Queríamos saber en qué estaba el parlamentario tras su explosiva denuncia respecto a los supuestos vínculos de las FARC con los mapuches y funcionarios de Gobierno. Y, aunque nos costó un mundo encontrarlo, dimos con él justamente en el corazón de la Araucanía. Conocimos su lado menos amable, pero, valga la aclaración, el otro también. Esta es la historia. ...
Puesta online a las 1:03, el 28 de Septiembre del 2008
Desesperadamente buscando a Espina
LA NACION
Queríamos saber en qué estaba el parlamentario tras su explosiva denuncia respecto a los supuestos vínculos de las FARC con los mapuches y funcionarios de Gobierno. Y, aunque nos costó un mundo encontrarlo, dimos con él justamente en el corazón de la Araucanía. Conocimos su lado menos amable, pero, valga la aclaración, el otro también. Esta es la historia.
“¿Y de dónde voy a sacar yo más antecedentes?”
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Encontrar al senador Alberto Espina resulta tan difícil como saber quién o quiénes le entregaron el polémico dossier con información sobre chilenos relacionados con las FARC. Pero no se debe a que el paladín de la seguridad ciudadana haya adquirido poderes sobrenaturales para volverse invisible, sino, más bien, a que su entorno cercano decidió cerrar filas y no entregar datos sobre su estadía en la Región de la Araucanía la misma que él representa , en medio del lanzamiento de las campañas edilicias.
En Santiago, su encargada de prensa nos explica que su jefe no le informó su itinerario. Tras varios intentos, dice que hará lo posible, pero, con algo de compasión, presagia: "Yo estoy acá y él allá. Hay muchos lugares en los que su teléfono no tiene señal, así que es muy difícil que lo encuentres".
El senador, nos habían dicho, estaba en terreno hablando con algunas comunidades mapuches, entre otros aspectos, para corregir el "error informativo" que lo mostró señalando a indígenas como socios o aliados de las FARC en Chile. Una mala interpretación grave, según sus palabras, sobre todo si se tiene en cuenta que gran parte de sus electores son justamente comuneros de la Región de la Araucanía.
Luego de numerosas llamadas telefónicas, aún desde la capital, logramos dar con su encargado de seguridad personal, un suboficial de Carabineros que conforma el Cuerpo de Protección de Personas Importantes. Escuetamente confirma que está con Espina, en el mismo automóvil.
¿Puede ponerlo al teléfono?
No.
¿Cómo lo ubicamos?
Llame a Cristián Barra.
El policía no volvería a responder su teléfono. Y su consejo sirve de poco. Aunque Barra es nada menos que el presidente regional de Renovación Nacional (RN) en la Araucanía, y que en una ocasión él mismo responde el teléfono del encargado de seguridad, dice que no sabe nada del senador: "Yo estoy en otras actividades. Nada que ver con Alberto, ¿entiendes?".
El dato decisivo
Tras viajar en bus hasta Temuco el jueves por la noche, el primer destino es la sede de RN en esa ciudad. "Es posible que haya ido hacia Victoria", nos dice una de las secretarias de la oficina. Le solicitamos información un poco más precisa y hace un llamado telefónico. Tras colgar, vuelve entusiasmada. "Ya sé dónde está, ya sé. En el hotel Nicolás, está en una actividad acompañando a un candidato por la región".
Eran las diez de la mañana y el mencionado hotel quedaba a pocas cuadras de distancia, pero cuando llegamos a la proclamación nuestro ánimo vuelve a tropezar. "Por ningún motivo. Para acá no ha venido ni vendrá", sentencia la jefa de gabinete del candidato a alcalde por Padre Las Casas Juan Eduardo Delgado.
Sin rumbo ni fuentes de información, la empresa parecía a la deriva. Pero en ese momento conseguimos el dato decisivo: Espina estaría en Purén a las 13 horas, en una actividad. Confirmado.
El problema es que eran las 11:30 y Purén se encuentra a casi dos horas de viaje desde la capital regional. En plena calle, un amable taxista afirma que es capaz de llegar a la hora. "Es lejos, pero puede hacerse", dice el hombre, y partimos en un Daewoo algo destartalado.
