Una causa primigenia. Por Carlos Benítez Villodres
...
Puesta online a las 10:29, el 16 de Julio del 2008
Una causa primigenia
Por Carlos Benítez Villodres
El humor y el sufrimiento, las emociones y las preocupaciones… aparecen y discurren por la vida de las personas, desde las que están en los subterráneos del género humano hasta las que se encuentran en la cúspide, entremezclándose unos con otras tan soberbia y férreamente que ya nacen incontrolables. ¿Quién puede manipular a su antojo el carácter y el ingenio, o el dolor y la conformidad, o las emociones positivas (salud, bienestar, fortaleza…) y negativas (enfermedad, tristeza, desgracia…), o el desasosiego, la inquietud, la taciturnidad…? En circunstancias normales, cuanto más anduvo la persona por el tiempo universal, menos poder tiene sobre su yo y los acontecimientos que le sucedieron y continúan acaeciendo al transcurrir el tiempo. A veces, lo vital negativo se aposenta tan enraizadamente en determinados individuos, que éstos fueron creando, inconsciente –al cien por cien- y paulatinamente, mientras caminaban, una coraza psíquica que les permite vivir o sobrevivir, en definitiva, luchar contra las adversidades.
Los organismos vivos disponen de mecanismos perceptivos que les permiten reconocer aquellos estímulos que son significativos para la vida. Pero dicha percepción soluciona sólo una parte del problema, por lo que ésta no es suficiente para un ser vivo. Por ello, es de vital importancia saber si lo percibido y ya reconocido le es útil y favorable o, por el contrario, hostil y perjudicial para su componente psíquico-físico.
De todo ello se deduce, que cualquier proceso o situación placentera para su mente le repercute positivamente en su cuerpo o materia, pero si es causa de dolor y sufrimiento e introversión, este impacto psíquico puede somatizarse y dañar, con menor o mayor severidad, al organismo.
Está científicamente estudiado y comprobado que las personas tienen unos mecanismos, con los cuales determina si lo percibido es favorable para su supervivencia o no. Tales mecanismos, según V. J. Wukmir, seudónimo de Vladimir Velmar-Jankovic, (Korenica 1896- Barcelona, 1976), son las emociones.
La emoción es, según el profesor serbio, una respuesta inmediata del organismo que informa al sujeto del grado de favorabilidad o desfavorabilidad de un estímulo o situación. Si la situación favorece a su vida o supervivencia, experimentará una emoción positiva (alegría, satisfacción, deseo, sosiego, paz etc.), pero si el acontecimiento o el estado le es negativo, la emoción también lo será, impregnándolo de tristeza, desilusión, pena, ansiedad… Pero este mecanismo de la emoción, como depende de la identidad psíquica de la persona, sólo sirve, a modo de brújula y en cada situación. Gracias a él se puede buscar aquellas situaciones que son favorables a la vida o supervivencia (emociones positivas) y aquellas otras que alejan de las negativas (emociones negativas). Evidentemente no siempre que el hombre busca…, encuentra; no siempre que anhela distanciarse…, lo consigue.
Después de escuchar atentamente las anamnesis orales de pacientes con tumores malignos, en diversos órganos y sistemas de sus cuerpos respectivos, el tema “relación entre situaciones no deseadas, aunque a veces inevitables, con las diversas somatizaciones que las mismas pueden ocasionar”, deduje, como conclusión, que un porcentaje bastante significativo de las patologías orgánicas graves, curables o incurables, como existen en este amplio campo, se originó al somatizarse -en una persona sana y con una genética predispuesta a ello, con cierta edad y con un órgano débil por escasa nutrición u oxigenación de sus células- un trastorno psíquico grave, como consecuencia de la pérdida de un ser querido, de una enfermedad crónica y grave en él mismo o en una persona de las más allegadas, de un fracaso familiar o profesional, de la soledad, de la desesperación… En estos casos, la brújula de las emociones, sin ser conscientes de ello, señalaba el “norte” de la negatividad personal elevada a la enésima potencia. ¡En cuántos y cuántos casos de personas diagnosticadas de una determinada tumoración, ésta tuvo su solapado y críptico origen en una emoción negativa somatizada! Ciertamente la cusa que nos ocupa hoy no es la única etiología, sino una más, de los tumores malignos. Este origen primigenio al tener una concepción y gestación y nacimiento tan sumamente oscuros, como es el venero de la mente, apenas ha sido investigado. Es la primera vez que hago público estas reflexiones sobre el tema ya reseñado, pero… ¿pudo prevenirse estos males?; ¿por qué no se investiga más profundamente por los científicos más idóneos del orbe, este tipo de etiología cancerígena?; además de las expuestas…, ¿intervienen otras anomalías psíquicas-físicas, como causas directas o indirectas, para que estas enfermedades físicas continúe invadiendo, soterradamente, a la raza humana, y venciéndola en demasiados casos?
Ciertamente, al menos yo así lo creo y lo manifiesto, esta causa primera aludida también lo es de ciertas patologías cardiovasculares (infarto agudo de miocardio, accidente vascular cerebral…), ginecológicas (metrorragias profusas y anárquicas, cese espontáneo y a veces permanente del flujo menstrual, aceleración del principio de la menopausia…), psiquiátricas (alcoholismo, drogadicción, fobias, depresión, trastornos de personalidad múltiple, trastornos del comportamiento, ciclotimias, trastornos bipolares…, algunas de ellas con gran riesgo de suicidio), endocrinas, traumatológicas, reumatológicas, urológicas…
La influencia de las emociones negativas sobre nuestro organismo (somatizaciones) merece, en beneficio de la sociedad mundial, que se investigue profundamente, en el presente y en el futuro, por peritos en la materia en especial en aquellos países más desarrollados en investigaciones médicas. Sólo así se podrá iluminar la oscuridad que envuelve a este sinnúmero de somatizaciones a partir de una serie de irregularidades en las directrices mentales de las personas. Ahora a meditar lo leído.