ChileInforma.com
 Quienes Somos?

 Como Publicar

 Informacion sobre Chile

 Servicios
 NUEVO FORO

 CONVERTIDOR DE DIVISAS

 ENLACES

 EMBAJADAS Y CONSULADOS

 ASOCIACIONES Y ORGANISMOS CHILENO EN EL MUNDO

 LIBRO DE VISITAS

 Salud - Ciencia 
 Consecuencias del envejecimiento de la población en la economía del Québec.

 Enfrentarse al VIH/Sida en América Latina: una cuestión de DDHH

 Sexo: la técnica perfecta


 Recetas
 Pebre

 Pastel de Choclo

 COCHAYUYO ESTOFADO


 Chileinforma Fotos

 Chiste del dia
 Dentistas


 Haga un LINK a nuestro sitio

 Sitios Amigos
sinfronteras2000.com Trabajo España Trabajo España

pieldeleopardo.com/ Revista Punto Final

VOLVER A LA PORTADA     IMPRIMIR     

Ça vous chatouille ou ça vous gratouille?[1]Escribe Luis CASADO

...


Puesta online a las 9:32, el 15 de Julio del 2008


Ça vous chatouille ou ça vous gratouille?[1]



Escribe Luis CASADO – 14/07/2008





Gonzalo Martner es uno de los raros actores políticos que se atreve a incursionar en temas económicos. Que su formación sea precisamente la de economista no le resta mérito: tanto ha calado en la clase política chilena el llamado “pensamiento único” que el simple hecho de osar poner en duda el dogma trae consigo la condena y para enfrentarla hace falta un poco de coraje.



Por otra parte resulta estimulante constatar que la realidad, a fuerza de seguir comportándose como lo que es, termina por modificar la percepción de quién no hace mucho ejercía el poder y asumía como bueno un modelo que todos criticamos desde la oposición a la dictadura y que algunos continuamos a criticar cuando la Concertación en el gobierno lo hizo suyo, prolongándolo, profundizándolo, sistematizándolo y, sobre todo, dándole un carácter tan inevitable como los solsticios de invierno y de verano. Ello permite acercar posiciones que fueron significativamente distantes. Digo acercar, no necesariamente identificar.



Cualquier análisis de la realidad económica chilena exige responder a algunas cuestiones esenciales. Una de ellas tiene que ver con el cuerpo teórico que dispensa las herramientas del análisis. La evolución que ha conocido la llamada “ciencia económica” en los últimos diez años, en particular con relación a la corriente dominante que se ha dado en llamar “neoliberalismo”, el análisis de los resultados alcanzados y el rosario de crisis recurrentes que han jalonado el período durante el cual los partidarios de la primacía del mercado han ejercido un poder sin contrapeso, han puesto en evidencia no solo la inimaginable indigencia del cuerpo teórico que abrazaron como una religión sino también su carácter ideológico, doctrinario y dogmático, más en línea con la necesidad de justificar la creciente concentración de la riqueza y el poder que con las exigencias del conocimiento científico.



El definitivo fracaso de esta escuela de pensamiento, que en su día animaron Hayek, Friedman y otros, va quedando en evidencia con la tremenda dimensión de la crisis actual que mezcla elementos financieros, económicos, sociales, políticos e institucionales, como producto de la avanzada deconstrucción de la institucionalidad democrática operada por el neoliberalismo.



Al reivindicar la pertinencia de la economía política, la preeminencia de la política sobre la pretendida ciencia económica, y la importancia del objetivo último de la actividad productiva, a saber, el hombre, Martner se distancia del dogma y no podemos sino alegrarnos de ello.



Queda por saber si el diagnóstico se ajusta a la realidad y si los caminos propuestos responden acertadamente al carácter y a la gravedad de los problemas que nos ocupan.



Parafraseando al Doctor Knock, conocido personaje de la obra homónima de Jules Romain, de cara a la realidad socio económica chilena conviene saber cuál es la verdadera naturaleza de los síntomas que se hacen cada día más evidentes.



«Ça vous chatouille ou ça vous gratouille?», preguntaba el Dr. Knock. Todo buen médico que practica su oficio a consciencia sabe que las informaciones obtenidas mediante la exploración clínica, la auscultación del paciente, son valiosísimas para identificar el mal que lo aqueja.



No obstante, reconocer bien los síntomas no permite sino orientar la búsqueda de las causas, único modo de atacar la raíz del mal y no quedarse en el reconocimiento y el tratamiento de sus consecuencias visibles.



