Puesta online a las 13:39, el 04 de Diciembre del 2009
por Jorge Arrate
ALLENDE: DEMÓCRATA Y REVOLUCIONARIO
La trampa más insidiosa que acecha a los hombres ilustres son los apologistas, incapaces de ver luces y sombras en el personaje que veneran.
Despojado de su naturaleza humana, el venerado pierde credibilidad, se convierte en una mentira. Por otra parte, el peor de los abismos que los personajes insignes deben enfrentar es el olvido. Que un simple ser humano olvidado es más que posible.
Que alguien que era carne de estatua -como Allende decía de si mismo- sea víctima de las brumas del olvido es una debacle de la memoria y, por tanto, de la identidad de quienes olvidan. En Chile los años de la transición han visto la proyección intencionada de las nubes del olvido. Allende no fue indemne a este diseño:
durante 30 años su figura fue silenciada por sus adversarios y a veces -demasiadas para mi sentir- obviada, con mayor o menor habilidad, con mucha o poca elegancia, por quienes fueron sus partidarios. Sin embargo me asiste la certeza que Allende no corre el riesgo del olvido.
Ese abismo no habrá de consumirlo.-
He sido un allendista desde antes de tener la edad para sufragar y nunca lo he ocultado.
Tengo, pues, una fuerte carga subjetiva al referirme a Salvador Allende y sería absurdo disimularlo. Pero al Allende que admiro como dirigente político procuro siempre mirarlo como un ser humano. Ni santo, que nunca ambicionó ser, ni redentor social, que dijo expresamente no ser, ni un virtuoso o un moralista, que no fue.-
Un elemento clave en la vida de Allende fue su relación con las multitudes, con el pueblo.
A veces se ha postulado la existencia de dos etapas en su acción, separadas por la primera candidatura presidencial en 1952, cuando Allende comenzó su incansable peregrinar por Chile para llevar su mensaje.-
Sin embargo, a mi juicio, el factor que se constituyó en un hito en la vida política de Allende fue la Revolución Cubana. Quizá si el Allende pre Fidel fuera un político más tradicional, más reformista, más "social demócrata", como se usaba decir en aquella época en que serlo era un signo de moderación, no como ahora en que un auténtico social demócrata es considerado casi un extremista en nuestro Chile "neoliberalizado". Por lo demás, aparte del impacto personal en Allende, la Revolución Cubana fue un cambio radical en las circunstancias que condicionaban
el proyecto allendista y muy especialmente en su percepción internacional. Me atrevería a decir que el proyecto de Allende en las elecciones de 1952 y 1958 era y fue percibido más cercano a la idea de reformas sociales democratizadoras que animó al Frente Popular de 1938, que a la de un proceso revolucionario destinado a dar inicio a la construcción del socialismo. En cambio, en las elecciones de
1964 y 1970 Allende y su programa adquirieron otro significado. El continente estaba conmocionado por la experiencia cubana. Los grandes actores de la Guerra Fría habían tomado nota.-
En cuanto a las definiciones políticas de Allende algunos de sus adversarios postularon, al calor de los análisis suscitados en el 30 aniversario de su muerte, la tesis de "los dos Allende":
uno, el Allende republicano y apasionado por la justicia social, el otro el Allende partidario de la revolución y del socialismo. A mi juicio se trata de una interpretación intencionada. Ciertamente son muchos los elementos que confluyen a la formación de Allende. No es algo excepcional, así ocurre en general con los seres humanos más complejos. Lo que ocurre en este caso es que esos elementos convergen hacia la constitución del proyecto allendista -la llamada "vía chilena al socialismo"- que, en lo central, propiciaba un proceso de contenido revolucionario, pero no armado. Allende fue un revolucionario que creía en la democracia.-
¿Cómo surgió ese proyecto? ¿Por qué existió Allende y la Unidad Popular?
