CRISIS: PARADIGMAS Y OPORTUNIDADES Jaime LLambías Wolff Profesor titular, Universidad York Toda crisis es una oportunidad
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Puesta online a las 20:24, el 13 de Septiembre del 2009
CRISIS: PARADIGMAS Y OPORTUNIDADES
Jaime LLambías Wolff
Profesor titular, Universidad York
Toda crisis es una oportunidad para hacer mejor las cosas. Por tanto toda crisis no es necesariamente una terrible mala noticia, es también un aliento a cambiar. La vida es así, en lo personal, en lo económico y en las perspectivas de desarrollo de un país. Como las economías son cíclicas y los equilibrios son normales, es solo cuando se rompen las tendencias, que visualizamos una crisis. Cuando esto ocurre el viejo paradigma ya no sirve.
Desgraciadamente los seres humanos son más receptivos al discurso del cambio, que a los cambios de verdad y cuando este se intenta se circunscribe generalmente a la posibilidad de mejorar al interior de paradigmas ya establecidos. Sin la audacia intelectual para proponer y actuar al exterior de nuestra propia visión o “weltanschaung”, en el sentido más extenso del término, nos limitaremos a "hacer más y ojalá mejor de lo mismo”, pero no habremos resuelto la crisis, a lo más la hemos postergado, suspendido o ocultado. ¡Nos hemos farreado la oportunidad!
No por nada Albert Einstein señalaba que “nuestra forma de pensar tradicional nos tiene aprisionados en esquemas que explican nuestra incapacidad y encontrar nuevos caminos”. Debemos ampliar nuestra interdisciplinaridad y aprender de las interrelaciones y de las síntesis de los fenómenos. ¿Y cuáles son estos fenómenos? ¿Donde están las interrelaciones?
Los nuevos equilibrios deben incorporar obviamente nuevas variables: sustentabilidad ambiental, límites a un crecimiento económico sin dirección, ciudades para vivirlas, invertir más en educación y para que decir en cultura, potenciar y darle valor agregado a otros sectores económicos y servicios (el turismo es solo un ejemplo del potencial existente), mejores servicios de salud a los más necesitados, mejorar la red de protección social, energías alternativas, desarrollo de políticas públicas y privadas de innovación, multiplicar la capacitación para mejorar los alarmantemente bajos niveles de productividad, promover sin temor la responsabilización (accountability) como practica laboral y profesional, impulsar una regionalización de verdad, invertir decididamente en ciencia y tecnología, etc. son algunas de las respuestas a una visión algo distinta, que no solo está interrelacionada con el desarrollo, sino que se traduce en una inversión-país, de la cual se beneficiarán todos.
Afortunadamente Chile está saliendo menos damnificado que muchos otros países, pues desde hace mucho tiempo que la política macroeconómica ha dado buenos resultados, pero es menester imaginar lo que viene y no tener temor a ser innovador. Las personas innovadoras generan estímulos positivos, no niegan el pasado, lo reinventan, sueñan, corren riesgos, valoran las diferencias, hacen preguntas y se atreven a asumir este liderazgo intelectual. Pensar y actuar en forma interdisciplinaria, estimular y canalizar la creatividad, mirar lejos e incluso al revés, son los componentes del liderazgo estratégico del futuro. ¡Un año electoral debiera ser receptivo a ello!