Una primera reflexión al respecto nos indica que no es posible juzgar de un “funcionamiento económico satisfactorio”[2] sobre la base de algunos indicadores estadísticos por muy pertinentes que ellos sean. La mejor prueba de ello reside en que períodos recientes de la historia económica del país mostraron cifras cercanas a los tres “cincos” propuestos por Gonzalo Martner sin que un objetivo esencial de la economía tal como la entendemos quienes criticamos el modelo, la satisfacción de las necesidades de la inmensa mayoría de la población, se encontrase verificado. Y es que aquí falta un dato cuya pertinencia Gonzalo Martner no puede desconocer, el que tiene que ver con el modo de apropiación del producto, con la justicia relativa de la distribución de la riqueza producida.



Desde este punto de vista dieciocho años de pichi[3] democracia, independientemente del ritmo de crecimiento del PIB, de la dimensión oficial de la inflación y del nivel estadístico del desempleo, no han modificado en nada la herencia de la dictadura con relación a los dos elementos mencionados en el párrafo precedente.



Por otra parte, quienes algo entienden de economía saben que la estadística suele ser un “faux ami”[4] a tal punto que Winston Churchill pudo decir “Yo creo en las estadísticas solo cuando las falsifico yo mismo”.



El serio cuestionamiento de los resultados de la encuesta Casen formulado con abundancia de argumentos, datos, cifras, análisis y resultados de todo tipo, no tuvo respuesta de la parte de los organismos puestos en duda, consolidando así, por defecto, la falta de credibilidad de las cifras que periódicamente son anunciadas para demostrar la reducción de la pobreza o el mejoramiento del nivel de vida de la población.



El aumento del gasto social, indesmentible en cifras absolutas, no constituye un indicador de justicia económica, sino un elemento constitutivo del “conservadurismo compasivo” traducido en caridad pública[5], la válvula de escape que debiese asegurarle la paz social al modelo depredador y cuya responsabilidad recae en el Estado.



En este marco, el gasto público ni siquiera permite adjudicarle un papel significativo en el nivel de consumo que encuentra en el endeudamiento masivo de la población, -que crece a tasas del orden del 18-20% al año-, su causa más evidente.



En otro orden de cosas, calificar la compra de dólares por parte del Banco Central para estabilizar el tipo de cambio como una “buena política económica que produce resultados mejores que el mercado librado a su suerte” parece un despropósito a más de un título.



Entre otros, porque creer que el tipo de cambio lo fija el mercado… exige no sólo no saber nada de economía sino también una significativa dosis de ingenuidad.



Jacques Delors, ex presidente de la Comisión de Bruselas (gobierno de la Unión Europea), sostiene que el valor del dólar es el producto de una decisión política y ve en la política del dólar débil un ataque contra los intereses europeos y contra el Euro. Edward Prescott, premio Nobel de economía 2004 y libremercadista reconocido, asegura: “Las tasas de cambio son un gran rompecabezas que en verdad nadie entiende. Las tasas parecen variar mucho, principalmente para corregir las diferencias entre las tasas de inflación de diferentes países. Yo no tengo respuestas, no entiendo esto y creo que ningún economista lo entiende”.



Por otra parte, estimar que una institución “independiente”, conformada por “expertos” de una estricta neutralidad (?), pueda asumir decisiones de política económica… le adjudica al Banco Central una misión que no es la suya. O bien significa aceptar que la política económica es de competencia de los tecnócratas y en ningún caso de la autoridad política. La falta de coherencia parece evidente.



Luego, si nos referimos a las cifras, no es la compra de 8 mil millones de dólares por parte del Banco Central la que va a modificar significativamente la caprichosa volatilidad de una divisa cuyo emisor, la FED, sostenida en eso por el Banco Central Europeo, ha lanzado al mercado en menos de un año más de un billón de dólares sin respaldo, con el objetivo confeso de salvar un sistema financiero irresponsable y especulador que la ortodoxia liberal aconsejaba dejar morir de muerte natural.



Sin olvidar que Ben Bernanke, presidente de la FED, en un intento de devolverle la confianza a los mercados acaba de declarar que está dispuesto a seguir fabricando dólares y a extender ese compromiso hasta fines del 2009. Y hasta el fin de los tiempos si la necesidad se hace sentir. No otra cosa hizo en su día Alain Greenspan, cuyo laxismo en materia monetaria tiene una parte de responsabilidad no despreciable en la crisis actual[6].



Finalmente, si se trata de juzgar de la eficacia de la medida mencionada, conviene referirse a los resultados. No a los del día, sino a los de un período significativo. Tomando en consideración todas las variables, abandonando en este caso la simplificación abusiva propia a la “ciencia” económica que no puede afirmar nada sino “toutes choses étant égales par ailleurs”[7].



“Toutes choses étant égales par ailleurs” es el subterfugio que le permite al ministro de Hacienda Andrés Velasco afirmar que si los precios de la energía y de los alimentos no hubiesen subido considerablemente, los objetivos de inflación del gobierno se hubiesen cumplido fácilmente.



