La UNASUR y los desafíos de la unidad latinoamericana La decisión de la Corte de Apelaciones sobre Omar Khadr
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Puesta online a las 9:10, el 17 de Agosto del 2009
La UNASUR y los desafíos de la unidad latinoamericana
La decisión de la Corte de Apelaciones sobre Omar Khadr
La UNASUR y los desafíos de la unidad latinoamericana
Esta semana se reunió en Quito (Ecuador) en el marco de crecientes tensiones regionales, la cumbre de la Unión de Naciones Sudamericanas, unasur, un ambicioso proyecto de integración continental económica política social y económica iniciado en 2008. Este proyecto se plantea además para asegurar una voz propia a la región en la Organización de las Naciones Unidas y en la Organización Mundial de Comercio, entre otras y constituirse como un cuarto bloque regional mundial. También responde al proceso de afirmación regional de los últimos años, buscando la unasur el mantener la autonomía de las naciones sudamericanas de la zona de influencia de Washington. Aunque por el momento cuenta con los doce países sudamericanos además de Surinam y Guayana, la unasur aspira a cobijar en sus seno los países del Caribe y de América Central después de cinco años de creada (2013).
La idea de la unasur se decidió en la cumbre realizada en diciembre de 2004 en Cuzco (Perú), pero fue sólo el 23 de mayo de 2008 que los 12 países de América del Sur firmaron en Brasilia, el Tratado Constitutivo dela Unión de las Naciones Sud Americanas. Este Tratado estipula que la unasur busca “construir una identidad y una ciudadanía sudamericana y desarrollar un espacio regional integrado en el dominio político, económico, social, cultural, del medio ambiente y de infraestructuras”. Este proyecto va más allá del Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela), más allá de la Comunidad Andina (Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia). Más allá del ALBA porque persigue englobar los países sobre una base geográfico y no solamente de proyectos políticos comunes atrayendo a países como Chile Surinam y la Guyana que no se habían integrado formalmente a esos procesos de integración regional.
La propuesta integradora de la unasur responde a nuevas tendencias de integración del estilo de la Unión Europea. Los países que la componen tienen un peso geográfico, económico y cultural que la hacen viable y responde a la idea de unidad continental planteada desde la independencia de España. Los doce países de la unasur cubren 17,6 millones de km2 y habitan 382 millones de personas que se reclaman de una historia semejante. Aunque el ingreso por cápita anual de 7,557 dólares es tres veces menor que el de la Unión Europea que le sirve de modelo de proyecto de integración , la unasur puede efectivamente convertirse como los señaló el presidente ecuatoriano Rafael Correa en la cuarta región mas desarrollada del mundo.
Existen problemas estructurales sin embargo para que se concretice la unasur. La disparidad entre países es mayor que en Europa. También la segmentación social y la disparidad de ingresos es mayor al interior de países aparentemente más desarrollados como en Chile y en Brasil. Esta situación provoca una inestabilidad social y política importante de la región que cuenta con democracias frágiles surgidas, después del último ciclo de gobiernos militares.
Ello hace que aunque la actividad militar y conflictos militares abiertos son menores que en otras épocas, a la excepción notable de Colombia, la región es un hervidero de nuevas y diversas propuestas, por el fracaso del neoliberalismo de los años ochenta y noventa.
Según los observadores, y a diferencia de Unión Europea, donde luego del desplome del socialismo real del Este Europeo, hay un consenso político relativo en torno a variantes del modelo de libre mercado.
Por una serie de razones en América latina, la situación es más compleja lo que hace difícil el proyecto de la unasur: entre otras, por la historia de subordinación de la región frente al imperialismo estadounidense y las transnacionales; por la existencia de gobiernos civiles frágiles; por las importantes desigualdades sociales; por la existencia de distintos modelos de desarrollo y diversas propuestas políticas son muy importantes.
Hay experiencias políticas populistas progresistas como las de Venezuela, Bolivia y Ecuador; hay experiencias moderadas que se reclaman del pragmatismo modernista como las de Brasil, Argentina. Uruguay, Paraguay en incluso Chile y; gobiernos de derecha con mayores ó menores niveles de represión y militarización como en Colombia o en Perú.
