• Reflexiones sobre las elecciones municipales en Québec • El empantanamiento de la crisis hondureña y sus consecuencias __
...
Puesta online a las 8:20, el 09 de Noviembre del 2009
• Reflexiones sobre las elecciones municipales en Québec
• El empantanamiento de la crisis hondureña y sus consecuencias
____________________
Reflexiones sobre las elecciones municipales en Québec
El domingo 1 de noviembre los electores quebequenses fueron convocados a las urnas para votar en las elecciones de alcaldes y concejales en 1104 municipalidades del territorio quebequense. Las elecciones no marcarán la historia. La única, campaña que había acaparado la atención fue la de la municipalidad de Montreal donde fue reelecto por tercera vez el saliente alcalde Gerald Tremblay, y a pesar de denuncias de escándalos de corrupción en su administración, que el decía ignorar. Tanto en esa elección como en las de todo el Québec se revelan problemas contingentes pero también problemas políticos estructurales que hacen frágil el nivel municipal, que debiera ser el nivel de mayor participación porque es el más cercano a los ciudadanos. Veamos algunas reflexiones.
Es importante destacar en primer lugar, que con la notable excepción de las reñidas elecciones municipales en Montréal entre Gerald Tremblay, Louise Harel y Richard Bergeron, en el resto de la provincia las elecciones no despertaron gran interés durante la campaña o en el día del la votación el 1º de noviembre.
Por ejemplo, en la municipalidad de Québec el populista alcalde Regis Labeaume se hizo reelegir por una aplastante mayoría y esta vez contará con suficientes consejales como para imponer sus proyectos en continuidad con las celebraciones de los 400 años de la ciudad de Québec.
Carolyne St’Hilaire, ex diputada del Bloque quebequense se hizo elegir alcalde de Longueuil, terminando 27 años de reino del Partido municipal de Longueuil. En otros lugares como en Laval se mantuvo el mismo equipo en la municipalidad, lo que ocurrió en muchas otras municipalidades, incluso en muchas de ellas los alcaldes fue elegido por aclamación por falta de contendores. La tónica general es que la participación en la votación sigue siendo baja, incluso en las elecciones que habían suscitado mucho interés como en Montreal. La campaña del directo general de elecciones fue un fracaso. Porque menos del 40% participaron en las elecciones.
En Montreal, a pesar del debate creado por los escándalos denunciados abundantemente por la prensa, que jugó esta vez su rol de denuncia de irregularidades, los electores reeligieron por tercera vez al alcalde Gerald Tremblay. A pesar que Tremblay bajó más de 14 puntos de porcentaje respecto de la elección en 2005 se hizo elegir porque se dividió el voto de la oposición entre Louise Harel y Richard Bergeron. Tremblay salió debilitado porque perdió varios de sus lugartenientes, entre ellas Diane Lemieux.
La ex ministro pequista, Louise Harel, perdió su apuesta. Pese a que los observadores tenían un consenso sobre sus cualidades no pudo ganar. Se trasladó la polarización entre federalistas y soberanistas en la escena municipal, es lo que se aprecia en las diferencias de votación por distrito. Se demostró allí que la isla de Montréal sigue siendo el terreno principal del debate entre soberanistas y federalistas. Sus dificultades en hablar inglés también dañaron su campaña.
También perdió en las municipalidades que siguieron fusionadas a Montreal, luego del viraje impuesto por Jean Charest que desmanteló la municipalidad del tamaño de la isla de Montreal.
Pero su error principal fue de elegir el antiguo partido de Pierre Bourque, Ciertamente, Richard Bergeron no quiso darle el paso, pero podría haber formado su propio partido como lo han hecho otros que deseaban reformar Montreal. Elegir Visión Montreal para dar su pelea por la integridad, se reveló devastador, sobre todo cuando Benoit Labonté renunció como su brazo derecho por denuncias que había recibido dineros del famoso Tony Accurso para su campaña al liderazgo de Visión Montréal. Con ello su imagen de integridad que podría haber pesado en la balanza frente a sus posiciones soberanistas o su rol en las fusiones, se desplomó.
