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Allende ...¿Cuándo despejaremos las grandes alamedas de los retenes que nos impone la realidad que vivimos? ¿De las barricad

...


Puesta online a las 9:05, el 01 de Julio del 2008


Allende ...¿Cuándo despejaremos las grandes alamedas de los retenes que nos impone la realidad que vivimos? ¿De las barricad
Su legado es la promesa de que "más allá" se encuentra el socialismo. Más allá de una barrera colosal se encuentra una economía más justa e igualitaria, una ciudadanía más plena e intensa, una vida más libre: libre del yugo del poder en todas sus formas, libre de la tiranía del apetito, libre de la esclavitud de la envidia, libre de la predestinación del origen social. Más allá se encuentran las utopías. Tan lejos que apenas las vislumbramos con los ojos entrecerrados. Apenas logramos distinguir



Puesta online a las 12:12, el 29 de Junio del 2008



Por Óscar Landerretche M.* / La Nación Domingo
No sé si me explico

Allende
¿Cuándo despejaremos las grandes alamedas de los retenes que nos impone la realidad que vivimos? ¿De las barricadas que nos coloca nuestro pragmatismo, nuestra poca creatividad técnica, nuestra falta de arrojo político? ¿Cuándo? Allende, compañeros… Allende.










Los romanos decían "nomen est omen", el destino está en el nombre, al referirse a las tragedias de algunas estirpes condenadas a jugar roles en la repetitiva política oligárquica de la república romana. En algunas culturas primitivas se pensaba que conocer el nombre de algo otorgaba poder sobre ello o que pronunciar el nombre podía invocarlo. El dios hebreo no tiene nombre. Si lo tienen los demonios del antiguo testamento y los hombres. Como si el nombre fuera una certificación de un carácter imperfecto, terrenal y trágico.

Allende significa "de la parte de más allá", como cuando decimos "Allende los Andes" para referirnos a Argentina. Para mí, el legado de Allende y su destino están marcados en su nombre.

Su legado es la promesa de que "más allá" se encuentra el socialismo. Más allá de una barrera colosal se encuentra una economía más justa e igualitaria, una ciudadanía más plena e intensa, una vida más libre: libre del yugo del poder en todas sus formas, libre de la tiranía del apetito, libre de la esclavitud de la envidia, libre de la predestinación del origen social. Más allá se encuentran las utopías. Tan lejos que apenas las vislumbramos con los ojos entrecerrados. Apenas logramos distinguir sus formas borrosas y no somos capaces de describirlas. Solamente somos capaces de decir que se encuentran "más allá", en una cierta dirección. Solamente somos capaces de decir que se encuentran allende.

Todos somos prisioneros de nuestros tiempos. Y Allende lo fue. A él le tocó la Guerra Fría, la masiva incorporación del pueblo a la democracia electoral, el fin de las formas más feudales de explotación en el campo, la violenta urbanización de nuestro país. Con el beneficio de la distancia uno, sentado en un mullido sofá, comenta los errores suyos y de su gobierno. Ese es el lujo que debemos a quienes sacrificaron sus vidas, o murieron en un silencioso suplicio para salvar las nuestras. Allende cometió sus errores así como nosotros los cometemos, atrapados como estamos por los parámetros de nuestra época, enredados en nuestras opciones profesionales y en los derroteros lógicos de nuestra mente.

A nosotros nos toca, entre otras cosas, las restricciones de la economía globalizada, los déficits de la educación pública, una economía atrapada en la producción de commodities, la captura del Estado y nuestros partidos por los poderes fácticos, la inexistencia de un sistema de formación permanente para trabajadores, las dificultades de financiamiento y desarrollo de los empresarios de origen popular. Seguramente, como Allende, haremos lo posible para enfrentar estos desafíos en el marco de nuestra realidad, enfilando nuestras erráticas trayectorias hacia los borrosos espejismos de nuestras utopías. Si somos exitosos, no llegaremos allende, sino que nos extinguiremos, como él, en el intento. Ese es el legado poético de su sacrificio: no la intransigencia o la falta de pragmatismo que algunos llaman consecuencia (no era su forma de hacer política), sino el compromiso con una forma de lucha política: en su caso, la revolución socialista a través de un proceso democrático. Se extingue la democracia se extingue Allende.

El legado de Allende no es que treinta años después implementemos su particular solución, un estadista como él no sería tan ingenuo. Sino que seamos fieles a nuestra lucha, cualquiera sea la forma que tenga, sin perder de vista la brújula mística de la utopía, y estando dispuestos a extinguirnos, como él, en el intento. Después de todo, las únicas formas de extinción no son la muerte. También existen la miseria de la soledad, la crueldad del ostracismo, el vejamen de ser traicionado por los compañeros: los castigos más crueles para quienes creemos en el valor de la vida política colectiva.

El Presidente Allende es nuestro compañero, no porque compartamos sus decisiones o porque no seamos críticos de sus errores, sino porque compartimos con él esa esperanza borrosa, ese sueño empañado, esa utopía amorfa del socialismo. El Presidente Allende es nuestro compañero por esa esperanza que se representa tan bien en las siguientes estrofas de su discurso final.

"Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor."

¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el escolar cuya calidad de educación no es función del ingreso de su hogar? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el empleado que se siente respetado y valorado por su empresa? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el ciudadano que es a la vez, trabajador, educador y estudiante? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el trabajador público respetado y admirado por su vocación de servicio? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el emprendedor popular con el mismo acceso a financiamiento de los herederos de propiedad o apellido? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el voluntario que siente que la sociedad honra su esfuerzo y lo acompaña? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el sindicalista que no teme por su futuro laboral? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el ciudadano que se siente interesado y participe del proceso público? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase la vecina pobladora sin temor a que se le asalte o a que sus hijos sean reclutados por el crimen? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde corran los niños sin temor a enfermar por el solo hecho de respirar?

¿Cuándo ocurrirá todo eso? ¿Cuándo despejaremos las grandes alamedas de los retenes de la realidad? ¿De las barricadas de nuestro pragmatismo, nuestra poca creatividad técnica, nuestra falta de arrojo político? ¿Nunca? ¿Cuándo?

Allende, compañeros allende.

* Economista Socialista






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