Y si Napoleón no hubiese muerto…



Lo que permite una fácil transición al tema de la inflación. Martner afirma que “La inflación es regresiva –afecta más a los que viven de un salario o de ingresos esporádicos-“.



Yo no quisiera ser mal interpretado pero esta visión de Martner debiese llevarnos a concluir en que si el único mandato del Banco Central se refiere precisamente a la inflación, se debe a que quienes definieron sus estatutos no tenían in mente sino “a los que viven de un salario o de ingresos esporádicos”.



La realidad es que quienes son más afectados por la inflación son los poderosos, los rentistas, los agiotistas, los usureros. La inflación, en el mediano y largo plazo tiende a hacer desaparecer las deudas, las contractadas por los consumidores desde luego, pero también las referidas al endeudamiento público, las deudas del Estado. Esa es la razón por la cual los mandatos de casi todos los bancos centrales del mundo, con la notable excepción de la FED, -el Banco Central de los EEUU-, se limitan a la lucha contra la inflación.



Para premunirse de la desvalorización de los créditos otorgados al consumidor, y de los precios expresados en moneda nacional, los artistas de la dictadura inventaron la UF, engendro que los gobiernos de la Concertación, incluyendo el gobierno de Lagos en el cual Martner ejerció responsabilidades no despreciables, se cuidaron muy bien de no hacer desaparecer.



La degradación del poder adquisitivo de los salarios modestos que provoca la inflación encontró una respuesta en la Europa conservadora: el reajuste automático de salarios, mecanismo que hicieron desaparecer los gobiernos social demócratas en la década de los 80 con el pretexto de que era generador de… inflación.



Gracias a lo cual, en los últimos 20-30 años, con la inflación controlada, los asalariados franceses y alemanes no constataron ninguna progresión real de sus salarios, mientras que la parte de la remuneración del capital aumentó en casi 10 puntos porcentuales del PIB, lo que para Francia da la impresionante cifra de 250 mil millones de Euros cada año.



En un período menos largo, pero significativo, la distribución del ingreso en Chile no se ha modificado a favor de quienes “viven de un salario o de ingresos esporádicos” pese a que efectivamente la inflación se redujo notablemente a partir del año 1990.



Lo que sí afecta gravemente el poder adquisitivo de los asalariados modestos son las tasas usureras de los créditos al consumo, -que en el momento en que esto escribo se sitúan por encima del 52% anual-, sin que Gonzalo Martner haya considerado oportuno referirse al tema.



El problema que tenemos delante es el que tiene que ver con los remedios a la aceleración del fenómeno inflacionista. La contracción de la oferta de dinero, del crédito, que se traduce por el aumento de las tasas de interés, tiende efectivamente a disuadir la inversión si uno le cree a la teoría neoliberal en boga.



Aun cuando resultados de investigaciones recientes demuestran que el inversionista no mira solo lo que cuesta el crédito, sino sobre todo cuanto le aporta como ganancias netas.



Y ya puestos a ser coherentes, si la teoría económica dominante tiene razón, un dólar devaluado debiese permitirles a los consumidores chilenos el acceso a productos del mundo entero a mejor precio, o sea que un dólar débil debiese jugar contra la inflación. Los aficionados a las cifras pueden calcular fácilmente lo que costaría un litro de combustible con un dólar a 750 pesos chilenos…



Lo que vuelve a poner en cuestión la afirmación de Martner con relación a la “buena política económica que produce resultados mejores que el mercado librado a su suerte” cuando se refiere a la compra de dólares por parte del Banco Central.



Por otra parte, un dólar devaluado aumenta el precio relativo de la mano de obra, aun cuando los asalariados chilenos no perciban ni un peso de aumento. Simplemente sus salarios, expresados en dólares, son más altos. Lo que trae a cuento el tema de la competitividad. Pero incluso en este tema el pensamiento único, se equivoca. Curiosamente, los países europeos que constatan los más altos niveles de salarios son los que más competitividad demuestran, generando sólidos excedentes comerciales incluso con países de salarios bajos. Basta con mirar el ejemplo de Alemania.



Y es que la competitividad no puede ser asimilada al tamaño del puñado de arroz con el que se paga la mano de obra. Ese es un criterio propio del FMI, -o del Cato Institute en el que milita el Sr. José Piñera-, que a lo largo de décadas ha puesto en guardia a los gobiernos chilenos contra un “excesivo”(sic) aumento del salario mínimo. Con el éxito que todos conocemos.