Por su parte, a pesar de la novedad de sus posiciones, Richard Bergeron de Projet Montreal, no consiguió consolidar su votación como una alternativa creíble.
Con baja votación y perdida de prestigio, el alcalde Gerald Tremblay inicia su tercer mandato prometiendo limpiar la municipalidad, pero pocos creen que sea capaz de hacerlo. Las denuncias han dañado internacionalmente a Montreal, por nexos con la mafia, por escándalos en la entrega de contratos a constructores y otras denuncias que han hecho que el slogan de que el orgullo tiene una ciudad, algunos analistas han planteado que la vergüenza tiene una ciudad.
Lo cierto es que las denuncias de corrupción en el Hotel de Ville de Montreal, manifestada por el no respeto de las reglas de equidad y de ética en la entrega de contratos y de gestión de los dineros públicos es un fenómeno provincial. Para algunos analistas, la reticencia del primer ministro Jean Charest, en abrir una comisión investigadora pública, semejante a la comisión Cliche que estudió las relaciones entre el crimen organizado y el sector de la construcción, es revelador de esta situación.
En efecto, los problemas éticos no son solamente el peso que parece haber adquirido empresarios de constructoras como Toni Accurso que parece haber invitado todos los políticos a su yate para obtener contratos lucrativos, como el de los contadores de agua potable en Montreal.
Tampoco es exclusivamente las denuncias por el paso de funcionarios municipales a las empresas a las que entregaron contratos, como ocurrió con Frank Zampino, el presidente del comité ejecutivo del alcalde Gerald Tremblay Frank Zampino.
Se trata también de las violaciones a la ley electoral, con la circulación de los famosos sobres cafés, con dinero efectivo y el subterfugio de particulares que firman cheques por donaciones de empresas, que no pueden cotizar a los partidos. Contribuciones que se traducen después en la obtención de contratos para esas firmas.
Tampoco se trata exclusivamente de que las municipalidades entregan contratos sin abrir concursos o denuncias que los promotores se ponen de acuerdo para aumentar los precios en 30% más de lo que cuesta en otras provincias.
El problema es que además de todo eso es que hay problemas estructurales creados por la confusión de fronteras entre el estado y las empresas privadas. Es uno de los efectos del proceso de privatización producto de la popularidad de las tendencias neoliberales. Un fenómeno que se da en la alcaldía de Montreal, pero también a nivel de todo Québec. A través de instancias de consulta, se le entregó un poder de influencia estructural a las compañías privadas de ingeniería o de construcción, lo que facilita los oligopolios que se distribuyen los contratos entre ellas y actúan como la verdadera instancia decisional, mientras que la estructura municipal o provincial no tiene casi ningún poder. Todo esto en el marco de enromes cantidades de dinero disponibles para infraestructuras hace temer creciente corrupción sino se ataca el problema. El mundo municipal sufre de las dificultades estructurales del modelo de desarrollo neoliberal que se establecido en Canadá en los últimos 30 años.
Finalmente, hay que señalar problemas estructurales del sistema político municipal. En Canadá, el tercer nivel de gobierno, es dependiente del parlamento provincial que puede imponer tutelas o las reglas del funcionamiento, pero Québec no parece dispuesto a hacerlo. La fragilidad de la política municipal se debe además a que los partidos o candidaturas deben ser solamente de esa municipalidad y de tipo municipal, no pueden responder a partidos nacionales como en otros sistemas políticos, lo que evita grandes proyectos nacionales de participación que se realicen a nivel local. Ello hace que no pueda existir una verdadera corriente política de estilo de gestión municipal a nivel de las municipalidades de Québec. Ese enfoque, puede ser apropiado en sociedades como la británica, o incluso la estadounidense e que la actividad política fue históricamente, primero a nivel local, antes de transformarse en actividad regional o nacional, peor no en Canadá donde las estructuras municipales fueron más bien estructuras de expansión colonial.
