Retorno del presidente Manuel Zelaya-La cumbre del G-20 en Pittsburgh deja atrás al G-8 y revela nuevas relaciones de fuerza
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Puesta online a las 15:04, el 29 de Septiembre del 2009
El retorno del presidente Manuel Zelaya abre las puertas a una salida para la crisis hondureña;
La cumbre del G-20 en Pittsburgh deja atrás al G-8 y revela nuevas relaciones de fuerza internacionales;
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El retorno del presidente Manuel Zelaya abre las puertas a una salida para la crisis hondureña;
El lunes de esta semana la crisis política hondureña creada por el golpe de Estado de Michelletti contra el presidente democráticamente elegido Manuel Zelaya entró en una nueva etapa luego del retorno clandestino y asilo del presidente Zelaya en la embajada de Brasil. Aumentaron las esperanzas de una posible solución de la crisis con la reinstalación en el poder del presidente Manuel Zelaya, derrocado en el golpe militar del 28 de junio pasado, orquestado por la oligarquía hondureña y criticado unánimemente a nivel internacional. Con ello, la consolidación del golpe de estado, el primero que parecía exitoso en América Latina desde hace muchos años parece haber entrado en crisis terminal. La represión del ejército que se ha traducido en más de 600 detenidos y, oficialmente, por lo menos dos muertos y en la tozudez de la oligarquía Hondureña y particularmente de Michelletti, que sigue reprimiendo y endureciendo su régimen oprobioso, ha sido puesta en jaque mate por la audaz movida del presidente Zelaya que fuerza a la definición a la comunidad internacional, mientras el apoyo de los pueblos a las fuerzas democráticas hondureñas aumenta. Veamos la situación.
Luego de tres meses del golpe de estado iniciado con la expulsión manu militari del presidente bajo falsas pretensiones de la oligarquía, la consolidación del golpe ya no es posible, porque la llegada de Zelaya a Honduras hecho por tierra la estrategia de los golpistas que esperaban que la realización de las elecciones (que debieran realizarse el 29 de noviembre) dejaría atrás el problema. Valga destacar que la ONU ha declarado ya que abandonaba su apoyo a la realización de los comicios presidenciales de fines de noviembre porque en las actuales condiciones no serían ni justos ni democráticos.
Como se sabe, a fines de junio, bajo la excusa que el presidente Manuel Zelaya, violaba la constitución al plantearle la pregunta a los electores hondureños si deseaban revisar la constitución, la oligarquía hondureña le dio instrucciones al ejército para que secuestrara y expulsara del país al presidente legítimo. Aunque con triquiñuelas legales trataron de vender una argumentación legalista. Sin embargo, la ilegalidad del gesto de los golpistas quedó clara al expulsar el presidente Zelaya. Si este hubiera cometido algún delito el debiera haber sido juzgado en el país, pero no expulsado del país.
La verdadera razón del golpe de estado tenía el antecedente inmediato de una actitud cada vez más favorable a los pobres hondureños y de inserción de Honduras en el bloque de gobiernos progresistas que conoce América Latina en los últimos diez años. Una actitud golpista justificada por argucias falsamente legalistas como en otros golpes de Estado que ha conocido la región en el pasado reciente. Actitud apoyada en la actitud negativa de la clase política estadounidense frente a la creciente alianza entre Manuel Zelaya y el presidente venezolano Hugo Chávez, y con apoyo según fuentes informadas de la base militar estadounidense a pocos kilómetros de Tegucigalpa. El antecedente más estructural está en que Honduras es el país más pobre del continente, con una oligarquía que se limita a algunas familias que controlan la economía tradicionalmente ligada a las transnacionales y que consideraban como una traición la apertura de Zelaya a los pobres y una traición peor ante su clase y su partido liberal, su propio partido tradicionalmente dominante de Honduras y en le que militaba el actual presidente golpista Micheletti.
La estrategia de los golpistas fue tan vieja como la de buscar asentar su sobrevida contra vientos y mareas de las denuncias internacionales ganando tiempo y aprovechando de que las elecciones presidenciales ya fijadas para noviembre permitían cerrar la mascarada, porque de todos modos en ese momento ya terminaba el mandato de Manuel Zelaya. Mientras tanto en la televisión y los medios controlados por la oligarquía la campaña de desprestigio de Manuel Zelaya era un bombardeo constante.