Durante el mandato de Ricardo Lagos, época en la cual Gonzalo Martner ejerció algunas responsabilidades, el FMI elogiaba las políticas del gobierno chileno, al tiempo que exigía hacer aun más flexible el mercado del trabajo y llamaba “a las autoridades (chilenas)...a explorar el tema de los costes de despido que aparecen muy altos vistos desde una perspectiva internacional, así como a limitar los aumentos del salario mínimo, en particular para los trabajadores jóvenes.”[8]



Nicolás Eyzaguirre, ministro de Hacienda de Lagos y accesoriamente colega de Martner, llegó incluso a reconocer durante el ejercicio de sus competencias en el gobierno que la distribución del ingreso era una “vergüenza”(sic), para años más tarde hacer un mea culpa en una entrevista al diario madrileño “El País” y reconocer que él mismo y Lagos fueron incapaces de modificar en nada una de las más injustas distribuciones de la riqueza del mundo: 'Es nuestro mayor fracaso. Después de seis años al frente de la política económica del Gobierno de Ricardo Lagos, sé que cada vez que intentábamos una redistribución más justa, un poderoso establishment impedía adoptar las medidas más elementales'.



Incapacidad de la dupla Eyzaguirre-Lagos o poder del “establishment” el resultado es el mismo. Nunca se adoptaron “las medidas más elementales” y de ahí que no sorprenda la impaciencia que gana a sectores cada vez más importantes de la población que constatan con creciente decepción que la dupla Velasco-Bachelet tampoco puede con el “establishment”, admitiendo que tenga la voluntad y el coraje para intentarlo.



Para quienes se interesan en la economía lejos de las pretensiones chamánicas de algunos “expertos” caricaturales, creer, -o hacer creer-, que el empleo es una función inversa del nivel de salarios es una estafa intelectual. Al tiempo que nos retrotrae a la historia pre keynesiana y consagra como cierta la tristemente célebre Teoría del Equilibrio General tan a mal traer desde hace ya treinta años.



No se trata al respecto de intentarle un mal venido proceso de intenciones a Gonzalo Martner, sino de recordar lo que ha sido, y lo que es hasta hoy, el sustrato teórico que sustenta las políticas económicas de la Concertación, políticas que tantos ecos favorables encuentran en el mundo empresarial.



En fin, que Gonzalo Martner estima que frente a las consecuencias de la actual mega crisis, -calificadas púdicamente de “turbulencias”-, el principal peligro lo constituyen los expertos que a su juicio son de dos categorías: los adeptos del credo liberal y del “laissez-faire”, que no juran sino por los ajustes que sin duda alguna operará la sabiduría del mercado, y los partidarios de un “activismo brusco” que Martner, en un arranque de humor que no le conocíamos, asimila a “cazar moscas con escopeta”.



Los primeros, neoliberales primarios. Los segundos, peligro de seguro mucho más hipócrita, son los que recomiendan subir fuertemente las tasas de interés, fuente de credibilidad del Banco Central, y exigirle al gobierno bajar significativamente el gasto publico[9].



Pero, ¿no se trata de los mismos? ¿Dónde ve Martner la diferencia entre unos y otros?



Luchar contra la inflación, reducir la participación del Estado y en un sentido general del sector público[10], reducir fuertemente los impuestos, son las recetas de los neoliberales.



La sutileza del análisis de Martner, su fineza en la percepción de los matices, no logra hacernos creer que se trata de dos escuelas diferentes.



En lo que Martner lleva razón es en afirmar que tales medidas son recesivas y contribuyen a agravar las consecuencias de la crisis, perdón, de las “turbulencias”, sobre todo para “los que viven de un salario o de ingresos esporádicos”.



Martner lo explicita cuando escribe: “Estas políticas de tasas de interés altas y contracciones del gasto público invariablemente terminan deprimiendo la economía y provocando un incremento del desempleo como en 1975, 1982 y 1999”.



Sea. ¿Entonces?



Simple. Según Martner, -¿quién pudiese contradecirle?-, “Lo que cabe hacer es diagnosticar bien el problema”.



Este es precisamente el aspecto que menos nos interpreta de su análisis. Porque en el fondo está impregnado de lo que incluso en economía llaman el “sentido común” (que no siempre lleva a soluciones pertinentes), y de un innegable continuismo, de una total ausencia de crítica radical (en el sentido de ir a las raíces) con relación a las políticas económicas que perduran desde los años de plomo de la dictadura.



Y porque en la forma predomina el “bastaría con, habría que”, simplificación algo excesiva y sin duda, una vez más, ingenua.



He aquí el diagnostico de Gonzalo Martner:



· La inflación se explica hoy por aumentos de costos originados en fenómenos externos (petróleo y alimentos), no por exceso de demanda.