Aunque puede argumentarse que toma tiempo construir un proyecto como el de la unasur porque el de la Unión Europea ha demorado más de 50 años y todavía sigue inconcluso, no está claro que pueda avanzar en el marco de creciente polarización de la región y el creciente intervencionismo estadounidense. Ello es lo que ocurrió en la cumbre reciente de la unasur con la dificultad en avanzar en la unificación de proyectos de libre comercio de la región, con las polémicas sobre las siete bases militares estadounidenses en Colombia, el golpe de estado en Honduras y la creciente intervención de la nueva administración estadounidense en América latina.
Los desafíos de la unasur
Desde sus inicios la unasur ha expresado las dificultades del proceso de integración económica latinoamericana y de Sud América. La situación económica de América latina se verá afectada por la crisis económica internacional porque se traducirá en contracción del 2% aumentando las dificultades económicas, y no se ve que la unasur se transforme en la instancia que permita unificar otros proyectos de integración económica para enfrentar la crisis, como son los del Mercosur o el de la Comunidad Andina, por no hablar del ALBA. Se mantiene la situación de mantenimiento de los bloques comerciales, que hizo renunciar al primer secretario general de la unasur Rodrigo Borja, por la resistencia de los dirigentes sudamericanos al proyecto del colocar la Comunidad Andina y el Mercosur bajo la égida del unasur.
Aunque algunos creen que es Brasil quien actúa como motor de la unasur, lo cierto es que Chile ha jugado un rol importante porque su presidente Michelle Bachelet asumió la primera presidencia anual, Por su parte Colombia siempre ha manifestado sus reticencias frente a la unasur. Era el presidente colombiano Álvaro Uribe quien debía asumir la presidencia pro tempore de la unasur, y fue por descarte que esta recayó en la presidente Chilena Michelle Bachelet quién la entregó esta semana a Rafael Correa - quien asumía precisamente esta semana su segundo mandato como presidente de Ecuador.
Las tensiones políticas en la región han aumentado. Por un lado, el golpe de Estado del 28 de junio en Honduras anuncia nubes borrascosas sobre las frágiles democracias latinoamericanas y los procesos progresistas, haciendo temer el retorno de un nuevo ciclo de golpes de estado de derecha luego de veinte años de gobiernos civiles.
La cumbre decidió - como lo han hecho los gobiernos y otros foros multilaterales de la región, incluida la Organización de Estados Americanos y organizaciones internacionales como la Asamblea General de las Naciones Unidas -; exigir que el presidente legítimo de Honduras Manuel Zelaya sea reintegrado en sus funciones sin condiciones de ningún tipo. Hay unanimidad de parte de los gobiernos integrantes de la unasur en favor de la democracia representativa y el estado de derecho. El problema es que ello no significa una misma estrategia como lo demuestra la división de la región entre una política de apoyo irrestricto a Manuel Zelaya y los aliados de la política de Washington.
En efecto, los gobiernos de derecha coinciden con Washington en considerar el Golpe de Estado en Honduras como un asunto de carácter interno, en el que basta declarar que fue ilegal y llamar a que se restablezca el orden democrático en Honduras. El presidente Barack Obama confirmó esa posición de Washington en la cumbre del desarrollo Económico y de la Seguridad en Guadalajara entre los miembros del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte. Para quienes podía dudar, criticó que: “Las mismas personas que dicen que los americanos deben dejar tranquilos sus vecinos del Hemisferio Sur, reprochan hoy a Washington de ignorar Honduras. Esa Hipocresía debe terminar”.
El problema de la declaración del presidente Obama es que existe consenso en la región que los golpistas hondureños contaron con el apoyo de los equipos de la administración Bush que están todavía en Honduras y en el sistema político estadounidense. Otros argumentan que las disensiones internas de la administración Obama abrieron flanco a los putshistas porque Manuel Zelaya se identificaba demasiado con Hugo Chávez. En ese marco, lo menos que podría hacer el presidente estadounidense es reconocer que no es el único portador de la política estadounidense hacia Honduras.
Otra contradicción de esa formulación de no intervención es la polémica causada por el incremento de la presencia militar estadounidense en Colombia con la proyectada instalación de siete bases militares bajo el pretexto de un fortalecimiento del llamado Plan Colombia. Un acuerdo militar que desestabiliza la región y que preocupa los gobiernos progresistas en condiciones en que no ha habido ni aumento repertoriados del narcotráfico ni incremento del llamado terrorismo en el lenguaje de la Casa Blanca.
