Salvador Allende héroe de la patria. Nunca se supo si Salvador Allende llevaba anteojos en su funeral, eso me dijeron, que
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Puesta online a las 9:36, el 18 de Septiembre del 2008
Nunca se supo si Salvador Allende llevaba anteojos en su funeral, eso me dijeron, que dentro del cajón había sólo ceniza. Alguien dijo, -se decían tantas cosas el 73- que a Salvador Allende lo cremaron y le enterraron en una fosa común. Ya se sabe que a la tenchita no la dejaron ver el cadáver.
En su interior había otro hombre. El 1973 se llegó a decir que el chicho estaba en Cuba y que había quedado invalido y, para aumentar la fantasía de los cronistas del barrio, que arrastraba su cuerpo en una silla a rueda.
"Lo digo". El 11 no pudimos contener ni los catarros y tampoco los estremecimientos del alma. Matan a los buenos y dejan vivos a los malos, dijo una anciana en la feria libre del barrio. Disfrazaron al chicho, alegaban algunos de la jota. Esconderán el cuerpo del Presidente para que no sea un mártir, decían las juventudes socialistas. Les prometo que el chicho no ha muerto, decía el sobrino de la secre de Salvador Allende.
Tanto palabrerío, cierto, nadie en Chile tiene complejos para dar un punto de vista. Septiembre se imaginaba el mes de la independencia, pero, al norte del cono sur, y lo digo, era el calendario de los muertos.
Una noche, 12 de Septiembre, en un escondite de Santiago, un hombre, vestido de azul y con humita blanca, llegó hasta nuestra pieza y me dijo: "El chicho debía haberse confesado antes que lo mataran". Me daba cuenta del problema que se me presentaba. Confesarse antes de morir o ser cremado no es una oración superferólitica, no son palabras miopes o filete de vaca sagrada sino que es cómo huir de la muerte o esperar la muerte, cierto, ya peinado, perfumado y confesado.
En los callejones de la ciudad se rezaba y bebía el vino. Comunión de una fuga, según, un cura sin reconocimiento del vaticano. Tanto comentario, exiguo, casi martillante, como tabarra en las orejas.
Y no se crea a las versiones de los milicos ni a los otros de corbatita argentinas y de asquerosos garbanzos en sus bolsillos, porque el que lleva lentejas o garbanzos en sus bolsillos tendrá abundancias en su mesa. Capitulación del desenchufe nacional.
!Qué once, gente de mi pueblo! Los mezquinos nos pidieron platas sino denunciaban nuestro escondite a los milicos.
El chicho es tema hasta para mil años. La derecha, eso lo digo, nunca pensó que un día Salvador Allende sería el héroe de la patria. Cierto, cada día tropiezo con sus discursos, cada noche pienso en lo tranquilo que estaba cuando se dirigió a Chile.
Una delicadeza del mejor Estadista chileno.
Lo de su cajón vacío no tiene importancia porque el día que un chileno llegue a la luna una piedra llevará el nombre de Salvador Allende.