· El consumo interno viene creciendo menos desde fines de 2007. No hay que contraerlo más, pues puede desplomarse.



· Por tanto, no hay que subir las tasas de interés afectando a los consumidores y a los productores ni disminuir el gasto público (se debe respetar la regla anticíclica en vigencia), pues esto deprime la actividad innecesariamente.



· El propio efecto de la pérdida del poder adquisitivo moderará el consumo.



Explicar la inflación, aun parcialmente, por el aumento del precio de los alimentos calificando ese hecho de “fenómeno externo”, no deja de sorprender en un país exportador de… alimentos. Aun así, cualquier empresario agrícola, -y los hay-, diría que en esta crisis hay una fenomenal oportunidad de negocios si se tratase de orientar la agricultura hacia la producción de los alimentos que actualmente se importan. Lo que constituye un activismo que sería difícil de calificar de “brusco” o de “cazar moscas con escopeta”.



La moderación del crecimiento del consumo interno desde fines del 2007 puede que esté ligada al nivel de endeudamiento alcanzado por los hogares chilenos (la deuda acumulada supera los 70 mil millones de dólares), a la sensible caída del poder adquisitivo (la inflación en el 2007 alcanzó la respetable cifra de un 7,8%), al aumento de la tasa de desempleo que no se explica únicamente por la llegada al mercado del trabajo de un ejército femenino de reserva[11], en fin, que conviene explicitar adecuadamente las causas del mal para proponer soluciones adecuadas. Ese es uno de los objetivos de saber si «Ça vous chatouille ou ça vous gratouille»…



Para sostener el consumo, admitiendo que el consumo interno es el motor, o uno de los motores, del crecimiento, tal vez no baste con no subir las tasas de interés, que de todos modos el Banco Central ya subió (y cuenta seguir subiendo) y que por otra parte no guardan ninguna relación con las tasas usureras que se le aplican a los créditos al consumo, a las tarjetas de crédito, tasas que superan el 52% anual, muy lejos de la tasa directriz del Banco Central que hoy está en “solo” un 7,25%.



Regular el crédito al consumo a través del banco que fue del Estado pudiese tener un mayor impacto en el consumo interno, pero de eso Martner no dice palabra.



El impacto negativo que puede tener la subida de tipos del Central en la inversión está por verse, no solo porque los inversionistas también miran lo que la inversión aportará como beneficio neto sino porque la IDE, la inversión directa extranjera, puede financiarse en fuentes menos costosas, por ejemplo en los EEUU donde la tasa directriz de la FED está en un 2%, o aun en Japón, cuyo banco central la mantiene en un ridículo 0,5%.



Prever que habrá capitales golondrinas llegando a Chile puede ser un tópico, visto que hasta los “expertos” parecen darse cuenta que obtener un crédito en los EEUU a tasas del orden del 2%, y colocarlo en Chile, en donde se obtienen remuneraciones superiores al 7%, es un pingüe negocio.



Por otra parte, sostener que el gasto público es parte de una pretendida “regla anticíclica en vigencia” equivale a tomar lecciones de economía con el presidente de la comisión de hacienda del senado… o creer que somos necios.



Las decenas de miles de millones de dólares de excedente fiscal que se deprecian en colocaciones en bonos del Tesoro de los EEUU, obedeciendo a la verdadera regla, la del superávit fiscal, demuestran lo contrario.



Si de medidas anti cíclicas se tratase, hay otras algo más radicales y pertinentes. Atacar el crítico problema de las insuficientes y malogradas infraestructuras del país pudiese ser una.



Tomar medidas efectivas para producir una significativa redistribución del ingreso, es otra. No hablo de caridad pública, ni de gasto social, ni de subvenciones ni de subsidios. Cambiar definitivamente la arquitectura financiera que sostiene el lucro en la salud y en la educación bastaría para desplazar algún punto porcentual de la remuneración del capital al bienestar de la población, lo que por otra parte es extremadamente eficaz cuando se trata de mejorar la productividad y la competitividad de la mano de obra nacional.



Llevar adelante, en paralelo, una modernización a fondo del régimen impositivo que haga pagar a los poderosos, serviría para financiar lo que precede sin tocarle un dólar a los excedentes que Velasco y sus predecesores envían al extranjero.



Adecentar las condiciones de trabajo del mundo asalariado, público y privado, es otra. Comenzando por los salarios[12].



Estas, entre otras, son medidas anti cíclicas. Que exigen otra cosa que quedarse en los síntomas, en el «Ça vous chatouille ou ça vous gratouille?» del Doctor Knock.



En el acápite “bastaría con”, Martner nos explica lo que hay que hacer:



· Hay que establecer un horizonte de 24 meses para volver a la meta de inflación.



