Puesta online a las 16:18, el 25 de Julio del 2008
CHILE NO ES UN PAIS DEMOCRATICO
PabloVaras
Chile está muy lejos de ser el país que intenta alejarse del pasado reciente: la dictadura de las Fuerzas Armadas.
De forma recurrente y cotidiana vemos a los responsables del gobierno utilizar los mismos medios, las mismas palabras y los mismos fraseos con el que los militares nos martillaron durante años.
¡Chile no es un país democrático!
Hay medio millón de personas que votan y no tienen representación en el parlamento, teniendo los votos suficientes para que sus candidatos puedan llegar al poder legislativo. Este sistema electoral es otra nefasta herencia de la dictadura.
Las Fuerzas Armadas diseñaron muy bien las elecciones parlamentarias para que nunca más, una parte de la izquierda tenga derechos. Cuando sus ideólogos construían el sistema binominal, estaban apostando para que la derecha y una oposición alejada de los sectores populares -lo que es hoy la Concertación- administre el gobierno, sin que el modelo sufra la más minina fisura, como constatamos actualmente
Finalmente es muy difícil creer que la Concertación hará todos los esfuerzos para posibilitar que la izquierda -que es más depositaria de los sueños de los sectores populares- pueda acceder a una pequeña cuota de parlamentarios.
El gobierno y la derecha, con el número actual de diputados y senadores en su distribución nacional, no harán nunca el verdadero intento por cambian las leyes que marginan a miles de chilenos. ¿Para qué modificarlo si ellos se reparten el país y los votos? No les interesa porque la actual legislación les asegura su estabilidad y permanencia en el poder. Este es un modelo insostenible por ser antidemocrático.
¡Chile no es un país democrático!
Los cambios constitucionales que se hicieron bajo el mandato de Ricardo lagos, emanan de un Congreso Nacional excluyente y falto de absoluta representatividad. No están todos los sectores políticos representados y eso no es democracia, es cualquier cosa, pero democracia sencillamente no es.
Todos los responsables en el gobierno y sus parlamentarios sostienen que la derecha no quiere cambios, que la Concertación no tiene los votos para hacerlo, que solo queda negociar y cuando esto sucede, la derecha hace lo que sus intereses le dictan. En suma, quien pone las reglas del juego es la UDI y RN y la Concertación se adhiere.
Decir que en la Concertación todos son unos “ilusos”, “demócratas convencidos” es una falsedad. ¡No es así! Existe un acuerdo que nace de la comodidad para que los dos bloques mayoritarios puedan participar de un juego, que es para ellos “justo”, y para miles de chilenos “excluyente. Los excluidos sólo son importantes en las segundas vueltas electorales, en otro contexto no.
¡Chile no es un país democrático!
En estos años, todas las leyes que se han votado en el Congreso, llevan el indeleble sello de la derecha política -herederos y voceros de la dictadura militar- los representantes de las empresas norteamericanas y del capital extranjero.
¡Chile no es un país democrático!
El pilar fundamental que es la educación, no está a la altura de las demandas y exigencias de un proyecto de largo alcance, digna de un tercer mileno. Cada año el país se va distanciando de los altos grados de mejora global de contenidos. Los mejores científicos abandonan el país en busca de mejores intereses. El aporte que el Estado asigna a la investigación es miserable, en comparación con la compra de material bélico.
Chile es un país con un enorme atraso, en todos sus aspectos fundamentales. Los cambios más significativos los hizo la dictadura; vendió el país a bajo precio, a quienes ofrecían más y tenía a los uniformados para detener cualquier intento de oposición. Las FFAA hicieron el “trabajo sucio” y la Concertación ha demostrado que administra muy bien este modelo.
Chile como nación, no puede seguir existiendo con leyes excluyentes, se necesita dar un salto con el respaldo de todos los que aspiran a una patria libre, justa y participativa.
Chile será verdaderamente democrático cuando en una Asamblea Constituyente o en un Plebiscito, se den los lineamientos para que el Estado cumpla con su tarea primordial: el bien común y para que cada uno tenga un lugar y esté verdaderamente representado.