Mi abuelo de vaciones en Europa Las vacaciones, junto a mi abuelo, fueron descueve. Mis padres lo trajeron a Suiza. Cierto
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Puesta online a las 13:28, el 08 de Diciembre del 2009
Mi abuelo de vaciones en Europa
Las vacaciones, junto a mi abuelo, fueron descueve. Mis padres lo trajeron a Suiza. Cierto que mi abuelito es súper picaflor. Su profesión Actor y monólogista. Es patético. Siempre inicia sus monólogos con: “hoy voy hablar..” Parece cabro chico que cuenta un chiste y inicia con: “había una vez”. Los curas dicen lo mismo: “hoy voy hablar...”. “Abuelo, las monólogistas chilenas, “ dije” son fomes. “No saben otra que hablar de sexo débil y atacar los hombres chilenos”. Mi abuelo respetaba mis puntos de vistas. “Libre expresión, nieto, diga lo que guste, que yo, su abuelito, lo comprenderá”. “De achaque mueren los pavos, agüelito”. “Se dice –Paos-, nieto lindo y no, “pavos”. ... Los abuelos son simpáticos. Nunca lo había conocido. Tengo 15 años. Soy su nieto regalón, dijo. Es chamullero. “No me venda pomada agüelito”. “Nieto no se dice pomada... sino que poma”. Ahí descubrí que mi abuelo hablaba el castellano como las pelotas.
Una noche retó a mis padres porque me enseñaban un castellano muy cuico. “En Chile a tu cabro se lo comen en un dos por tres”, les dijo. El agüelito era traumatizante. “Ya, nieto, chicotea el caracol que nos vamos a caminar al centro”. No entendía nada. “Agüelito, habla castellano... que no se entiende nada”.
“Puta que es atajachancho mi nieto”.
“ ¿Qué?”
“Sabí lo que quiere decir: ¿gil de la cuna?” me preguntó.
“En literatura, agüelito, eso quiere decir Coche de bebé: lo de “Gil” no hay textos explicativos que entreguen una razón objetiva para usar tal vocablo”.
“Voy a tener que llevarte a la casa de orate, nieto, tu melón dispara puro ABC caro y na’ pa’ los proletas o monólogistas”.
No entendí ni jota. Mi abuelo, ¡viejo verde!, deseaba que lo llevara a un lugar de “cuiquillas que dan de tú.”. “Me gustan las rubias, nieto... las rubias verdaderas... no las teñidas que tenemos en Chile que son puros taxis. Otra cosita, nieto...,muere en la ruea porque si lo sabe tu agüelita me da la pata en la raja”...
“No entiendo nada. ¿Qué tiene que ver un taxi con una rubia teñida?”
“Puta la güea, nieto... ¿naciste el día de los tontos?”
En Europa hay tantos abuelos; buenos abuelos. Se entiende cuando hablan. Aqui los ancianos van temprano a la cama. Mi abuelo, el fresco, deseaba que lo llevara a la calle de los cabarets y, para cerrar en belleza... me dijo, “ me llevai a una casa de chimbirocas”.
“Esto se lo cuento a mi papá que usted quiere jugar a la biroca, al que le toca le toca”, le dije.
Mi agüelito, de reírse tanto, perdió su placa dental y, para colmo, el perro de la vecina, al ver que la dentadura saltaba por el piso, se lanzó contra los dientes y los hizo papilla.
¡Finalmente! Silencio. Mi agüelito no hablaba. Sus dientes destartalados en el piso. Había que llevarlo al dentista para que le hiciera una placa nueva. Ahora, de simpático paso a antipático. Flojo para caminar y regodeón como toditos los agüelitos sin dientes.
“ ¿Nieto, hay café con piernas en Suiza?”
“agüelito ¿usted le echa piernas al café?
“ ¿A qué mundo llegue?” fue lo último que dijo mi abuelo porque luego, de reírse tanto, le llegó un ataque al corazón que estuvo a punto de hacerlo cruzar la otra puerta.
Estuvo tres semanas en el hospital. Mi padre se gastó todos nuestros ahorros en gastos de clinicas y dentaduras. La mejor idea era meterlo en un avión y mandarlo a Chile.
Mi abuelo no quería irse. En el hospital se enamoró de una enfermera rubia. Anna Fischbrot. Alemana. Podía ser su nieta. Mi padre no tuvo sentimientos. Al salir del hospital y luego haber probado la dentadura... lo fuimos a despedir al aeropuerto.
“Nieto, no te olvidí de mandarme las fotos que nos hicimos en los Alpes y los ríos, en las pistas de esqui y en los velódromos...”
“ Si agüelito” le respondí aunque nunca fuimos con él a los Alpes o a los ríos.
“Agüelito, si yo voy a Chile, no se olvide de su promesa”.
“ ¿Qué promesa, nieto?
“ Que me llevaría a una casa de chimbirocas”
“Cabro mal educado” gritó y pasó el control de aduana.
Pasaron los meses y mi abuelo no llamaba por teléfono. Una tarde vino a nuestra casa, Anna Fischbrot. Para nosotros fue una inmensa sorpresa. Cenó con nosotros y nos habló de mi abuelo. Lo tremendo es que mi abuelo le había pedido matrimonio. Mi padre estuvo a punto de morir de impresión. Anna nos entregó unas cartas que mi abuelo le escribió desde Chile. Nunca he podido saber en que lugar de la casa escondieron esas cartas de amor. El día que las encuentre, amiga y amigo lector, las haré publicas....