Sus críticos han dicho que fue un accidente en la historia de Chile. Uno
podría coincidir, en un cierto sentido, con esa afirmación: la historia de Chile fue, hasta Allende, la historia del predominio de un pequeño sector de la sociedad sobre la mayoría, aún con estremecimientos como el triunfo del Alessandri popular en 1920 y el del noble Pedro Aguirre Cerda en 1938.-
Entonces, el profundo enfrentamiento social que se produjo durante el gobierno de Allende tiene una explicación primaria: los intereses y privilegios centenarios de los grupos dominantes corrieron, por primera vez, un riesgo serio. El pueblo de Allende creyó que podía mandar, que podía alterar el status histórico de la sociedad chilena.-
Si tenía o no razón, es un punto ciertamente debatible. Aquello que es preciso subrayar es que la combinación de dos factores -la comprensión del pueblo allendista de su condición
histórica subordinada y su rebeldía ante ese destino y la radicalización de los procesos sociales en América Latina- dieron lugar a un intento de cambiar el signo del poder económico, social y político en Chile. Es el único momento en nuestra historia en que ha emergido un proyecto de esa naturaleza con posibilidades de éxito.-
Nunca será suficiente subrayar cómo la intervención estadounidense fue de negativa para el gobierno allendista. Y -¡qué duda cabe!- la acción desestabilizadora, ilegal, terrorista en muchos casos, de los sectores más importantes de la derecha chilena. A ello se suman las debilidades y errores de la de la Democracia Cristiana, las debilidades y errores de la Unidad Popular.-
Entonces, lo central del proceso no fueron las diferencias entre Allende y su partido, que algunos han querido
proponer como factor explicativo clave de la derrota de la Unidad Popular, o supuestos desaciertos en el manejo del gobierno. La cuestión principal fueron las diferencias entre Allende, su partido, la UP, la izquierda, con el "establishment"
económico nacional e internacional.-
Durante su gobierno, a diferencia de los Presidentes que lo antecedieron en el siglo XX que tuvieron serias dificultades con sus apoyos originales, Allende sufrió una erosión menor de su base política al escindirse de la Unidad Popular una pequeña agrupación radical. Por el contrario, aumentó el respaldo político y parlamentario con la incorporación de la Izquierda Cristiana a la UP. Terminó su gobierno con muchos más votos de los que obtuvo en 1970: 8 puntos porcentuales más en 1973 que en 1970, es decir un 25% de incremento. Se trata de la mejor
performance electoral de un gobierno del siglo XX luego de tres años de ejercicio.-
No obstante, el respaldo logrado no fue suficiente para sustentar el proyecto. Un cambio radical de carácter democrático requiere de una mayoría muy amplia y cualitativamente sólida, y la izquierda chilena de la época, no obstante sus grandes avances y éxitos, no tuvo la capacidad de generarla.-
2. La izquierda dedicó un largo período luego de su derrota en 1973 a una descarnada autocrítica. Se buscaba una respuesta a una pregunta lacerante:
¿por qué fuimos vencidos?
Para responder, es preciso situar a la Unidad Popular en el tiempo. La UP surge en un mundo bipolar, donde ocurren unos fenómenos llamados "revoluciones" -que hoy son como una
especie extinguida- pero que entonces eran no sólo deseadas sino también posibles.
Las revoluciones habían sido muchas veces derrotadas, pero se anotaban algunas resonantes victorias durante el siglo XX: en 1910 la revolución mexicana, luego la soviética en 1917 y, posteriormente, la revolución china y la lucha de liberación nacional con resultados revolucionarios en Yugoslavia, Argelia y otros países. Y, en América Latina, la revolución
cubana.-
En segundo lugar -como ya se anotó- la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende fueron un acontecimiento único en la historia del disciplinado Chile de los encomenderos, de los terratenientes y de los obispos, en el país de los que habían vivido de las rentas del salitre y de las rentas del cobre o de la protección estatal a
una naciente industria nacional, un Chile siempre gobernado por unos pocos. En ese ordenado Chile surgió la Unidad Popular. Fue la maduración de un largo proceso que se remonta al surgimiento del movimiento
obrero.-
La izquierda se agrupaba muy mayoritariamente en la Unidad Popular. Existía también el MIR, pequeño pero significativo porque si bien no poseía fuerza electoral tenía implantación entre los jóvenes, los pobladores y los campesinos e influía en el conjunto de la UP.
Planteaba una línea y un método que apuntaban a acelerar el proceso revolucionario desbordando la institucionalidad. La Unidad Popular estaba integrada por el Partido Socialista, el Partido Comunista, el Partido Radical y los grupos de origen cristiano.