· Hay que actuar conteniendo el alza de combustibles en lo que tiene de temporal modulando no tanto el impuesto específico (que se aplica a las cantidades consumidas) como el IVA, limitando la recaudación a la que resulte del valor del petróleo de largo plazo.



· Hay que restablecer urgentemente los ingresos de los más pobres perdidos con la inflación si no queremos un aumento rápido de la pobreza. Bonos trimestrales compensatorios a las familias de ingresos más débiles mientras dure la emergencia de precios altos de la energía y los alimentos son posibles y justos… si es que no se tiene a los dogmas neoliberales y las instituciones que los defienden como guías de conducta.



¿Por qué el horizonte Martneriano para que la inflación vuelva a la “meta” es de 24 meses[13]? ¿Por qué no de 36 o de 18? Sería todo un detalle conocer las razones, los cálculos, e incluso las cifras que permiten avanzar tal predicción de economista a la que de todos modos tal vez no convenga atribuirle más importancia que la que los propios economistas le atribuyen a sus predicciones.



Contener “el alza de combustibles en lo que tiene de temporal” (¿y no en lo que tiene de inmanente?), modulando no tanto (¿un poquito si?) el impuesto específico (que se aplica a las cantidades consumidas) como el IVA, limitando la recaudación a la que resulte del valor del petróleo de largo plazo” es una frase que hace pensar en el aforismo atribuido a Alain Greenspan: “Si me entendieron es que debo haberme expresado mal”.



Reducir la carga impositiva… ¿He ahí una medida “anticíclica”? ¿He ahí una medida que pudiese contribuir a una sensible modificación de la injusticia económica que prevalece en Chile? ¿Se trata de una medida positiva o de una medida normativa?



Una vez más nos quedamos en el «Ça vous chatouille ou ça vous gratouille?» del Doctor Knock.



Uno espera de un hombre de la talla de Gonzalo Martner alguna propuesta en el sentido de definir una verdadera política energética en vez de los manotazos de ahogado a los que nos tiene acostumbrados la “ciencia económica” concertacionista. Será para otra vez.



El último “bastaría con” expresado por Gonzalo Martner, “restablecer los ingresos de los más pobres…”, entra de lleno en la categoría definida por Georges W. Bush como “conservadurismo compasivo”.



Alimentar la corte de los milagros hasta que soplen otros vientos no cambia nada en el fondo y tiene la ventaja de costar muy poco. La tan cacareada reforma previsional y los 60 mil pesos atribuidos a quién no tiene derecho a pensión (grosso modo medio millón de pobres) cuesta unos 700 millones de dólares por año, o sea menos de un 0,5% del PIB, o aun menos del 7% del superávit fiscal anual[14].



Como quiera que sea, hay que coincidir con Martner cuando afirma que “Los economistas chilenos de esta corriente (neoliberal) han demostrado ser lo suficientemente incompetentes como para que no sea recomendable seguir sus recetas recesivas”.



Cómo no aplaudirle cuando manifiesta que “Por último, el país debe asumir que el precio del cobre será por un largo período más alto que lo previsto y que el inmenso caudal de recursos adicionales generados no va a sus dueños, todos los chilenos, sino a quienes tienen la concesión privada de la explotación obtenida en condiciones ilegítimamente ventajosas”.



Cómo no juzgar un avance insuficiente el remedio propuesto: Establecer un nuevo trato tributario con las mineras privadas es un deber nacional que si no se cumple nos será reprochado con justicia por las futuras generaciones, que no encontrarán justificación a la increíble ceguera colectiva frente a la dilapidación de recursos que permitirían asegurar el salto al desarrollo que el país necesita. Se debe renunciar con urgencia a la defensa dogmática de “la estabilidad de las reglas del juego” que en este caso son directamente injustificables y privan a los chilenos ni más ni menos que de un mejor futuro.



Intentando ser optimistas, para ver el vaso medio lleno, y en ningún caso medio vacío, destaquemos la notable aseveración: “Se debe renunciar con urgencia a la defensa dogmática de “la estabilidad de las reglas del juego” que en este caso son directamente injustificables y privan a los chilenos ni más ni menos que de un mejor futuro”.



El autor de la doctrina que pretende que Chile no tiene ni siquiera soberanía para establecer las reglas del juego que estime adecuadas en materia tributaria fue un cierto Ricardo Lagos, que en ese preciso momento, accesoriamente, era el jefe de Gonzalo Martner en La Moneda.



Lo dicho. Vamos acercando posiciones.



























Turbulencias económicas



Gonzalo D. Martner (*) - 11/07/2008



Un funcionamiento económico satisfactorio incluye muchos aspectos, pero en Chile los “tres cincos” -un crecimiento de al menos un 5%, una inflación no superior a 5% y un desempleo no superior a 5%- son buenos indicadores de síntesis. Los tres están “fuera de trayectoria”.