Los observadores consideran que después de nueve años de asistencia económica y militar, como parte de la lucha contra las drogas la ampliación del “Plan Colombia” se transforma en una plataforma militar, un portaviones estadounidense en el corazón del continente sudamericano al entregar oficialmente a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos el derecho de usar tres bases terrestres, dos bases aéreas y dos bases marítimas en el país andino. Un incremento de la presencia militar estadounidense que puede explicarse por el cierre de una base estadounidense en Ecuador, pero que se inscribe en una política de aumento de la intervención militar estadounidense en América latina bajo la nueva administración Obama, de épocas que se creían abandonadas. Más aún cuando los militares estadounidenses en suelo Colombiano están amparados por el acuerdo de impunidad que el ex presidente Bush firmó con Bogotá.
El presidente Álvaro Uribe ha sido criticado en el Congreso Colombiano y se vio forzado a hacer una gira por diversos países y aunque Perú y otros países como Chile y Brasil, aceptaron el gesto Colombiano como parte de su soberanía, ellos exigieron garantías que las acciones militares se limitarán al territorio Colombiano. Por su parte el presidente venezolano Hugo Chávez declaró que ello podría llevar a una guerra regional. El ministro de relaciones exteriores de Ecuador consideró que ello puede llevar a una carrera armamentista y una escalada de seguridad. Por su parte Fidel Castro denunció la concesión de bases militares a las Fuerzas armadas de Estados Unidos inscribiéndola en el verdadero objetivo de “control de los recursos económicos, el dominio de los mercados y la lucha contra los cambios sociales.” Y en ningún caso por la justificación falsa de lucha contra las drogas y el terrorismo.
La cumbre de la Unión de Naciones Sudamericanas, la unasur concluyó finalmente, sin un pronunciamiento común sobre la utilización por Estados Unidos de siete bases militares en Colombia porque no hubo consenso frente a una propuesta de condena presentada por Bolivia. El caso seguirá siendo tratado en una reunión de cancilleres y ministros de defensa en Quito el 24 de Agosto, para adoptar una postura común y se propone convocar una reunión presidencial en Argentina a la que se invitaría a Álvaro Uribe para que se explique.
Además, Brasil pidió en la unasur que se convoque la administración Obama a un diálogo sobre el pacto de las bases militares en Colombia por Fuerzas Armadas estadounidenses – ello podría hacerse al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
El tema de las siete bases militares en Colombia puede dividir y desarticular la naciente unasur. Ello revela el choque entre proyectos políticos disímiles en la región, tributarios de realidades históricas y los desafíos económicos políticos y sociales que existen en América del Sur. Pero, y los más inquietante, es que revela una continuidad de la política de intervención estadounidense cobijada bajo una retórica novedosa que no resiste el análisis y que parece perseguir el objetivo de dividir los países de la región para restablecer la zona de influencia de Washington.
La decisión de la Corte de Apelaciones sobre Omar Khadr y el trato de los ciudadanos canadienses en el exterior
La corte de apelaciones federal de Canadá confirmó la decisión que obliga al gobierno de Stephen Harper a pedir el repatriamiento del canadiense Omar Khadr que se encuentra desde 2002 en el campo de concentración estadounidense en Guantánamo. Se trata de una confirmación de que el gobierno federal no sólo abandona sus ciudadanos cuando tiene problemas en el exterior, sino que además no está respetando sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, particularmente en cuanto se refiere a la convención internacional sobre los niños soldados. Una situación preocupante porque es un nuevo antecedente que se agrega a la situación de otros canadienses y que significa un cambio de política en esta materia por un caso por caso, que no ha sido discutido por los ciudadanos canadienses.
La publicación el viernes 14 de agosto del veredicto de la corte de apelaciones federal señala que los derechos constitucionales del ciudadano canadiense Omar Khadr, detenido en Afganistán en julio de 2002, presuntamente por haber matado un soldado estadounidense, y mantenido sin juicio desde entonces en Guantánamo desde hace siete años, cuando tenía sólo 15 años de edad, no fueron respetados por el gobierno canadiense.