Está claro que el gobierno provincial de Jean Charest no desea convocar una investigación pública, argumentando que hay investigaciones policiales en curso. Los problemas de promiscuidad entre el mundo de los negocios y las estructuras políticas no terminan solamente en el mundo municipal. Esto ya lo han denunciado algunos respecto de la influencia creciente de instancias de hombres de negocios que aconsejan al gobierno, que les dan los contratos. Solo una presión de la opinión pública puede obligar a que se abra una comisión pública de investigación que detenga la creciente corrupción denunciada por los periodistas. Por el momento, la alcaldía de Montreal sale debilitada y en virtual tutela, se deberán esperar cuatro años para el cambio, porque pocos creen que el alcalde Gerald Trembaly pueda efectivamente cambiar la situación. Triste situación para Montreal.
El empantanamiento de la crisis hondureña y sus consecuencias
Luego de las esperanzas suscitadas por la adopción de un nuevo acuerdo bajo presión estadounidense, la crisis hondureña vuelve a complicarse por las maniobras dilatorias del presidente de facto Roberto Micheletti. Ningún gobierno a nivel internacional o latinoamericano parece querer jugársela por la democracia en Honduras y todo indica que debe aumentar la solidaridad con el pueblo hondureño para evitar una agravación de la represión en las próximas semanas.
La comitiva estadounidense encabezada por e subsecretario de estado Thomas Shannon logró en menos de un día imponerle al golpista Roberto Micheletti un acuerdo el 30 de Octubre que preveía que el Congreso revisara su decisión y decidiera la restitución del presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya, quien sigue exiliado en la embajada de Brasil en Honduras.
De este modo Washington daba una demostración de su poder imponiendo una medida que le permitía a la vez no dar pie atrás en su velado apoyo al golpe de estado en Honduras basado en argumentos constitucionales y por otro lado imponía una salida política a la crisis que se ha transformado en un verdadero dolor de cabeza en sus relaciones con América latina.
El problema del acuerdo es que dejó la decisión de “restitución” en las manos del congreso y no de los que participaron en la negociación. Si el congreso no votaba la decisión el acuerdo se venía abajo y es precisamente lo que ha ocurrido..
En segundo lugar, el acuerdo, suponía la formación de un gobierno de unidad nacional y en este caso el dictador Roberto Micheletti decidió la formación de un nuevo gobierno, sin la participación de los Zelayistas, vale decir una mascarada de gobierno de unidad nacional.
Por su parte frente a esta situación, el presidente legítimo de Honduras, y habiendo dado un plazo para la implementación del acuerdo, declaró muerto el dialogo 5 de noviembre y llamó a desconocer las elecciones que se debieran realizar el 29 de noviembre para elegir un nuevo presidente y llamó a la movilización pacíficamente.
La crisis hondureña esta nuevamente empantanada y los golpistas siguen con su estrategia de ganar tiempo. Esta vez aprovechando las vacilaciones del gobierno estadounidense de Barack Obama que ahora parece abandonar toda nueva intervención y declara que aceptará los resultados de las elecciones del 29 de noviembre. Con ello Washington terminaría por aceptar oficialmente el golpe de estado. Está claro que la secretaria de estado Hilary Clinton buscaba terminar la crisis, pero sin pagar ningún costo. Según los observadores, ahora ha adoptado la posición de que ya se ha hecho lo posible y no seguirá interviniendo.
Mientras tanto la Organización de Estados Americanos, sigue mostrando que no tiene ningún peso político y Brasil ha lanzado una nueva proposición de restitución de Zelaya a partir del Grupo de Río.
Entre otras reflexiones puede señalarse, en primer lugar, que los golpistas representantes de la oligarquía hondureña, que desea mantener sus privilegios, están consiguiendo su objetivo de ganar tiempo de castigar Manuel Zelaya y asegurar el control de la sociedad hondureña.
Sin embargo, la presencia de Zelaya en la embajada de Brasil en Tegucigalpa y la persistencia de un movimiento de resistencia popular, han cambiado esencialmente la situación en ese país, y es por allí donde se percibe que lo que está crecientemente e juego, no es sólo la restitución del Presidente Zelaya en el poder, sino que además el cuestionamiento de la elite hondureña.