El crecimiento del PIB, que registró un 5,1% en 2007, volverá a estar este año y el próximo por debajo de esa cifra (entre 3 y 4%). La productividad viene creciendo poco y los choques de oferta en materia de energía y sequía no han ayudado. El tipo de cambio sufrió una severa apreciación que afectó la cantidad exportada en lo que va de año y complicó mucho a los que compiten con importaciones. La tardía intervención del Banco Central ha servido para revertir el problema, lo que demuestra una vez más que buenas políticas económicas producen resultados mejores que el mercado librado a su suerte.



La inflación experimentó un salto que no veíamos desde hace mucho tiempo. Recordemos que en 1990 la democracia se inauguró con un ritmo anual de cerca de 30% y desde esa fecha se redujo sistemáticamente. La inflación es regresiva –afecta más a los que viven de un salario o de ingresos esporádicos- y en el largo plazo disminuye la inversión al afectar el horizonte del cálculo económico. Una inflación en ritmo anual de 9% en vez del 3%, que es la meta del Banco Central, es un problema serio. Este repunte es complicado pues se acompaña de una disminución de la actividad.



El desempleo es la variable que viene fuera de marco desde hace más tiempo, es decir desde que en 1998-99 se provocó en Chile -gracias a una mala política monetaria y fiscal- una recesión gratuita. Ha costado mucho desde entonces bajar el desempleo del rango de 8% a 10%, que no es socialmente aceptable. La trayectoria venía lenta pero bien encaminada hasta el año pasado. Se siguen aún creando muchos empleos en la economía, pero el ritmo viene de baja y las tasas de desempleo son mayores que las del año pasado (en parte porque más gente busca trabajo).



Frente a estas turbulencias, el peligro principal está en…los expertos. Los hay de dos tipos que son peligrosos. Algunos engarzan muy bien con la tradición que tiene en el presidente Barros Luco su mejor representante: “los problemas son de dos tipos, los que no tienen solución y los que se arreglan solos”. Es el credo liberal de los ajustes automáticos: no hagamos nada, o lo menos posible, los gobiernos no están para actuar, es mejor que los desequilibrios se absorban solos y se deje a los mercados el máximo de flexibilidad sin intervenciones que solo agravan los problemas.



Desde la crisis de 1929 se sabe que esta receta no hace más que dañar a las economías. La otra versión es la del activismo brusco que lleva a cazar moscas con escopeta.



Sus recomendaciones suelen ser: si hay inflación, súbase fuertemente la tasa de interés para que el Banco Central “sea creíble” y exíjase al gobierno bajar el gasto. Si el origen de la inflación es importado, mala suerte: el riesgo de difusión de la inflación debe atacarse con medios recesivos rápidos y masivos. Estas políticas de tasas de interés altas y contracciones del gasto público invariablemente terminan deprimiendo la economía y provocando un incremento del desempleo como en 1975, 1982 y 1999.



Lo que cabe hacer es diagnosticar bien el problema:



- la inflación se explica hoy por aumentos de costos originados en fenómenos externos (petróleo y alimentos), no por exceso de demanda.



- El consumo interno viene creciendo menos desde fines de 2007. No hay que contraerlo más, pues puede desplomarse.



- Por tanto, no hay que subir las tasas de interés afectando a los consumidores y a los productores ni disminuir el gasto público (se debe respetar la regla anticíclica en vigencia), pues esto deprime la actividad innecesariamente



- El propio efecto de la pérdida del poder adquisitivo moderará el consumo.



- Hay que establecer un horizonte de 24 meses para volver a la meta de inflación.



- Hay que actuar conteniendo el alza de combustibles en lo que tiene de temporal modulando no tanto el impuesto específico (que se aplica a las cantidades consumidas) como el IVA, limitando la recaudación a la que resulte del valor del petróleo de largo plazo.



- Hay que restablecer urgentemente los ingresos de los más pobres perdidos con la inflación si no queremos un aumento rápido de la pobreza. Bonos trimestrales compensatorios a las familias de ingresos más débiles mientras dure la emergencia de precios altos de la energía y los alimentos son posibles y justos… si es que no se tiene a los dogmas neoliberales y las instituciones que los defienden como guías de conducta.



Los economistas chilenos de esta corriente han demostrado ser lo suficientemente incompetentes como para que no sea recomendable seguir sus recetas recesivas.



Por último, el país debe asumir que el precio del cobre será por un largo período más alto que lo previsto y que el inmenso caudal de recursos adicionales generados no va a sus dueños, todos los chilenos, sino a quienes tienen la concesión privada de la explotación obtenida en condiciones ilegítimamente ventajosas.