El Partido Comunista era una fuerza
disciplinada con políticas claramente definidas y compartidas por todos sus integrantes. Sus criterios coincidían en gran medida con los del Presidente. Era, sin embargo, como el conjunto de la izquierda, prisionero de una fuerte adhesión a esquemas teóricos muy rígidos, construidos en los debates doctrinarios del movimiento marxista internacional y nacional y fue reticente a aceptar la tesis de Allende de que el socialismo podía construirse sin dictadura del proletariado. Era entonces contradictorio, al menos aparentemente, el planteo de un desarrollo democrático hacia el socialismo y la proposición de la dictadura del proletariado como horizonte, por más que se dijera que la dictadura del proletariado era una forma de democracia y se la definiera como un concepto que no debía, en su versión chilena, atentar contra los derechos civiles y políticos. Pero el entendimiento predominante en el mundo
era que la dictadura del proletariado significaba, en realidad, la supresión de los demás partidos que no fueran el partido único, ya que eso había ocurrido en Rusia y, de modo parecido, en los demás países de Europa del este.-
En el Partido Socialista había quienes tenían posiciones muy similares a las del Partido Comunista y quienes tenían posiciones más cercanas a las del MIR. El PS expresaba en su interior, desde su origen como partido, distintas vertientes marxistas y socialdemócratas.
Al Partido Socialista habían confluido el anarcosindicalismo, los socialistas libertarios y los trotskistas escindidos del PC en la década de los treinta, y su latinoamericanismo se había traducido en una fuerte adhesión al proceso revolucionario cubano. El Partido debía ser supuestamente un crisol. Pero a veces no lograba generar
una síntesis integradora. De esta manera, su corriente predominante sostenía una postura que también desconfiaba de la llamada vía chilena al socialismo, por ser una vía pacífica. Allende admitía que la revolución de la Unidad Popular era un proceso que podía requerir violencia, pero era una violencia defensiva: "contra la violencia reaccionaria la violencia revolucionaria", acostumbraba decir. El hecho es que un sector muy importante en el Partido Socialista creía que un enfrentamiento violento era inevitable.- Allende por sí solo era otro gran actor en la izquierda. Representaba algo ciertamente distinto al PC y distinto de su propio partido. Allende era un gran negociador político y se preciaba de ello. Había hecho cuatro campañas presidenciales planteando la unidad de los trabajadores. En su práctica, más ocasionales consideraciones teóricas y algunos de sus textos, Allende
criticaba implícitamente a la izquierda de la que era parte y motor principal. Casi siempre, sin decirlo directamente, censuraba las tendencias escolares que asomaban en los partidos, donde se hacían interpretaciones bíblicas de los textos marxistas clásicos y se exageraba la atención en procesos ocurridos en otras realidades.- A pesar de su realismo Allende era un intransigente, en el mejor sentido de la palabra:
no transigía ciertos principios. Se negó a extraditar a revolucionarios argentinos refugiados en Chile que habían escapado de la cárcel de Trellew, al costo de eventualmente tensionar las cruciales relaciones con Argentina. No aceptó las condiciones que la Democracia Cristiana puso como bases del tercer diálogo, consistentes en la formación de un gobierno de militares y técnicos que pudiera remover funcionarios medios, porque consideró que la opción que se le
ofrecía implicaba renunciar al proyecto de la Unidad Popular. No aceptó rendirse en su batalla final.-
La oposición tenía una punta de lanza fascista en Patria y Libertad, contaba con el viejo partido de los propietarios, el Partido Nacional, y con un partido ubicado al centro, naturalmente con corrientes internas, la Democracia Cristiana. En la oposición se produjo un encadenamiento que unió segmentos muy distintos. La derecha captó muy tempranamente que necesitaba usar a Patria y Libertad de espolón para, mediante la violencia y el terrorismo, agudizar las diferencias, y que, al mismo tiempo, debía maximizar su influencia sobre la Democracia Cristiana. Hubo entonces una verdadera batalla por la DC. La derecha la libró con habilidad, sabiendo que ganarla era un requisito para poner término al gobierno de la Unidad
Popular. Pienso que la Unidad Popular no se condujo con la misma habilidad.- El poder económico apoyaba decididamente al Partido Nacional y a Patria y Libertad. Pero muchos empresarios de tamaño medio y pequeño y la mayoría de las asociaciones gremiales, identificados con la clase media, también se sumaron a las fuerzas contrarias al gobierno de Allende. El paro patronal de octubre de 1972 tuvo como principales protagonistas a los gremios. Los partidos de derecha planificaron en el pizarrón, pero los que ejecutaron el paro, incluidas acciones violentas y de sabotaje, fueron actores sociales. Eran la asociación de camioneros, los empresarios del transporte, sectores profesionales, en fin, las diversas ramas empresariales.- Se vivía la Guerra Fría y las dos grandes potencias se disputaban el espacio mundial.
