La experiencia histórica en el Día de la Mujer La plataforma de igualdad entre hombres y mujeres tiene un sello progresista
No está de más recordar que durante la dictadura el Día Internacional de la Mujer no constituía una conmemoración aceptada por el autoritarismo ni validada por sus sectores político-partidarios afines, hoy nucleados en RN y la UDI. A la inversa, la expresión pública de las demandas de género era fuertemente reprimida, ya que la interpretación del régimen militar consistía en que el 8 de marzo marcaba la apertura de las manifestaciones antigubernamentales y se analizaba como un test de orden p...
Puesta online a las 11:14, el 10 de Marzo del 2009
La experiencia histórica en el Día de la Mujer
La plataforma de igualdad entre hombres y mujeres tiene un sello progresista indeleble; esta agenda ha pertenecido y se ha desarrollado en los mundos del centro y la izquierda.
No está de más recordar que durante la dictadura el Día Internacional de la Mujer no constituía una conmemoración aceptada por el autoritarismo ni validada por sus sectores político-partidarios afines, hoy nucleados en RN y la UDI. A la inversa, la expresión pública de las demandas de género era fuertemente reprimida, ya que la interpretación del régimen militar consistía en que el 8 de marzo marcaba la apertura de las manifestaciones antigubernamentales y se analizaba como un test de orden público.
Este antecedente histórico es útil para comprender -más aún porque suele obviarse el peso del reciente pasado- los avances que ha registrado la convivencia nacional en el contexto de la tarea democratizadora de la Concertación. Hoy el Día de la Mujer es -y esto podría afirmarse sin temor a equívoco- una ocasión de consenso, donde el conjunto del arco ideológico y social se interroga acerca de los grandes desafíos que la igualdad de los sexos todavía plantea a la sociedad chilena. Desde luego, cada organización o grupo de interés revisa la fecha a partir de su propio prisma y elabora sus ofertas en función de tal visión cultural.
Sin embargo, la extensión del Día de la Mujer al conjunto de la nación no debería tampoco conducir a una suerte de homologación acrítica. En este ámbito no conviene perder la perspectiva: la plataforma de igualdad entre hombres y mujeres tiene un sello progresista indeleble; esta agenda ha pertenecido y se ha desarrollado prioritariamente en los mundos del centro y la izquierda y se ha debido enfrentar con la fuerte resistencia cultural y mediática de los sectores conservadores. No hace demasiado tiempo la mayoría de la actual oposición de derecha vetaba (o intentaba limitar sus alcances) enmiendas que hoy son parte fundamental de nuestra institucionalidad y no admiten reparos, como la Ley de Divorcio, el régimen económico del matrimonio, la igualdad de derechos de los hijos y el término de la incapacidad relativa de la mujer en relación al marido. Que estas reformas sean hoy sustantivas a la nueva condición de la mujer es una demostración de los progresos logrados en los últimos años.
Quedan, sin embargo, áreas donde persisten carencias necesarias de corregir. En este cuadro se inscriben la igualdad salarial entre hombres y mujeres en el mercado del trabajo y el aumento de la participación política femenina. Las dificultades que se han hecho visibles para obtener resultados en estos ámbitos revelan la urgencia de dictar cuerpos legales, en el marco de una sana discriminación positiva, que obliguen a la sociedad a ejecutar estos imprescindibles cambios sociales. De hecho, el reciente domingo la Presidenta de la República ha demandado romper la "inercia" y dar un nuevo impulso a la discusión legislativa de aquellas materias. La respuesta debe provenir de la clase política. Las mujeres y sus organizaciones tienen que asumir en este sentido una actitud de control y vigilancia de sus derechos.