Establecer un nuevo trato tributario con las mineras privadas es un deber nacional que si no se cumple nos será reprochado con justicia por las futuras generaciones, que no encontrarán justificación a la increíble ceguera colectiva frente a la dilapidación de recursos que permitirían asegurar el salto al desarrollo que el país necesita. Se debe renunciar con urgencia a la defensa dogmática de “la estabilidad de las reglas del juego” que en este caso son directamente injustificables y privan a los chilenos ni más ni menos que de un mejor futuro.



(*) Doctor en economía de la Universidad de Paris, académico de la Universidad de Santiago.









--------------------------------------------------------------------------------



--------------------------------------------------------------------------------

[1] ¿Le cosquillea o le picotea ?

[2] Todas las citas atribuidas a Gonzalo Martner están tomadas de su texto titulado “Turbulencias económicas” que reproduzco al final de esta nota.

[3] Pichi: poco, pequeño, en Mapu Gundun.

[4] Faux ami: falso amigo, facilidad engañosa, en francés.

[5] “I call my philosophy and approach compassionate conservatism. It is compassionate to actively help our fellow citizens in need. It is conservative to insist on responsibility and results. And with this hopeful approach, we will make a real difference in people’s lives”. George W. Bush. April 30, 2002.

[6] Comportamiento que no deja de ser curioso en monetaristas convictos y confesos.

[7] «Toutes choses étant égales par ailleurs»: sin cambiar ninguna otra variable o parámetro. “Todo lo que no sea la variable considerada sigue igual”.

[8] Informe de consultas sobre el capítulo IV. Fuente: FMI.



[9] Martner olvida la baja de impuestos, medida reclamada a voces entre otros por el parlamentario DC Jorge Pizarro, en particular en materia de combustibles.

[10] Participación que el neoliberalismo rechaza cuando se trata de gasto social, pero que aplaude cuando se trata de transferirle recursos al sector privado. El presidente de la Asociación de Bancos, Sr. Hernán Somerville, recomienda reducir el gasto social pero no dice una palabra con relación a las cuantiosas subvenciones que recibe Transantiago a través del AFT, organismo presidido por el Sr. Somerville Hernán.

[11] Armen Kouyoumdjian explica ese fenómeno de muy otra manera: “Unemployment in May rose 1.3 points in the year, to 8 %. In the 15-24 years bracket, the rate rose by 2.9 points to 20.1 %. Such statistics are 'talked up' by officials as reflecting a wider labour market, where women in particular, attracted by 'opportunities', are seeking work for the first time. Such imbeciles! The only reason for them to do so is because they are desperate for money. Otherwise do you think they are going to abandon their families and spend hours in the Transantiago for a gross U$ 300 per month?”



[12] Definitivamente, hay que leer a Armen Kouyoumdjian: “The minimum wage was increased by 10.4 % to 159,000 pesos from July 1st (U$ 310), which barely covers the inflation suffered by low wage earners. Even then, the business sector shouted as if they had been raped. In their usual callous way, those same economists whose consultancy fees are comfortably indexed in UF, predicted 'up to 36,000 redundancies', whereas a business leader suggested that workers 'should tighten their belts' (as if they could afford a belt anyway). They seem to be heeding the advice as the consumption of bread and milk has fallen. In several Latin American countries, producers and retailers have self-imposed price freezes on many staple goods. In Chile, they imitate Marie-Antoinette ».



[13] ¿Quién fija la meta?, ¿Sobre la base de qué criterios? Misterio…

[14] De todos modos más vale pájaro en la mano… que promesa concertacionista.



--------------------------------------------------------------------------------
Express yourself instantly with MSN Messenger! MSN Messenger





Articulos anteriores.

  • Comando del Cobre Antofagasta .Colaboración de MARIO FANTA LLAGOSTERA
  • El cobre chileno, un don de la Providencia . Julián Alcayaga O.
  • Proyecto Materias Primas. Nos estamos farreando el desarrollo. Colaboración del Sociólogo Mario Fanta Llagostera -Chile
  • Proyecto Materias Primas. Nos estamos farreando el desarrollo. Colaboración del Sociólogo Mario Fanta Llagostera -Chile
  • Louise Arbour dresse le bilan des droits de l'Homme
  • Michelle Bachelet en la misma ONU,
  • Fiestas Patrias y democracia escrito por Alejandro Lavquén Clarin)
  • Abogados del Programa del Ministerio del Interior descubrieron falla
  • PARA ESO ESTA LA CALLE . Pablo Varas
  • MESA DE IZQUIERDA - PSCH
  • Declaración de la CUT como balance de la jornada del 29 de agosto



IMPRIMIR