ACOSO SEXUAL EN EL TRABAJO Mauricio Otero.- Cuando el empleador es un hombre y hace sentir el peso de su ridículo poder, es
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Puesta online a las 18:13, el 26 de Mayo del 2009
ACOSO SEXUAL EN EL TRABAJO
Mauricio Otero.-
Cuando el empleador es un hombre y hace sentir el peso de su ridículo poder, es decir, el del dinero, mal o bien habido, estamos en instancias, no sólo antijurídicas, sino ante un cobarde que se las da de “machito”.
En Chile y en Osorno esto es algo lamentablemente corriente, ordinario, que no respeta dignidad ni integridad. Se transforma en violencia, primero psicológica y luego física o de apremios ilegítimos.
Aquel que pretende andar con “chicas” a espaldas de su mujer, es poco varón, que insulta al sexo opuesto, desde su nariz polvosa… Dinero, drogas y triple equis van de mala mano, esto es, configuran ilícitos.
Si una dama, por exigencias de mantener un hogar, recurre a emplearse, y si sucede que el acoso adviene, es sentencia por cooptación, léase, chantaje, por la incapacidad de la víctima en defenderse, pues perdiera su labor.
En Suecia las leyes favorecen a la mujer, en cualquier caso. Es un país justo. Hay democracia desarrollada. A un hombre se le encausa por sugerir o decir, basta con ello. En el país de las damas, los cobardes no tienen modo de hacer trampa.
La ley 20.005 que reglamenta en Chile estos asuntos, todavía –siendo un aporte- debe rigidizarse, haciendo que los culpables sufran el escarnio de su desvergüenza, fuese el poder que tuvieran, de mercado, de sociedad o público.
Los canallas que andan sueltos, acaso son más, y bravucones, o “maricones”, de actuar de mala fe, de sobrepasarse, de creer que por la condición –accidental y no duradera- de tener el poder, aunque no el poderío, están en el supuesto camino de abusar de la gente, de señoras, de damas separadas o divorciadas, de niñas o jóvenes que necesitan los recursos monetarios. Quien actúa así, es un berraco, un porcino laboral, y su influencia, llega hasta su fétida nariz, acostumbrada a costar, a costear y a sentir –paranoide- que el podercillo que ostenta le otorga el “derecho de abusar”, de acosar, de deslizar velado o abierto que su marrueco entra en las condiciones del servicio prestado.
En los años de la mujer, que son toda la vida, debemos por obra de la ley, mandar a la cárcel a los acosadores. Que no adoran a nadie, sino a su poder, a su “verguita” o verruguita…
Arrugar la nariz, por favor, e ir a vomitar, “señor” empleador… Ya entra en funciones la ley, y el sujeto ha de ir preso.-