto con el Presidente.

-No crea, teníamos mucha comunicación, porque en el antiguo sistema los subsecretarios llevábamos los decretos para la firma del Presidente. Eso ocurría al menos dos veces por semana, creo que era miércoles y viernes. Además, mi caso era especial, porque entrábamos de seis, yo asistía a la firma de los otros cinco y cuando yo firmaba, ya no había nadie más.

-Podían hablar más

-Por esas cosas de la vida, él me tomó afecto y yo también a él. Tuve una relación bastante estrecha, más que la que podría pensarse de una relación, digamos “burocrática”, entre un Presidente y un subsecretario.

-¿Cómo era Allende con usted?

-Lo recuerdo como una persona muy inteligente, muy consciente de los problemas del país, muy trabajador, muy simpático, con un muy sentido del humor, con mucha capacidad política y muy acogedor. Pero, claro, al Presidente le tocó dirigir el país en un momento particularmente tenso de Chile y el mundo. La década del ’70 en todo el mundo fue turbulenta. La guerra fría causó mucha tensión, lo que influyó mucho en su propio Gobierno.

Relación con el MAPU

-¿Qué percepción tenía él sobre el MAPU?

-Él entendía poco que hubiera un partido que surgía a raíz de las tomas en las universidades y que venía de un mundo cristiano, pero que era un partido bastante radicalizado.

-Se ha escrito que cuando el secretario general del MAPU, Rodrigo Ambrosio, le ofreció a Allende una nueva vanguardia marxista-leninista, éste le contestó que él prefería ampliar su base, porque ya contaba con dos partidos que se definían así.

-Yo creo que Allende tenía toda la razón desde el punto de vista de la lógica política. El problema es que el proceso social que se vivía era muy vertiginoso. Las personas que en ese momento nos apartamos de la Democracia Cristiana aunque yo nunca fui militante, sino del entorno- hacia una alianza con la izquierda lo hicimos para hacer cambios muy profundos. Si no era para eso, mejor nos quedábamos en la DC. Ésa era la lógica.

-También se debatió en el MAPU si entrar o no a la Unidad Popular.

-Dentro del propio MAPU también había tensiones. Hubo un grupo que nunca fue partidario de entrar a la Unidad Popular, que le parecía que la UP era un proceso reformista y quería un frente de trabajadores, estudiantes y campesinos. Pero la mayoría nos inclinamos por la UP, pero en ésta también había diferencias, las que se manifestaron en la división del MAPU.

-¿Es cierto que incluso dentro del MAPU partidario de ingresar a la Unidad Popular Allende no era quien tenía más apoyo, que hasta había más entusiasmo con una candidatura del senador socialista Aniceto Rodríguez?

-Así es. Se veía a Allende como a una figura de la izquierda tradicional, que había sido ya tres veces candidato presidencial. Algunos lo criticaban por socialdemócrata; parecía que una persona con su trayectoria no podía encarnar este proceso político, cultural y social nuevo, que en el caso del MAPU venía de la radicalización del movimiento estudiantil y campesino heredado de la reforma agraria de Eduardo Frei. Eso mismo demostraba nuestra propia inexperiencia política -éramos todos muy jóvenes- y ese diálogo con Ambrosio es verdad. Pero con el tiempo ellos establecieron una buena relación política.

-¿Algún ejemplo de ello?

-Yo quiero señalar que muchos luchamos porque el proceso se encaminara dentro del marco de la legalidad. Así, por ejemplo, luchamos porque hubiera un proyecto de ley que estableciera las tres áreas de la economía, que era la piedra angular del programa de Salvador Allende. Ésa era una idea que había propuesto Alberto Baltra, profesor de economía radical, que después pasó a la oposición. Se hizo el proyecto, aunque no era fácil delimitar qué sectores debían quedar en el sector estatal, cuáles en el privado y cuál iba a ser su relación. Esto en un ambiente muy ideologizado. Quien redactó el primer borrador del mensaje de esa ley fue Rodrigo Ambrosio. Se mandó ese proyecto de ley y a los pocos días él murió. Esto demuestra que él fue aproximándose a una visión más, entre comillas, “allendista” del proceso de la UP.

-Además, había en ustedes una mirada crítica al Allende que consideraban “burgués” y “parlamentarista”.

-Nosotros éramos muy jóvenes. La generación de Allende, que tenía 60 años y algo e incluso la generación más joven, la de Clodomiro Almeyda, que tenía 50 y algo- nos parecía muy antigua, de un mundo casi del pasado. No fue fácil el diálogo, porque, claro, Allende venía de las luchas populares y electorales de los años ’30 y para nosotros eso era historia. Nosotros habíamos nacido a la vida política en parte con la elección de Frei, pero sobre todo y fuertemente con el movimiento universitario de 1967.

La división de la UP

-¿Allende intervino en la división del MAPU en 1973?

-El quiebre del MAPU refleja una tensión más fuerte que había dentro de la Unidad Popular. El MAPU es como un laboratorio de lo que pasa entre los grandes partidos. Parte de eso ya se había reflejado antes en la división del Partido Radical y el Partido de Izquierda Radical, que dirigía Luis Bossay y que después se fue del Gobierno. En el caso del MAPU, los dos siguen en el Gobierno hasta el final.

-Considerando su pensamiento, ¿Allende estuvo más con el MAPU-Gazmuri?

-Es difícil dar una visión objetiva, pero obviamente pienso que Allende se inclinaba más por la posición del MAPU que dirigía Jaime Gazmuri, más allá de simpatías personales. Pero él nunca quiso inclinar la balanza, porque si él inclinaba la balanza, es muy probable que se hubiera dividido el Partido Socialista.