En estos tres meses las posibilidades de revertir la situación se hacían cada día más difíciles. Fracasaron los intentos de mediación del presidente de Costa Rica Oscar Arias. Desde antes, las mediaciones del Secretario general de la OEA fueron dejadas de lado por Washington, terminando con las posibilidades que la vieja organización, considerada antes como Ministerio de Colonias de Washington jugara ahora el rol que correspondiera a su Carta Democrática.
Las movilizaciones sociales de los partidarios de Manuel Zelaya sufrieron la represión y fueron creciendo heroicamente frente a una represión cada vez más cruenta. Sin embargo estaba claro que ellas no parecían revertir la situación y los golpistas ganaban tiempo frente a una oposición internacional timorata.
El retorno clandestino de Manuel Zelaya el lunes de esta semana cambió drásticamente la situación, mostrando que el capítulo no está cerrado. Hay que destacar que Brasil apoyó abiertamente a Zelaya, el principal gigante de la región cuyo peso es cada vez mayor. Co ello terminaron las tergiversaciones legalistas de los putchistas que ahora muestra abiertamente su característica represiva y antidemocrática.
También interpela, el gesto de Zelaya, la pusilanimidad de la comunidad internacional. Se espera ahora el regreso a Honduras del presidente de Costa Rica y del vicepresidente de Panamá Juan Carlos Varela para reiniciar el diálogo, si el gobierno lo permite, para buscar una solución que pase por el retorno al poder de Manuel Zelaya hasta el traspaso del mando al gobierno que resulte elegido en las elecciones del 29 de noviembre próximo.
El gobierno de facto lanzó la represión e instaló el toque de queda y el cerco de la embajada de Brasil. El presidente Manuel Zelaya denunció que las fuerzas represivas están usando gas tóxico contra la embajada de Brasil en la que se encuentra. Los golpistas recurrieron a cortes de luz, de agua y la instalación de equipos de sonido alrededor de la embajada para hostigar permanentemente a los cerca de 100 sitiados en la embajada brasileña. El canciller brasileño Celso Amorim denunció el cerco de su embajada en Honduras como una clara violación de las reglas de la convención de Ginebra sobre las relaciones diplomáticas. La Corte Interamericana de DDHH le exigió al gobierno que no use substancias tóxicas. El consejo de seguridad de las naciones unidas condenó el viernes el hostigamiento y los actos de intimidación contra la embajada de Brasil donde se encuentra Zelaya. “Condenamos los actos de intimidación contra la Embajada de Brasil y llamamos al gobierno de facto en Honduras a dejar de acosar”.
Los países europeos decidieron enviar de regreso a Honduras sus embajadores para ayudar a encontrar una salida negociada a la crisis, pero el gobierno golpista de Micheletti señala que no permitirá que los embajadores visiten a Zelaya en la embajada de Brasil.
Seguidores del depuesto presidente llaman a rescatarlo de la embajada de Brasil y trasladarlo a la Casa Presidencial para que el 3 de octubre, fecha de nacimiento en Tegucigalpa del prócer de la independencia centroamericana general Morazán.
