Jugar con las palabras Por Carlos Benítez Villodres Desde mi entrega plena a “mi” misión de escribir
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Puesta online a las 9:33, el 13 de Abril del 2009
Jugar con las palabras
Por Carlos Benítez Villodres
Desde mi entrega plena a “mi” misión de escribir, de la cual soy dichosamente consciente, estoy una vez más, amigo lector, en las estancias interiores de su yo, con los actos y las circunstancias que voluntaria o involuntariamente laten en su vida y en su condición humana.
Quien esto escribe y firma juega con las palabras como usted puede hacerlo con cualquier otro ejercicio intelectual o recreativo. Jugar con las palabras puede ser una acción que no conlleve riesgo alguno o, por el contrario, que esté repleta de arriscos debido a los efectos y consecuencias que dicha actividad puede desencadenar, cuando se denuncia públicamente las tropelías y vejaciones que padecen aquellos hombres y mujeres que comen cada día las letales hierbas de las injusticias, del desamparo, de la indigencia, de la machacadura..., en definitiva, de la crucifixión diaria.
Cuando la palabra molesta, hiere a alguien, sobre todo a dirigentes políticos, religiosos, empresariales..., es porque en el turbulento mar de esas mentes impera la tempestad de la malicia más mezquina, ésa que se engendra en las simas tenebrosas del egoísmo, la prepotencia, la ambición, la venganza... Por ello, siempre habrá quien tema que el “verdadero” jugador de palabras libere del vergel de su intelecto pensamientos de gran riqueza, ideas que activen y colmen de poderío, tesón y confraternidad la energía paralizada de los hombres y mujeres subyugados.
En este artículo que usted, querido lector, está leyendo, quizá hasta saboreándolo, excluyo a aquellas personas que también “juegan con las palabras” para informar, culturizar, opinar sabia y honestamente, recrear de corazón a corazón...
Un gran amigo mío, Cecilio, nacido en pleno centro del Albayzín, en donde vive en la actualidad, cultivador nato de la planta de la amistad pura en las feraces campiñas de su ser, me manifestaba con la seriedad de su propia convicción, al respecto de lo antedicho en los tres primeros párrafos, que “a veces, en la navegación cotidiana de cada ser humano por los mares de la vida, nos desespera, nos angustia ver sólo cielo y agua, pero no olvidemos nunca que siempre existe un puerto para nuestra nave. Busquémoslo sin desfallecer porque seguro que él nos está aguardando”.
El “verdadero” jugador de palabras se diferencia del “falso”, porque el primero usa los vocablos para donar ideas que den vida fecunda y con calidad, amor, sosiego, igualdad, libertad..., a aquellos que caminan, como él, hacia la luz que engendra lo divinamente hermoso del espíritu individual y universal.
Sin embargo, los dos tipos más significativos de los nominados “falsos”, ya que existen más grupos en esta escala, son los que a continuación les detallo. A un primer grupo de ellos pertenecen los “jugadores”, amantes del oro, de la indiscreción, del deslenguamiento, del allanamiento de la intimidad de ciertos personajes..., que empapan de nonadas y simplezas y enredos comunes las incontables mentes hueras, desde el fisgoneo incesante, la astucia y el avasallamiento, con un léxico vacío muy propio de los “jugadores excrementos”. Los militantes de este primer ejército de fuleros y cazamemeces son muy conocidos por una gran parte del pueblo que les sigue, incondicionalmente, día tras día entre aplausos desganados, chismorreos soporíferos y risas ajadas con etiqueta de obligadas por quien tiene la “vara de mando”. Y, si usted, querido lector, no sabe quiénes son los aludidos..., mejor que mejor, y reciba mis más cálidos parabienes por su erudita ignorancia.
En la segunda colectividad están afiliados aquellos otros “falsos jugadores de palabras” llenos de ansia de poder, codicia, odio, perversidad, infamia..., pero que con suma sagacidad transmutan, desde la atalaya de su privativa frialdad y rigidez cadavérica, las reglas de su “juego” por otras, totalmente desfiguradas y amañadas y quiméricas, producto de sus alucinaciones delirantes. La capacidad de seducción de estos seres autócratas, respecto a la irracionalidad fanática de sus seguidores, es extraordinaria y fogosa. La película de la historia de la humanidad está, por desgracia, llena de estos protagonistas, incluso en nuestros días abundan estos seres, que persiguen, privan de libertad y matan, arbitrariamente, a quienes no comulgan con sus ideas abusivas e imperialistas. No hay crimen más atroz que convertir en polvo de árido desierto, en nada, el vergel en donde nacen y desde donde vuelan hacia los corazones entregados a la bondad...,las palomas mensajeras del pensamiento.
Por ser un obstáculo para sus proyectos y objetivos a lograr, los Derechos Humanos, que deben ser fielmente cumplidos en todos los países del mundo, son decapitados por estos amantes del poder absoluto y por sus propios vasallos para, posteriormente, ser arrojados a las profundidades marinas. Tengamos siempre presente que hasta en las naciones más democráticas, las transparentes aguas del mar de los Derechos Humanos aparecen, en ciertas ocasiones, ante el mundo turbias y cenagosas, porque hay que ser muy buen demócrata para que el poder no nos antidemocratice.
Los líderes políticos, religiosos, empresariales... deben tener muy en cuenta que sólo hay un paso para convertirse en esa fiera que despedaza a dentelladas sangrientas no sólo al pueblo que tiraniza, sino a toda la humanidad. No olvidemos que a ciertos dirigentes no les gusta “el verdadero juego de las palabras”; a veces sus mensajes, “esos rayos que no cesan”, encierran, bajo un plumaje de luz, colorido y belleza, cánticos de revolución.
Juguemos con palabras sin aristas, sin dobleces, sin disfraces... Vocablos que cimientan y elevan ideas que abren caminos, apaciguan tempestades, siembran y cultivan la paz y proporcionan una óptima calidad de vida para todos los hombres y mujeres, en cuyos generosos corazones procrean y abrigan deseos y esperanzas con ansia de progreso para el presente, en muchos campos aletargado, y el futuro. Ahora a meditar lo leído.