Las Cosas Simples EL PUERTO DE VALPARAÍSO Por Elizabeth González Altamirano Mi ciudad es mágica, claro que es mágica, t
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Puesta online a las 22:30, el 03 de Octubre del 2008
Las Cosas Simples
EL PUERTO DE VALPARAÍSO
Por Elizabeth González Altamirano
olaboración especial para Chileinforma.
Mi ciudad es mágica, claro que es mágica, todos aquellos que se encuentran lejos estarán de acuerdo conmigo.
Valparaíso es un puerto para aquellos que ven más allá de lo obvio, hay que descubrirlo, vivirlo, sentirlo, impregnarse de él, cuando lo hayas logrado, veras como lo amas.
Los cerros de mi puerto, están sembrados de escaleras que te conducen hasta casi el cielo, cuando subes por ellas, te impregnas de los gritos de los niños que en el mes de Septiembre elevan volantines de múltiples colores a orillas de las quebradas, ellos hacen competencias para así saber quien es mejor en el arte de elevarlos, cuando uno de los volantines se va cortado el espectáculo es increíble, una bandada de niños se descuelgan cerro abajo detrás de el con la esperanza de hacerlo suyo, los gritos se transforman en desilusión cuando alguno de los volantines fugitivos se enreda en los cables que se entrelazan en entre las casas del puerto.
Los perros y gatos también forman parte de todo este ruido, con sus ladridos y maullidos, están en todas los lugares, los perros y gatos de la ciudad son bellos, suaves, intrépidos, luchan por su alimento y por las noches duermen en las calles buscando calor entre ellos. Están los perros vagabundos y los de casa, son estos los que muchas veces podemos ver en la mañana volviendo a sus hogares, caminan lento cerro arriba después de una noche de juerga en el plan, en el caso de los vagabundos, hay veces que alguno tiene la suerte de encontrar amos que deciden llevarlo a sus casas y así les cambia la vida, como el caso de mi amiga Paty que decidió recoger al “Benja” y ahora es un perro que va hasta a la peluquería. En el caso de los gatos es normal verlos a orillas de las ventanas lamiendo su pelaje o durmiendo en algún peldaño de una escala, los hay de todos los colores y en las noches visitan a las gatas de los vecinos convirtiendo la noche silenciosa en un concierto de maullidos que termina cuando se abre alguna ventana y vuela un zapato en dirección a ellos.
Los ascensores suben a los cerros su carga humada, se quejan en la subida como ancianos con artrosis, son tantos años de subir y bajar, quien en Valparaíso no a tenido la bella experiencia de subir en un ascensor, de niños lo mejor era hacerse amiga de la persona que manejaba el torno, que es el lugar donde uno debe cancelar el pasaje, ya que así tenia la posibilidad de que te dejara saltarlo y guardar las monedas que seguramente terminaban en el negocio de la esquina convertidas en galletas molidas, lo que era un placer para los niños de mi tiempo.
Si algún extranjero me lee y a estado en mi puerto seguramente sabrá a lo que me refiero, no creo que haya alguno que no haya subido en un ascensor al visitar Valparaíso.
El mar que rodea al puerto a veces es azul otras celeste y a veces después de los temporales que azotan el puerto es café, ya que las aguas que bajan de los cerros se mezclan con la tierra que encuentran a su paso.
Mi ciudad es mágica, insisto. Las casas de todos los colores imaginados cuelgan de los cerros como racimos multicolores, es una arquitectura loca, solo en Valparaíso construirían de esta forma, es así como podemos ver pequeñas casas que se mantienen a orillas de los cerros apoyadas en frágiles pilares que nos hacen preguntarnos como es posible que resistan.
El aromo florece en el mes de Junio, explota en todos los lugares del puerto, su aroma dulzón recorre toda la ciudad, impregna las escaleras y se mete en los ascensores. Sus pequeñas flores amarillas son como diminutos soles que se descuelgan de sus ramas. Es increíble ver como en los lugares más increíbles nace una mata de aromo que espera la llegada del invierno para aparecer frente a nuestros ojos.
Las personas de este puerto son alegres, comunicativas, caminan con gracia, siempre están dispuestas a contestar cordialmente las preguntas de los turistas, recomendarles paseos, los mejores lugares para alojar, es así como muchas veces alguno de ellos termina almorzando en casa de algún porteño conocido en la calle y con el que termina construyendo una linda amistad que perdurara en los años.
Así somos, simples, cordiales, solidarios y alocados como nuestra geografía.