Después de volver por la Panamericana hasta Victoria, y enfilar hacia la costa por campos plagados de bosques, llegamos a Purén. Al interior del pueblo, unos muchachos nos indicaron una dirección. Pero cuando llegamos, carabineros de la zona nos confirman lo que intuíamos: Espina había partido hacía diez minutos. ¿Adónde? A Los Sauces, otro caserío distante 25 kilómetros. "Nos dijeron algo de una radio", señala un oficial, tras llamar a la tenencia.
Una vez en el pueblo ubicamos una antena de radio. Estacionada afuera de la estación de radiodifusión estaba, al fin, la "Oficina Móvil Senador Alberto Espina", una van color plata pintada con los colores de RN.
El primer encuentro
Adentro de la estación radial se encontraba el senador, en un diminuto y humilde locutorio, conversando amablemente con algún vecino y el candidato UDI a alcalde por la zona, Gastón Mella. Sacamos la cámara fotográfica y lo inmortalizamos en su noble misión proselitista, y su reacción nos da una señal de cómo sería el encuentro. Apenas notó el flash, su cuello giró lentamente y su vista se clavó, seca y opaca, en el periodista. Afuera, el hombre encargado de la seguridad observaba en silencio, atento a la presencia de alguna amenaza. Le preguntamos por qué nos habían puesto tan difícil encontrar al parlamentario: "Tú haces tú trabajo, yo el mío. La idea era que esto fuera privado, sin prensa. Después del tema de las FARC hay que tener cuidado con la seguridad del senador".
Unos minutos más tarde, ya finalizada la tertulia radial, Espina sale del locutorio. Un nuevo flash de la cámara vuelve a llamar su atención. "¿La Nación?", pregunta con una mueca que nos recuerda la sensación de oler comida descompuesta. "¿Por qué?, ¿pasó algo?", continúa, como pensando en voz alta, y se marcha sin esperar respuesta. Pero nosotros lo habíamos encontrado y volveríamos a separarnos de su figura.
Momentos de ira
Detrás de su oficina móvil partimos hasta la casa de dos de sus más fervientes adherentes: Héctor Castillo, el jefe de campaña del candidato a alcalde de la oposición, y su mujer, Viviana Henríquez. Él es el actual jefe de personal de la municipalidad, y ella, de finanzas. "Pero con permiso sin goce de sueldo", aclara la mujer, intentando despejar cualquier sombra de duda sobre algún tipo de irregularidad. "Es que acá la gente es muy malpensada", concluye.
Esperando afuera de la casa donde el senador sostenía otra reunión con vecinos del pueblo, le señalamos a su jefa de la sede de Angol, Antonieta Riadi, que hiciera las gestiones para que pudiéramos entrevistarlo brevemente. Amablemente nos indicó que buscaría el momento adecuado en medio de las visitas.
Después de acompañarlo a escuchar las protestas de los vecinos de un sector en el que las aguas lluvia inundan reiteradamente las calles, Espina partió a otra estación radial de Los Sauces. Fue afuera de ese lugar donde dejó de ignorar nuestra presencia. Desde varios metros de distancia nos gritó: "¡Tú, oye, tú!", y comenzó a acercarse, aunque sin bajar el tono de su voz:
¡¿Qué quieres?! ¡¿Qué quieres?!
Entrevistarlo, senador.
¡¿Crees que yo soy tonto?! responde, frase que repite una y otra vez cuando ya se encuentra cara a cara con nosotros.
¡Yo sé lo que tú quieres! ¡Quieres poner lo mismo de siempre! ¡Ándate de este lugar, tengo derecho a privacidad!
Senador, lo que quiero es entrevistarlo. Para eso viajé.
¿Crees que no escuché que le andas preguntando a la gente qué opina sobre las FARC y la infiltración en el pueblo mapuche? ¡Lo que ustedes quieren es embarrarme! ¡Escriben puras mentiras!
Me lo preguntó gente de su comando, senador, y les respondí que yo entendía que usted estaba en la región entrevistándose con comunidades mapuches. Me interesa saber qué opinan sobre la supuesta infiltración de las FARC al pueblo mapuche que usted ventiló en la prensa.
