Puesta online a las 10:16, el 22 de Julio del 2008
Verano de 2008
Por Carlos Benítez Villodres
Son días estos de problemas sin resolver, de laberintos cerrados, de ocio con abundancia de reveses y preocupaciones… Días de cielo rabiosamente azul y sin nubes, donde flota un sol repleto de incendios en absoluto apogeo. Días de compromisos inevitables, de encuentros no esperados, de puertas cerradas a cal y canto… Días sumamente pesados, largos, soporíferos…
Días estos en los que el pesimismo sobre la economía nacional y familiar crece vertiginosamente, sin control. A pesar de esta realidad, la gente marcha de vacaciones sin mirar hacia atrás, sin detenerse…, porque la mirada la tiene fija en la cartera y en cualquier presunto ratero de poca monta, porque hay que llegar al punto de destino antes que los rayos del sol derritan a los veraneantes en cualquier carretera, en cualquier lugar de descanso…
Hay que salir del círculo de la monotonía diaria, aplastante y devoradora, aunque para ello los currantes se hipotequen aún más de lo que están, ya que ninguno de ellos es el rey, ni este o aquel político, ni este o aquel empresario ricachón… A pesar de que en el lugar elegido el calor sea más asfixiante que en el de procedencia, hay que salir. Salir. Salir. Salir. Una obsesión fija, sin albas ni ocasos. Una obsesión que no admite fluctuaciones de ningún tipo. Hay que salir…, y se sale, aunque nos vaya la vida en ello. Risas bastante deterioradas, casi obligadas, en la salida. Durante la estancia veraniega, el viajero ríe por reír, habla por hablar, lee por leer, compra por comprar, deambula por calles y plazas desconocidas para él y su familia simplemente por andar, lo cual dicen que es bueno para la salud. Después, cuando llegue el día de la despedida, en eso no se piensa, a él y a su cónyuge y a su prole se les escaparán algunas lágrimas tontas. Vuelta a casa. De nuevo el currante se encuentra cara a cara con el hastío, con su puesto de trabajo, o de paro, o de pensionista, con los rostros de siempre…
El estío es la estación del año propicia para la bombas veraniegas de los asesinos de ETA; para los colapsos en las carreteras y ciudades de las costas españolas; para acrecentar el número de muertos en la red viaria del país; para olvidarse de las mentiras y más mentiras de los políticos en activo y en pasivo; para soñar y olvidarse de lo soñado…
En la susodicha época de cada año se imparten los cursos de verano de distintas universidades para profesores y no profesores, elegidos a dedo, ansiosos por echar unos euros más en sus arcas particulares; para un alumnado ingenuo y estancado que paga una sustanciosa cantidad de dinero por escuchar lo que al “capataz” de turno le salga de sus cataplines, todo menos cultura, es decir, temas tostones y vacíos y ajenos a lo que se espera. Obviamente estos charlas sin valía alguna no aparecen en los programas oficiales, porque si sus títulos salieran impresos…, otros gallos cantarían y otras gallinas pondrían.
Igualmente, en estío, retornan a sus localidades de origen aquellas personas, que todavía pueden desplazarse, emigrantes de aquella arrasada España, a la que yo nunca quise, inaugurada canallescamente por el “generalito” de El Ferrol y sus compinches golpistas. Hombres y mujeres que marcharon de sus pueblos y ciudades “con una mano delante y otra detrás” al encuentro de una vida digna, de una vida con sentido, de una vida repleta de vida. Estos ciudadanos, los que aún viven y no dependen de nadie, vuelven a sus raíces, a su juventud sin jóvenes, a sus recuerdos más amados… Luchadores natos en un país destrozado por el poder absolutista. Una nación vilmente asesinada, a la que ellos mismos, entre sueños, esperanzas y lágrimas, le dieron la vida con su sangre y su coraje y su trabajo pésimamente remunerado por los empresarios explotadores, fanáticos del régimen impuesto.
En este verano del 08, en España, la Justicia es menos justa; los grupos mafiosos y bandas criminales proliferan por doquier; Zapatero y Rajoy consultan, -antes de iniciar sus “merecidas” vacaciones- a tarotistas y videntes por el futuro de un país que está ahíto de cuentos, de hipocresías, de falsedades…; los pederastas prosiguen su proliferación y campean a sus anchas ante los ojos ciegos de una Justicia sumamente injusta; mal empieza el senador de Illinois, Barack Obama, y futuro presidente de los EE UU, al realizar una gira a Afganistán, a varios países de Europa (Francia, Alemania y Reino Unido) y a Oriente Próximo, ninguneando, en su periplo, a España; Gaspar Llamazares, ateo empedernido, desde su “Asturias, Patria querida, / Asturias de mis amores; / ¡quién estuviera en Asturias, / en todas las ocasiones!”, pide por correo electrónico las opiniones de Melchor y Baltasar, sus compañeros de fatigas, sobre el mismo asunto. Al monarca Juan Carlos no se atreve, ya que entre ellos está de por medio -con misión de foso repleto de cocodrilos, caimanes y anacondas- el republicanismo. No deja de ser curioso que Llamazares continúe con el nombre que le impusieron, el del rey de oriente, Gaspar (del griego “Amerín” y del hebreo “Galgalath”), joven moreno que regaló incienso a Cristo. El incienso, resina aromática vegetal con aceites esenciales de origen animal o vegetal, representa la naturaleza divina del Mesías. A buen lector entendedor, pocas palabras bastan. De los “verdes”, más negros que el hollín, así lo tienen quienes pueden tenerlos, escribiré en otra ocasión. Ahora a meditar lo leído.