El único punto de partida aceptable de las negociaciones en Honduras es el retorno a la presidencia de Manuel Zelaya, tal como lo estableció el llamado acuerdo de San José. La resistencia pacífica del pueblo hondureño ha impedido la consolidación del golpe y el retorno de Zelaya fuerza una solución definitiva de la situación de ilegalidad en Honduras. Se requiere ahora la solidaridad y el apoyo de la comunidad internacional para poner fin al golpe de estado y reabrir el proceso democrático que permita poner fin a los abusos de la oligarquía hondureña
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La cumbre del G-20 en Pittsburgh deja atrás al G-8 y revela nuevas relaciones de fuerza internacionales;
El jueves 24 y viernes 25 de septiembre en la ciudad estadounidense de Pittsburg se reunió por tercera vez en menos de un año el G-20, una instancia informal, que ahora se ha transformado en el nuevo directorio económico del planeta que está llamado finalmente a remplazar al selecto grupo de los 8. El G-20 se reunió en el marco de la crisis económica, de crecientes desafíos globales y en el marco de realineación de fuerzas en el mundo de la post-guerra fría. Ciertamente la crisis financiera demostró que se requiere la participación de los llamados países emergentes para enfrentarla, es contar con un foro más amplio, pero no se responde a la necesidad de dar mayor peso a instituciones multilaterales como la ONU y sigue siendo un autodenominado directorio del planeta que no responde a ninguna instancia y cuyas decisiones parecen seguir teñidas por el deseo de mantener el status quo. La reunión del G-20 se realizó en medio de importantes manifestaciones entre otras denunciando la inacción frente al cambio climático; otros denunciando el abandono de los objetivos del milenio y que los lideres del G-20 usan la crisis entre otras cosas, para justificar la disminución dela ayuda para acceso a remedios para el SIDA en África. Veamos algunos antecedentes.
El primer punto es que la de Pittsburg fue la primera reunión de institucionalización del G-20. Este grupo se había reunido a fines de los noventa luego de la crisis asiática y en el último año ya se ha reunido tres veces. Obama anunció formalmente que pese a que el G-8 seguirá reuniéndose, el G-20 ha pasado a ser el principal grupo de dirección de la economía mundial. Ello significó una derrota de los europeos que preferían la formación de un G-14 que al incorporar sólo algunos países emergentes claves podía ser más manejable. En esa medida el G-20 actual incluye los países desarrollados del G-8 (EE-UU, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Rusia, Japón) además de diez países emergentes (China, India, Corea, Indonesia; Brasil, Sudáfrica, Arabia Saudita, Turquía, Argentina, México) además de Australia y la comunidad europea. El G-20 se reúne en junio de 2010 en Canadá, en noviembre de 2010 en Corea y en Francia en 2011.
El segundo aspecto importante es aclarar es lo que se acordó en Pittsburg, ver si es más efectivo que otra de las instancias existentes de la globalización como el G-8. El principal del desafío del G-20 era de determinar si debían seguirse las medidas de estímulo contra la crisis internacional o como algunos decían, se debía terminar el intervencionismo estatal. Los dirigentes consideran que están entre la crisis y la recuperación económica por ello era clave decidir sobre la adopción de regulaciones luego que existe consenso que la crisis se produjo por la ausencia de control sobre los especuladores y los sueldos millonarios de los jefes de instituciones financieras. Desgraciadamente el G-20 no planteo nada específico frente a esto fuera de ideas generales para encuadrar el pago de bonos. Pero está claro la reunión del G-20 consolidó el fin del periodo del capitalismo neoliberal al buscar evitar que se estimulen los riesgos financieros como ocurrió con las subprimas.
Aunque en la declaración final se planteó favorable a políticas que mantengan un empleo decente está claro que no es el empleo lo que preocupa a los líderes. Tampoco les preocupa los países en desarrollo, los objetivos del milenio o la situación de los cesantes.
La declaración final propuso avanzar en establecer regulaciones a los bancos de inversión para que tengan un nivel adecuado de capitalización para que no se repita la crisis de liquidez, posición diferente de la propuesta por los europeos. Se planteó que se limitaran los bonos y para los llamados paraísos fiscales.
Por primera vez en sesenta años se planteó una reformulación del Fondo Monetario Internacional (modificaron la cuota de poder trasladando un 5% de los países desarrollados a los países en vías de desarrollo) También del Banco Mundial donde la cesión será del 3%. Esto se basa en el PIB y consolida el reconocimiento de poderes regionales como Brasil, Rusia, India y China. EL FMI tendrá rol de consejero del G-20, se refuerza así las instituciones de la globalización para la nueva etapa.
En el documento final se plantea que se debe terminar “con la era de irresponsabilidad y adoptar una serie de políticas, regulaciones y reformas para hacer frente a la economía global de siglo 21”. El G-20 propone “un crecimiento mundial más equilibrado” y que haya “crecimiento sin ciclos extremos y mercados que fomenten la responsabilidad, no la temeridad”. Estas frases generales esconden el hecho de que existen crecientes resistencias para avanzar con la urgencia que se planteaba en la reunión anterior en Londres cuando se hablaba del fin del capitalismo salvaje.