¡Ustedes escriben mentiras y me quieren embarrar! ¡Hace dos semanas escribieron que yo estaba coludido con el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, en la filtración de la información! ¡Eso es una mentira!
Pensamos decirle que no sólo LND publicó eso. De hecho, "La Tercera" escribió lo mismo, en el titular principal de su edición del domingo. Pero podíamos desatar una reacción aún peor. Poco a poco, los músculos de su cara aflojan y acepta responder algunas de nuestras preguntas. Terminada la conversación le pedimos una foto de frente. "¿Tú crees que soy tonto?", pregunta por enésima vez. "Ya me has sacado un montón de fotos, quédate con esas que tienes", concluye, para luego subir a su automóvil, en el que sale del pueblo y se dirige hasta Traiguén.
Aunque algo espantado por el incidente, nuestro conductor accede a seguir tras su pista sin titubear.
On the road
Nuevamente en la carretera hacia Traiguén, el vehículo que transporta a Espina se pierde a toda velocidad. De pronto, ya fuera de nuestra vista, suena el teléfono. Es el senador. "¿Qué es lo que quieres?", pregunta una y otra vez. "Conversar y conocer su recorrido por los pueblos, senador", le respondemos. "¿Qué es lo que quieres? ¿Qué tipo de nota pretendes escribir?", vuelve a la carga con molestia. "Seguirlo, senador, pero es imposible porque usted debe ir como a 140 kilómetros por hora". "Mentira, estoy parado en este momento", retruca al tiempo que se corta la comunicación.
Efectivamente, luego de avanzar varios kilómetros, nos encontramos con su automóvil detenido por la acción de un banderillero. Quedamos a pocos metros de distancia. Cuando dan el paso, el vehículo de Espina continúa su trayecto y el nuestro lo sigue, afortunadamente a una velocidad más moderada.
Una camioneta en el camino
Ya en Traiguén, seguimos al senador hasta una humilde casa. Ahí se baja y, junto con él, baja una silla ortopédica que entrega a un menor que vive ahí. Cuando registramos el conmovedor momento, sin embargo, el parlamentario nos da otra mirada que enfría el ambiente. Rato después, en otra llamada telefónica, nos aclarará que consideraba nuestra acción periodística como de mal gusto. "Se ve horrible que yo les dé esa silla y tú saques esa foto, porque la familia seguro pensó que tú venías conmigo y que la imagen me podía servir para fines políticos, cuando no tiene nada que ver con eso".
Afuera de la casa beneficiada con la silla notamos la presencia de un hombre que, a bordo de una camioneta, se había sumado a la comitiva del senador cuando éste entró en Traiguén. El sujeto permanece en actitud expectante. Cuando Espina vuelve a subir a su vehículo para continuar el trayecto, el hombre misterioso hace lo mismo, pero en lugar de seguir al senador de inmediato espera que pasemos nosotros para emprender la marcha. Y cuando pasamos a su lado acelera y se instala ocupando parte de la calzada. Pero nuestro conductor, ducho en maniobras automovilísticas, frena tranquilamente y frustra la acción.
Aprovechamos entonces de fotografiar al irresponsable chofer, que al ver la cámara parte y no vuelve a aparecer.
Sin ganas de seguir molestando al senador, volvimos a Temuco algo preocupados. Espina también lo estaba. Con un tono mucho más amable que durante la tarde, nos telefonea para clarificar algunas situaciones. Reconoce que se había molestado con nuestra presencia debido, según nos explicó, al trato injusto que le hemos dado. Pero puntualiza que no estaba escondiéndose de nosotros y asegura que todo habría sido más fácil si lo hubiéramos llamado con tiempo. También afirma que no conocía al hombre de la camioneta. Respecto de las FARC, el senador asegura que su fuente no pertenecía al Gobierno colombiano y nos dice que, ante la solicitud de las autoridades para que entregara más datos al respecto, no maneja más información que la que ya entregó a la justicia. Y finalmente nos invita a un viaje, pero esta vez "de unos cuatro días", para conocer la situación de la región "en serio". Lo estamos pensando. //LND