El carnet y las elecciones (TEATRO) ULTIMO ACTO ESCENA: Dormitorio de unos allegados en una casa modesta en lo Valledor.
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Puesta online a las 20:05, el 12 de Enero del 2010
El carnet y las elecciones (TEATRO)
ULTIMO ACTO
ESCENA: Dormitorio de unos allegados en una casa modesta en lo Valledor. Una colchón en el suelo. Murallas desnudas y descoloridas. En la habitación no hay luz. Al encenderse una vela vemos a ANDREA. Está en enaguas y despeinada, en su rostro hay huellas de sufrimiento. Cierra una maleta vieja y la pone sobre el colchón. Va a sacar algo pero se arrepiente. Se sienta en el suelo al lado de unas tazas sucias.
(Abren la puerta del dormitorio. ANDREA se asusta, se pone de pies y saluda.)
(Aparece su conviviente, Mario)
ANDREA. —( con su mirada ausente.) ¿Qué has perdido?
MARIO. —¿Cómo qué he perdido? Déjame buscar algo en la maleta.
ANDREA. —¿Algo?
MARIO. —.Necesito lo que me has escondido
ANDREA —Ahora no te lo entrego. Tengo hambre. Iba a dormir para olvidarme del apetito.
MARIO (le da una bofetada y la empuja fuera del dormitorio.)
MARIO. —Creo que no has entendido.
ANDREA. —¿Entendido?
MARIO. —¿Dónde está mi carnet de identidad?
ANDREA. —Tú lo habrás empeñado. Ayer llegaste borracho a la casa. Tal vez lo dejaste en la picada a cambio de un copete.
MARIO. —Necesito el carnet. Tú eres la única que tiene el derecho a meter las manos en mis bolsillos. Te has vendido a la concertación, a los comunistas ¿si?
ANDREA. —(Llorando.) Me das pena. ¿ En cuánto has vendido tu voto?
MARIO. —(Pateándo la maleta.) ¡La plata es plata! (da otro bofetón a la mujer.) ¡Plata es plata! ¡Sin plata, no soy yo...!
ANDREA. —Lo has confesado. Has vendido tu voto.
MARIO. —¿Dónde está mi carnet perra de mierda? No me voy a detener hasta no matarte. ANDREA. Sólo quiero que me des el carnet. Me lo has escondido
ANDREA. —¿Me vas a matar? No te temo. Vas a terminar en una cárcel. (Llora.) Ya te veo en los calabozos narrando mi asesinato por no haberte dejado votar por la derecha.. (Grita y llora.) ¡Qué hijo de puta!
MARIO. —No empieces a ofender a mi madre. Estoy intentando de no matarte. Te pido en nombre de mis muertos que no me hagas mancharme las manos de sangre.
ANDREA. —Mata, sigue matando. Antes lo hacias. Sé que lo hacias.
MARIO —(Arrastrándola del pelo.) ¡Deja de hablarme del pasado! ¡Estás pidiendo que te mate ! ¿Dónde está mi carnet?
ANDREA. —Contaré a todo el barrio que fuiste un torturador.
MARIO. —¿Qué no se te ocurra?
ANDREA. —Juro. He estado pensando todos estos años.
MARIO. —¿Te has olvidado que fui tu salvador?
ANDREA. —He sufrido tanto. Hoy en la mañana he hablado con un camarada de los Derechos Humanos
MARIO. —(Asustado.) ¡Con quién hablaste? ¡Traidora!
ANDREA. —No te salvas, ya estás denunciado.
MARIO. —¿Cómo que denunciado?
ANDREA. —¿Sientes miedo? ¿Cuándo torturabas, o me torturabas, no temías?
MARIO. —Hacia mi trabajo, ¿por qué vuelves al pasado?
ANDREA. —El pasado no muere. Cuando deliraba en las torturas se te ocurrió llevarme a tu casa.. (Grita.) Pero había perdido la memoria.
MARIO. —Te salvé la vida. Debes agradecerme.
ANDREA. —¿A pago de qué? De mi vida. Te has olvidado que la memoria no muere, se pierde pero vuelve.¿no?
MARIO. —¿Por qué lo dices ahora?
ANDREA. —Esperaba el momento.
MARIO. —Sabías que era mejor matarte. Estás reconociendo que te salvé.
ANDREA. —Me quebré. Delaté a mis camaradas y me refuguié en tí "Oh, Dios mío", me arrepiento.
MARIO. —Me estás hueveando, Andrea. No sé si estás recitando o jugando conmigo.
ANDREA. —(Arreglandose el pelo.) No, no tengo ningún interés en jugar contigo. Abro el pasado.
MARIO. —Escúchame perra sarnosa. Vamos a tratar como personas y no como animales. Nos estamos hundiendo en la miseria. Hay que cambiar rumbo.
ANDREA. —(Mostrándole unas quemaduras de un seno que le dejaron las torturas.) ¿Qué te parece si pongo esta teta quemada en los sitios de Internet? Está toda tostada...
