Yo también soy un hombre conejo Se sabe que hay hombres conejos y hombres flaites. Un hombre conejo temerá, con to
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Puesta online a las 7:59, el 02 de Marzo del 2009
Yo también soy un hombre conejo
Se sabe que hay hombres conejos y hombres flaites.
Un hombre conejo temerá, con todos los rigores del miedo, al pato malo. Se sabe que si el hombre conejo verá un flaite en la calle pensará de un golpe que quedará completamente empelota y, al mismo tiempo, deberá pensar en su funeral.
Es el miedo a la muerte y a los patos malos que rondan de puerta en puerta y de calle calle. La sociedad delega las injusticias. Un Estado en deformación. Su deceso no se puede usurpar.
La justicia chilensi tiene tanto de la italiana que es casi extravagante e igual a un gargajo en un ojo.
Italia la conozco tan bien. Su gente, su cultura y su modo de pensar. Cierto que el personaje de la península es uno solo: Silvio Berlusconi.
La historia de ese gallo, tan discutida y misteriosa, nos narra sus primeros pasos de rico. Andaba de puerta en puerta vendiendo ollas y artefactos eléctricos. Raro, para todos los italianos, que uno se vuelva millonario en poco tiempo.
Berlusconi es un presta nombre de la Logia Masónica, eso se dice en los bares de Italia. Todos recuerdan las consignas delle mani pulite "manos limpias". Fueron intentos que trataban de encarcelar a Silvio Berlusconi por sus negocios tan de flaite: al final ganó él.
Cierto que la pelá, Berlusconi y el flaite tienen tanto en común.
Todos lograrán entender el porque.
La mente de los testigos puede ser como gravar un filme de la tele o sino como ver al clásico lobo maricón que se quiere comer a la caura porfía de la caperucita roja. Todo puede transformarse en ficción. La inocencia de la caura chica es como la del hombre conejo.
Todos fijarán los ojos en el acusado y, al mismo tiempo, repartirán minutos de silencio para la víctima. Cierto que no se puede interrogar un muerto. Los cadáveres son un yelmo que no logran dar amnistía a la indiferencia. El castigo llega, para los culpables, como una gracia.
"Ael, de qué forma cayó al suelo jefecito? Digo ute le vio la cara al presunto culpable? No me diga que el "injuriado" se parece a John Travolta ya que ahí si que se anda cagando fuera del tiesto. No se altere señor finado, Santiago de Chile y Milán so casi igual de grandes. Lo suyo, obvio, se galvaniza en un mar de confusiones y su ambición de carne muerta busca ser popular como el mismito Caravaggio.
No creo que ute, señor fiambre, sepa algo de Caravaggio. Tengo informaciones que su cultura se basa en lengüetazos de estampillas y fotitos de minas empelotas que circulan por el centro de la ciudad a luca y media la docena. Usted es un trabajador del correo, señor cadáver. No puede, eso se lo digo entre buenos chilenos, condenar un hombre que nunca ha visto en su puta vida de vivo y ahora, !jaja!, menos de muerto"
Con ése dialogo el defensor flaite defenderá al culpable. Todos apuestan que en los tribunales podrían secarse hasta las vendimias, que la uva se arratonaría y el vino prometido se volvería recuerdo para los alcohólicos anónimos.
La justicia es como la metáfora. Otros la llaman limousine. Los más pesimistas, el cáncer de los pobres.
En Chile todo es "anormal". Si un muchacho es gay, no es normal. Se le discrimina, y se le trata como a un hombre conejo. Atormentar la patria, es el sinónimo. Los moralistas, esos que se han leído a los mejores autores clásicos, pues también hay que condenarlos porque, ya se sabe, la mayor parte de los intelectuales del pasado eran homosexuales. !Ay!, se obliga estudiar los clásicos, pero no tener los sentimientos del autor.
Unos me han preguntado si a mi se me queda la patita atrás. No..., la verdad que la mayor parte de los seres humanos son Freudianas. No se puede defender un cojo porque te dirán que eres también cojo.
Qué hacer? Creo que debemos sorprender al Estado, cierto que evitando la frase güeona: "Te pillé con la mano en la masa". Un Estado tiene un aparato circulatorio... eso es su ciudadanía. EL ciudadano puede ser el mejor médico. Nos evitaremos las frases: "dilatación o hipotensión" para llegar derecho al grano. Falta el estimulo, el tono, los músculos del coraje. Cierto que muchos prefieren usar la técnica: "ya gancho tomemos una chichita mejol". No señores. Para caminar con toda seguridad por las calles, pues se debe volver a los días felices del "Edén", ósea no caer en corrupciones y en la maldita trampa de la manzana, porque puede suceder que, por gil, se nos vuelva a crucificar como pecadores. El hambre puede ser un pecado, obvio, pero la ley es la necesidad de un Estado. Pero, bueno, si me llegará a equivocar con mi crónica, pues una cosa me salva: Yo también soy un hombre conejo.