La oligarquía ha resucitado, para mantener sus privilegios, a lo que los analistas definen como golpes de estado moderadores o correctivos, vale decir recurrir a justificaciones legales que ellos mismos han establecido para restablecer el poder absoluto de las elites cuando estas se ven amenazadas. A plazo fijo con llamado a nuevas elecciones, sin los perturbadores, para que vuelva la calma.
Ciertamente, los golpistas no tienen otro objetivo que el de defender sus amos y no persiguen el ejercicio permanente del poder como las dictaduras militares de seguridad nacional. Las elecciones permitirían como en otras situaciones ocurridas antes de los golpes de estado de seguridad nacional de los años sesenta y setenta, de volver a una semblanza de democracia representativa gracias al proceso electoral restringido que legitima la movida golpista.
La segunda reflexión es que está claro que los Estados Unidos conservan un poder de influencia enorme, como para imponer en 24 horas un acuerdo aparentemente positivo de salida política a la crisis, sin embargo, no tiene el interés de sus propuestas, porque efectivamente no ponen entusiasmo en que ello se cumpla. La política de la administración Obama hacia América Latina no ha variado fundamentalmente desde los años Bush en los cuales la región no era el tema principal. La administración Obama sigue teniendo la misma orientación política y sigue entregando la implementación de la política de Washington hacia América latina a los mismos funcionarios que han apoyado los golpistas y se oponen a los gobiernos progresistas que existen en la región. La posición de Washington en Honduras es una nueva manifestación de la política de apertura de bases militares en Colombia, que tiene resabios de la guerra fría, en la que creen todavía los artífices de la política estadounidense en América latina.
El empantanamiento de la crisis hondureña seda también por el carácter pusilánime de la Organización de Estados Americanos, que parece una instancia inútil, para decirlo eufemísticamente.
La tercera reflexión es que a pesar de los avances de la región esta todavía no cuenta con mecanismos propios de resolución de conflictos-
A pesar del importante peso adquirido por Brasil, como potencia regional, que ahora, junto con Argentina y México, forman parte del selecto G-20 que es el nuevo directorio de gestión del planeta. Lo cierto es que la actitud de Brasil ha sido cambiante, sin jugarse a fondo por un cambio, fallando en lo que debiera ser su liderazgo regional al buscar ganar espacios en sus relaciones con Washington a otros niveles, adoptando política de estado apoyando a veces, contra los no alineados en la organización mundial de comercio y en otros casos aliándose con Irán.
A pesar de la emergencia de otros foros latinoamericanos, como el Unasur, como el grupo de Río; a pesar de todo ello, la región latinoamericana todavía no genera los mecanismos que le permitan ejercer un rol que permita resolver los conflictos en la región, como pretende hacerlo el consejo de seguridad de las naciones unidas.
La Carta democrática y la amenaza de sanciones no han servido para cambiar la situación en Honduras. En ese marco se regresa a la concepción tradicional de de relaciones internacionales como la de países como actores individuales en el concierto de naciones.
Tanto Washington, como las instancias multilaterales o los gobiernos latinoamericanas parecen haber abandonado a Zelaya y la resistencia hondureña y se encaminan por inacción a legitimar el golpe de estado, al no colocar las gestiones para restituir a Zelaya lo como una prioridad basada en los principios democráticos. Nadie quiere jugarse.
El problema fundamental de todo esto, es que no se trata solamente de una cuestión de principios, el fin de la amenaza que de algún modo representaba Zelaya para la oligarquía hondureña, se traduce en flagrantes violaciones a la expresión de las mayorías, en violaciones de los derechos humanos, en represión de organizaciones sociales, en el mantenimiento de la marginalización y la exclusión de ciudadanos incluidas las poblaciones indígenas Garifonas que resisten megaproyectos destructivos del medio ambiente. La genda d elos golpistas incluye reprimir el movimiento social forjado en contra del golpe de estado.
Pero no se trata solamente de Honduras. Con su inacción los gobiernos latinoamericanos, incluidos los progresistas, olvidan que a ellos también les puede tocar el turno, porque las fuerzas oligárquicas y los poderes fácticos son poderosos en América latina y el modelo hondureño puede repetirse. Algunos denuncian algo así en preparación contra el gobierno de Fernando Lugo en Paraguay.