Ese clima es un factor ineludible para explicarse lo ocurrido durante el
período de la Unidad Popular. En nuestro continente no había simetría: si bien la Unión Soviética y la Revolución Cubana tenían una influencia en América Latina, el así llamado "imperialismo norteamericano" ejercía una intervención política, financiera y operativa que en Chile fue mayúscula y decisiva.- El sindicalismo tenía una fuerza importante y estuvo alineado muy mayoritariamente con Allende. Pero surgieron otras formas de organización social que suscitaron discusiones, como los denominados "cordones industriales". Eran agrupaciones de dirigentes sociales de un determinado territorio que se relacionaban con organismos barriales y con Juntas de Abastecimientos y de Precios, las JAP, que distribuían los alimentos cuando se produjo escasez como resultado del aumento de poder de compra de la mayoría de la población y del acaparamiento intencionado de la
minoría. Los cordones se formaron en las grandes concentraciones industriales.- Ningún actor permaneció inactivo. Todos se movieron simultáneamente y, además, "arriba"
y "abajo". Los cordones industriales chocaron con la central sindical y con los partidos, porque aspiraban a un grado mayor de autonomía. Se produjo así una demanda desde abajo dirigida hacia la dirección del proceso, hacia Allende, por ir más lejos, por ir más allá.
Gente de base quería ir más allá y pugnaba para que las direcciones políticas, las autoridades, el Presidente de la República, tuvieran una actitud que fuera más allá todavía de lo mucho que realizaba el Gobierno. Y quería poner otros ritmos al proceso.- Algunos actores se convirtieron en verdaderos espacios en disputa. Uno fue el Partido Socialista. En el PS se medían en el debate Allende, el MIR, la revolución cubana
que quería hacer valer opiniones, el P.C. que quería influir a favor de sus propias posturas.- Un segundo campo de disputa fue la Democracia Cristiana que, más que un partido de centro, era un complejo social y doctrinario. Desde allí surgió el MAPU, en 1969, y la Izquierda Cristiana en 1971. Las dos divisiones no agotaron la existencia de una vertiente de izquierda en la DC, porque permanecieron Radomiro Tomic, Renán Fuentealba, Bernardo Leighton y otros dirigentes progresistas. Por eso, a pesar que la derecha ejerció una fuerza despiadada sobre la DC, demoró en lograr sus objetivos. En definitiva, se impuso en la DC el alma más conservadora que en nada contribuyó a los esfuerzos de Allende por construir acuerdos.- Un tercer campo de disputa eran las Fuerzas Armadas, actor decisivo. Respecto de ellas uno se pregunta: ¿cómo no ocurrió antes, cómo se demoró tres años en armarse el golpe militar? En verdad, la conspiración
militar se había manifestado ya en los días siguientes al triunfo de Allende, pero localizada, minoritaria. Había, entonces, un fundamento efectivo en la política de Allende hacia los institutos armados. La línea del Presidente permitió contener durante tres años la operación de defensa del status quo que las Fuerzas Armadas parecían, como en una tragedia griega, destinadas ineluctablemente a realizar.
Durante tres años esas Fuerzas Armadas se abstuvieron, en general, de una acción en contra de un proceso revolucionario que planteaba metas y objetivos ofensivos para los intereses dominantes, a pesar de la influencia estadounidense y la acción de la derecha subversiva que las convocaba permanentemente a rebelarse.
Actuaron con un sentido de acatamiento a la legalidad que fue la base de la política militar de Allende y que, finalmente, las fuertes presiones recién señaladas terminaron por desgastar y quebrar.-
( Continuará...)