Omar Khadr es el único ciudadano occidental que sigue detenido en Guantánamo. Todos los otros gobiernos occidentales han repatriado sus ciudadanos aunque sean de orígenes diversos, desde Guantánamo como responsabilidad básica de los Estados hacia sus ciudadanos. En el caso de Omar Khadr, el gobierno Harper defendía la idea que los tribunales no debían inmiscuirse en temas de repatriamiento de canadienses detenidos en el exterior y que es una decisión que compete solamente al gobierno federal.
La corte federal de apelaciones clarifica que su decisión no se refiere a quien ejerce la competencia, sino que se limita a señalar que el derecho constitucional de Omar Khadr fue violado cuando los representantes de los servicios secretos canadienses y el ministerio de relaciones exteriores, entrevistaron a Omar Khadr, sabiendo que era una persona menor detenida, que era sometido a torturas, que estaba privado de un accesos al consulado, privado de abogados, de contactos con su familia. “Las autoridades canadienses no solamente participaron en un proceso que no se confirma a las normas internacionales de derechos de la persona, sino que lo hicieron en pleno conocimiento de causa”. Aunque el fallo fue dividido, porque un juez presentó una decisión de minoría, se mantiene la orden de la corte de que el gobierno federal debe exigir el repatriamiento de su ciudadano.
Aunque el gobierno Harper se reserva la decisión de apelar ahora frente a la corte suprema, está claro que se trata de una sentencia que indica claramente que el gobierno federal está equivocado en el tratamiento específico que hace del caso Omar Khadr, sobre todo cuando el nuevo presidente estadounidense ha confirmado su promesa de cerrar el campo de concentración de Guantánamo y busca desesperadamente que países aliados puedan albergar a los más de 200 detenidos que allí se encuentran todavía.
El juicio de la corte de apelaciones es un importante llamado de atención al gobierno federal para otros casos en los que el gobierno Harper parece no aplicar, como en el pasado, una política de apoyo a sus ciudadanos en el exterior, como es normal para los Estados, sino que además hace dudar sobre el respeto por el respeto del gobernó Harper de cánones internacionales sobre derechos humanos fundamentales - según organizaciones de defensa de los derechos humanos.
En el caso de Omar Khadr, se trata del respeto de la convención sobre los niños soldados. Ello requiere por lo tanto un trato de recuperación antes que de castigo en el caso de Omar Khadr. A ello se agrega al caso de Maher Arar, el ciudadano canadiense de origen Sirio que fue enviado a ese país cuando transitaba por estados unidos y torturado durante un año y al que el gobierno de Canadá debió dar una reparación por haber condonado el uso de la tortura en su caso. Ese caso se agrega al de otros ciudadanos canadienses a los que se sospecha que son torturados.
Hay también otros casos más generales que revelan una aplicación del respeto de los derechos ciudadanos a geometría variable, cuando el ministro de relaciones exteriores señaló que el derecho al apoyo canadiense por sus ciudadanos en los casos de condena a la pena de muerte, dependen de cada caso. Sin embargo, desde los años 60 el Canadá está contra la pena de muerte no sólo en Canadá sino que el mundo entero e intercede por sus ciudadanos.
También está el reciente maltrato de una ciudadana canadiense de origen kenyano, Suuad Hagi Mohamud que porque no se parecía a la foto del pasaporte porque había adelgazado, fue entregada a las autoridades kenyanas y detenida durante una semana como impostora y que sólo después de tres meses y sin apoyo consular consiguió confirmar con una prueba de ADN la filiación con su hijo, residente en Toronto, que era efectivamente ella misma.
La Corte de Apelaciones Federal confirma que esa serie de actitudes, que reflejan un cambio inaceptable de la política canadiense en relación a sus ciudadanos en dificultades en el exterior no son correctas porque el gobierno no puede desentenderse de sus ciudadanos.
El Gobierno Harper que a veces justifica entre otras, la intervención en Afganistán como un acto en defensa de los derechos humanos al exterior de sus fronteras por ser derechos universales, debe comenzar por aplicarlos cuando se trata de sus propios ciudadanos. Ello, independientemente que ellos sean culpables o no de los delitos que se les acusa. No es por nada que se señala que el respeto de los derechos humanos se verifica precisamente en esos casos extremos.