Apuntes: Pudahuel y sus depredadores (1977) La herramienta ya volaba. Unos dicen que son aviones, otros dicen, objetos
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Puesta online a las 9:41, el 04 de Septiembre del 2008
Apuntes: Pudahuel y sus depredadores (1977)
La herramienta ya volaba. Unos dicen que son aviones, otros dicen, objetos voladores, y yo, que nunca tengo razón, le llamo, herramienta que sirve para volar. Pudahuel y su bar, Pudahuel y sus maltas, Pudahuel y Rolando Alarcón: tiempos de Unidad Popular, con Rolando las maltas tiritaban. Eran tiempos del taladro, para otros, tiempos del gato, y para mi, tiempos del torno. Unos, esos con cuñas para escribir en los diarios momios, decían que las balas del pinocho eran la broca de la libertad. En Pudahuel me despedí de la patria aserruchada. La DINA, andaban con tenazas en medio de los amigos y familiares que despedían al pasajero. Exorbitante es el precio que se paga si uno de los verdugos te llevaba a la otra oficina... Enorme oficina con puertas hacia la loza de aterrizaje. Ahi se estacionaban los camiones de los militares. Antes que los golpistas ocuparan Pudahuel yo había trabajado en él. Eran los tiempos de obra. Conocía al revés y al derecho el aeropuerto. Al pasar por el control de la policía, unos depredadores con corbata negra, controlaron mi pasaporte y mis pasajes. Ellos andaban con una carpeta bajo sus brazos. "Va a Perú y vuelve?, me preguntó un depredador. Yo, en mi asamblaje de palabras, (algunos me decían el cura, por mi forma de hablar) respondí con amabilidad. Va por estudios?, preguntó otro depredador. Hago estudios de antropología, respondí. Qué güea es eso? pregunto otro. No me alarmó la ignorancia de los depredadores. Pensé que esa gallada vive de penitencias para que no tengan que interrogar pasajeros, etnólogos, paleólogos... Les respondí y expliqué algo sobre lo que iba hacer en Perú. Caezón, el compadre, dijo un depredador. Al pasar el control tuve otros temores. En Chile se desaparecía de dos formas: primero todo el mundo te veía pasar la aduana, segundo, en el tránsito te pedían pasaporte y te llevaban a la oficina grande. La junta militar decía que los desaparecidos andaban turistiando por Europa. Eran los métodos que usaban porque eso lo hacían en Mendoza u otros desembarques del Cono Sur. La herramienta voladora era americana. Su ingreso estrecho. Una gringa me dio la bienvenida. Tomé mi asiento. A los pocos segundos se sienta una mujer a mi lado. Se veía nerviosa, arrepentida y casi alterada. Yo me sentía un inquilino de la herramienta voladora. La mujer deseaba confesar algo. El piloto del avión rectificaba el motor. Es una maravilla dejar Chile y al tirano, me dijo. En ése momento asocié la casualidad con al intencionalidad: yo dejaba Chile, ella capturaba a los que lo dejaban. Ya conocíamos muy bien todas las asociaciones de provocaciones de la DINA. Argentina había sido mi primera experiencia fuera de Chile. Infiltrada hasta en las animitas de las carretas porteñas. La Perón había concordado con el tirano la caza de los compañeros quemados. Tantos cayeron en la trampa: Mendoza y el terminar, Mendoza y la DINA, Mendoza y la chica, una lanza y prostituta de la DINA. Al llegar Videla muchos compañeros fueron capturados y luego, enrollados con alambres de púa, los explotaban con dinamita. El gesto de la mujer en el avión era embarazoso. Encantaba su forma de hablar. Convencía su tema. Su lengua era negra. Me preguntó mil cosas. Repetí lo de antropología. !Fascinante! me dijo. Me pidió qué le explicará algo sobre antropología porque ella no entendía nada. No tuve estupor. Iba preparado para mentir. La herramienta inició a tomarse el cielo. Mientras yo hablaba como un cura y, al mismo tiempo, hablaba de las hazañas de los Mayas, Incas y Mapuches, pues aterrizamos en Lima. No tuvo más que escuchar. En Lima entró a una oficina. Mientras yo hacía cola para salir del aeropuerto vi a la mujer que hablaba con unos de la interpol peruana. Al llegar al control de pasaporte me negaron el ingreso a Perú. Pregunté la razón. Me dijeron que no era bienvenido y que debía volver a Chile. No me hice un drama. En el tránsito se me acercó Javier, un chileno que viajaba de Lima hacia Frankfurt. Me entregó una bolsa con dos botellas de pisco... y en su interno el pasaje para Alemania. Amigo, su bolsa, me dijo. Al alba tomaría un avión Ruso, Aeroflot, que me llevaría hasta Cuba y, desde ahí hacia Alemania. Mientras fumaba un pucho, dos hombres, policías en civil, me preguntaron hacia dónde viajaba. Pues les dije que iba hacia Alemania. Ahora, ya no estaba la mujer de la DINA. Me miraban la bolsa con las botellas de pisco. Les pregunté si deseaban probar el pisco chileno. Pues, asombrosamente, aceptaron. Me dijeron que fuéramos a la oficina a tomarnos la botella. Había dado un paso muy complicado pero necesario. En la oficina estaba el jefe de ellos. Vio que uno de sus colegas preparaba los vasos y no dijo nada. Los policías se tomaron mis dos botellas de pisco. Me preguntaron mil cosas... respondí mil mentiras. Al alba me acompañaron hasta el avión Ruso. Al ingreso me dijeron que nunca más volviera a Perú.