El tercer punto a considerar es el de las perspectivas que abre el G-20. Para algunos se trata del primer gobierno económico mundial, porque reúne los países que cuentan por más del 80% de la economía mundial. Otros consideran que no tiene ningún valor porque sus declaraciones no son obligatorias.
Creemos que el valor que tiene el G-20 es que pone en evidencia el estado de las relaciones de fuerzas entre países a nivel mundial y los esfuerzos de la política exterior estadounidense de recurrir al multilateralismo para reimponer su hegemonía.
Está ligado a la nueva política del gobierno estadounidense dirigido por Barack Obama, quién abandonó el unilateralismo de los años Bush. Una política multilateral que trata sin embargo de restablecer el rol dirigente de EEUU en la economía mundial buscando suficientes aliados como para reforzar su posición frente a la Unión Europea. Para los países emergentes el G-20 reconoce concretamente el surgimiento de líderes económicos regionales como el de Brasil, México y Argentina en América Latina, de Sudáfrica, de India en el Sur de Asia, de China y de Australia en Oceanía. Líderes económicos regionales que deben asegurar la nueva estructura del orden económico mundial.
Por otro lado, la cumbre dejó atrás la retórica de la guerra contra el terrorismo propia a la alianza Bush-Blair que dominó en las cumbres anteriores. Irán aso ahora a ser el principal enemigo del G-20.
En esta perspectiva, la cumbre del G-20 mostró el espíritu el espíritu de colaboración que anima al nuevo club de grandes del planeta, pero olvidó temas cruciales como la inestabilidad mundial creada por la mala distribución de las riquezas.
El G-20 no avanzó un ápice en un tema fundamental como es de decidir cómo se combatirá el cambio climático, dejando el tema en manos de la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que se realizará en Copenhague del 7 al 18 de diciembre de 2009. Sin embargo existe conciencia de acuerdo a los informes del Grupo de expertos sobre el cambio climático de la ONU que si no se reducen los gases con efecto invernadero antes de 2020 los efectos del cambio climático, incluidos el aumento de nivel del mar, las enfermedades y efectos económicos serán irreversibles luego del deshielo de glaciares por la liberación de CO2 con el deshielo del pergélisol (el subsuelo congelado en permanencia) el que porque ha estado congelado durante millones de años liberará el carbono que capturó en épocas pretéritas haciendo irreversible el cambio climático.
Los pobres han sido dejados de lado porque ni en la declaración ni en las discusiones se avanzó respecto de la campaña de los llamados 10 objetivos del milenio, que incluyen la reducción de la pobreza para 2015.
El G-20 le dio más importancia a discutir sobre las remuneraciones de los dirigentes de empresas antes que sobre las necesidades de mil cuatrocientos millones de pobres que viven con menos de 1,25 dólares diarios en el mundo. Tampoco se habló de los 33 mil millones que se prometieron para los países pobres antes de 2010 y que todavía no han sido distribuidos.
Un año después de la crisis del Banco Lehman Brothers de EE UU, que hizo explotar la crisis financiera, el G-20 es incapaz de formular la necesidad de establecer una instancia reguladora mundial de las finanzas. En lugar de ello, las ayudas millonarias, (debiéramos decir millardarias) a los bancos no han hecho más que reforzar los bancos más poderosos, que salen fortalecidos de la crisis y como los verdaderos dueños del planeta. Como muestra un botón, HSBC, gigante financiero basado en Gran Bretaña anunció en medio del G-20 que traslada su sede desde Londres a Hong Kong escapando así a los tímidos controles que se plantea imponerle el primer ministro británico Gordon Brown, semejante a los marcos de operaciones que apoya el G-20. Aunque podría dudarse que la crisis del capitalismo sea la crisis final, está claro que después de la tormenta sigue siendo la misma situación. El G-20 resulta de la cooptación de nuevos países emergentes para el directorio de la economía mundial para asegurar el status quo y crear un marco para el retorno de la hegemonía estadounidense.