-En su libro de memorias, el hoy senador Gazmuri dice que el quiebre del MAPU debía ser seguido por una acción similar en el PS que encabezaría Clodomiro Almeyda.

-Había un acuerdo con Clodomiro Almeyda. Nosotros veíamos un grave problema, en el sentido que la coalición tenía una división de mirada política estratégica muy profunda, que se tradujo en la tensión máxima entre la directiva comunista y la socialista. Esto en un país que entraba en crisis, en un cuadro internacional adverso al proceso político chileno, con una derecha que se unificaba y lograba atraer a la Democracia Cristiana. ¿Cómo resolver este problema? No pocos pensábamos que la forma era que el Presidente optara por una línea. Obviamente la línea de él era más la línea de la directiva del PC, del PR, del MOC y de una parte del PS.

-Pero Allende no optó.

-Por razones que los historiadores podrán describir hasta la saciedad, nadie podrá saber la verdad profunda, él no quiso producir esa definición, que era un quiebre, una ruptura. El final lógico de esa ruptura era que ese bloque llegaba a un acuerdo con la Democracia Cristiana.

-Luego está el diálogo con Patricio Aylwin avalado por el cardenal Raúl Silva Henríquez.

-Ahí la solución ya era mínima.

-¿La DC hubiese entrado al Gobierno?

-No se iba a incorporar jamás la Democracia Cristiana en el mismo proyecto en que estuviera la directiva socialista. Eso era imposible. La definición suponía un cambio de rumbo del proceso político chileno. ¿Cuál es la paradoja política tan difícil de entender? Que ese cambio en un sentido más reformista lo encabezaba el Partido Comunista, lo que hacía extremadamente difícil que pudiera ocurrir. Una alianza en ese contexto internacional entre el PC y la DC era algo casi impensable.

-¿Allende lo intuía?

-Por eso es que tal vez Allende no lo hizo Yo considero que él inmoló su vida por un proyecto político que tenía más fuerza en su formulación teórica que en su realización práctica. Si no hubiera habido golpe de Estado, la UP habría entrado en una crisis interna sin retorno.

-¿Ni siquiera con el plebiscito a que se convocaría?

-Ni siquiera con plebiscito. Imaginemos que la oposición hubiera dicho “yo voy a mirar y no llamemos a los militares”, la situación interna de la propia UP era imposible. La situación económica era muy difícil y las recetas para enfrentarla eran contradictorias. Esto, además, reflejaba contradicciones muy profundas de estrategias mundiales de la izquierda: la de la Unión Soviética, la cubana y la de izquierda europea occidental.

Las lecciones del proyecto

-¿Usted podría trazar una comparación entre el Allende que casi gana en 1958 y el de 1970?

-Tendría que hacer un paralelo que no estoy en condiciones de hacer, pero estoy convencido de que si Allende hubiera sido Presidente el ’58, habría sido bastante diferente. No por él, sino porque las condiciones que se daban eran muy distintas. Habría sido algo más parecido al Frente Popular.

-Entonces, ¿sobre qué bases era factible de realizar el programa de la Unidad Popular?

-Esa pregunta me la hecho tantas veces Creo que la única posibilidad es que se hubiese producido un encuentro muy profundo entre la Democracia Cristiana y la izquierda antes de la elección o recién pasada ésta.

-¿Hubo alguna posibilidad para que ocurriera?

-Recién pasada la elección yo creo que la hubo. Radomiro Tomic siempre habla de que había una posibilidad Se produjo una elección complementaria en Valparaíso y lo que habría cambiado la situación es si la UP hubiese apoyado a un candidato democratacristiano Pero, claro, ya se había producido la ruptura de la DC, había habido un Gobierno de Frei con una oposición bastante dura de la izquierda. Bueno, lo que estoy hablando tiene algo de política ficción.

-¿Allende habrá querido un entendimiento así?

-El Presidente Allende se dio cuenta, yo creo que a poco andar, que para cumplir su programa tenía que ampliar su frente político. Él hizo esfuerzos serios y sinceros para ampliar su mundo hacia la Democracia Cristiana. Se topó con obstáculos insalvables, algunos subjetivos, de personas, y otros objetivos, como esto que yo señalo de la presencia del Partido Comunista tan importante. Pero siempre estuvo en el aire la posibilidad al menos de un modus vivendi democratacristiano-UP que hubiera aislado a la derecha. Pero había otros que pensaban que el camino era radicalizar el proceso, unirse al MIR, y eso producía que la DC se uniera con la derecha y se creara un cuadro de mucha tensión.

-¿Qué queda de Allende?

-Lo interesante de la UP, a pesar de todo, es que sembró una idea válida, la idea de que cambios sociales profundos hay que hacerlos en libertad. Esto fue lo que entusiasmó al mundo y fue lo que al final señala que la experiencia de la UP y la figura de Allende no son en vano. Lo que queda de él es este gran legado de decir: mire, caído el Muro de Berlín, terminada en fracaso la experiencia comunista, acabada la experiencia clásica de la socialdemocracia, hay un camino de reformas posibles, fuerte, progresivo, pero con grandes alianzas políticas, con un bloque histórico de fuerzas sociales muy amplio. Eso al final ha sido la Concertación. Ésta nace del fracaso de la UP y también de la intuición de Allende, que habló de un segundo camino para el socialismo, que ya no era el camino de la Revolución Bolchevique o la Revolución Cubana.






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