MARIO. —¡He venido a buscar mi carnet!
ANDREA. —¿Me vas a torturar?.
MARIO. —¡Cállate mierda! Deseo... cambiar mi suerte. ¿No te das cuenta?
ANDREA. —(Toma su maleta.) Ya lo ves. No soportas que se haga justicia. Antes la prohibían con la Junta. Pues ahora Piñera promete volver al Pinochetismo... eso te da alegría, porque es posible que se borren todos los horrores de tu tiempo; tú me torturaste primero y ahora .
MARIO. —Yo te torturé por ordenes de arriba. Esa es mi verdad.
ANDREA. —Si, claro, sólo recibías ordenes de arriba... Pues estás más mentiroso de antes. Al menos no me hablas que Contrera o el Guatón Romo te amanazaron de muerte.
MARIO. —No te pases de la linea.
ANDREA. —No pretendo pasarlas. Soy... perseguida, pero no huevona.
MARIO. —Yo siempre te he tenido bajo control.
ANDRE. —Me has tenido encerrada en la casa de tu madre. Tengo un vecino que es mi amante: su pecado es que es casado... porque sino hubiese sido su única mujer.
MARIO. —¿Por qué me lo dices ahora?
ANDREA. —No es grave. Ya sabes que soy caliente.
MARIO. —¿Por qué no me dijiste antes puta de mierda?
ANDREA. —¡Qué puta ni tres cuartos! ¿Tú sabes de dónde viene la comida que cagas en el water?
MARIO. —Si al menos en este momento tuviera una pistola.... Eras ya un cadáver.
ANDREA. —-Jamás pude soportar tu sexo.
MARIO. —¡Eso me hiere! ¡Me siento como la mierda!
ANDREA. —El pinochetista, ¿quieres sexo? Se me hace que ni se te para... No hay dudas. La gente humana no se puede acostar con chanchos. Unos minutos contigos y gritas: ¡me voy! acabo, acabo, acabo...
MARIO. —¿Sigue puteando con él?
ANDREA. —Sigo. Estoy intentando de volver a la vida.
MARIO. —Ya sabía yo que eras una gran puta. Me arrepiento de haberte dejado con vida.
ANDREA—Me has dejado muerta.
MARIO. —O sea, que debo matarte de verdad.
ANDREA. —Qué temor no tengo.
MARIO. —Sabes que lo haré.
ANDREA. —No temo.
MARIO. —¿Quieres que te mate enseguida?
ANDREA. —Antes cierra la puerta.
MARIO. —Necesito tener la puerta abierta. Esto deben verlo todos los del barrio.
ANDREA. —Es totalmente obsceno.
MARIO. —Tienes que aceptar. Antes que te mate dame el carnet.
ANDREA. —Primero me matas y luegos buscas.
MARIO. —Andrea, yo quiero mi carnet.
ANDREA. —Lo sé. Tú me enseñaste a esconder las cosas...
MARIO. —Dime el escondite. Podemos volver a ser convivientes...
ANDREA. —Me enseñaste a mentir sobre todo en el amor.
MARIO. —Con el nuevo gobierno tendré trabajo. Quiero seguir contigo. Creo que tú podrías hasta ser parte de nuestro nuevo...
ANDREA. —¿...Nuevo escuadron?
MARIO. —Escucha, Andrea, he estado pensando si sale Frei nos iremos a la mierda. Quiero votar por Piñera porque salvaré la nación
ANDREA. —Sí, tu nuevo patrón.
MARIO. —Tienes que comprender. Antes tuve muchas cosas. Estoy tratando que me den trabajo en el servicio de intelegencia. Tengo mis años de experiencia.
ANDREA. —¡No! Olvida el carnet. Personas como tú no deben votar.
MARIO. —Lo hago por mi madre, por ti. Quiero ganar plata para que viajemos...
ANDREA. —Eso no me importa. ¡Buena suerte! He sido tu prisionera; yo necesito mi libertad.
MARIO. —No te vas. He decidido. Te mato...
ANDREA. —¡Espero que me mates! ¡Dios, ha perdonado todos mis errores!
MARIO. —Por algo Dios te hizo confesar. (saca un cuchillo de su pantalón y lo hunde en el corazon de Andrea.) ¡Dios mío, Andrea. he matado a Andrea! (Sale corriendo a la calle.) Te he matado, Andrea, te he matado puta de mierda... perra.
VECINOS—De nuevo ve visiones el milico. Es hora de encerrarlo en la casa de orate.
MARIO. —Devuélveme el carnet, el carnet, el carnet.
VECINOS. —¡Es hora! lo llevamos al manicomio y listo...
MARIO. —Quiero el carnet, el carnet, el carnet...
(Los vecinos llaman la ambulancia.)
ANDREA cierra la puerta de su dormitorio y abraza su maleta.
TELÓN
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Enero del 2010
Iván Godosky