Sebastián Piñera y sus amores con las viudas de Augusto Pinochet El malhadado Sebastián Piñera nunca en su vida ha estado m
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Puesta online a las 18:43, el 05 de Octubre del 2008
Sebastián Piñera y sus amores con las viudas de Augusto Pinochet
El malhadado Sebastián Piñera nunca en su vida ha estado más cerca del llevar al lecho a su esquiva y amada presidencia de la república. Todas las encuestas y ungüentos de las brujas de El Mercurio, La Tercera y los canales de Ricardo Claro y de él mismo, demuestran que si la elección fuera mañana, Sebastián estaría gozando del clímax con su esquiva Julieta. Ya lo ha intentado dos veces sin mayor éxito: siempre se le escapa en el último momento; a esta tentativa los sexólogos la llaman “coito interruptus”. “Es que este niño es muy apresurado e hiperquinético”, me decía un psicólogo amigo: apenas se saca la chaqueta la cuelga en uno de sus hombros y arremanga su camisa, luego ataca. No entiende que a la presidencia le gustan mucho los halagos y los prolegómenos antes de entregarse a sus brazos. Esto de “la locomotora” le es bastante negativo a nuestro amigo, en su eterno afán de conquistar el poder.
Lo de la derecha democrática sólo es un mito estúpido, inventado por un cierto sector de la Concertación para conseguir la democracia consociativa, que sólo tiene el apellido y no el nombre. Con la típica maldad pechoña, el ex presidente Patricio Aylwin, siempre muy sonriente, acaba de lanzar un veneno: Sebastián le había pedido, hace mucho tiempo, ingresar a la Democracia Cristiana, pero la directiva del partido no estaba muy convencida de aceptar a semejante catecúmeno; le faltaban jaculatorias y Padre Nuestros y leer en el Evangelio las parábolas del joven rico y aquello del camello en la aguja.
Don Patricio Aylwin tenía bastante razón para negarle el ingreso a su parroquia, pues Sebastián Piñera, al igual que el joven rico de la Biblia, prefería seguir a los banqueros e inversionistas de la Bolsa, que el difícil camino del socialismo comunitario y la doctrina social de la iglesia, sin embargo, hasta hoy, Sebastián tiene en su escritorio, el retrato de don Eduardo Frei Montalva, a pesar de que este apóstol promulgó la reforma agraria y entendió la propiedad como un bien social y no un dogma intocable.
Sebastián Piñera pasó momentos difíciles y, al igual que Edipo, no sabía qué camino tomar: aquel que lo llevaría a la muerte de sus líderes adorados o, por el contrario, la elección de pertenencia a un partido tan raro, como Renovación Nacional, donde conviven viudas de Pinochet, puras y duras, y conversos a la democracia. Sus amigotes de la “patrulla juvenil” le permitían sobrevivir bien y sin mayores contradicciones vitales – recordamos la del famoso chascón, candidato de la derecha que, en su juventud, le había gustado el MIR-.
Por desgracia, esta niña tiene familia, la mayoría viudas del Capitán General, y que son muy estrictas al revisar el currículo y lealtad del pretendiente. En su primer intento por llegar a la presidencia, este séquito de damas lo obligó, de muy talante, a pedir la bendición del General, pero su resultado no fue muy alentador.
Los 5 de Octubre, aniversario del triunfo del NO en el Plebiscito, son siempre difíciles para nuestro protagonista, pues resucita su contradicción vital: en 2004 fue a abrazar a Gabriel Valdés, sin que nadie entendiera por qué no ingresaba a la Democracia Cristiana; en 2008, a 20 años la gloriosa epopeya ciudadana, no se le ocurre nada mejor que declarar que el triunfo de la democracia se debía, en partes iguales, a la Concertación y al general Pinochet que, “encantado de la vida” entregó el poder, pero se le olvidó que la misma noche el dictador estuvo tentado en desconocer el resultado en el plebiscito e intentar un golpe de Estado, que fue impedido, especialmente, por don Onofre Jarpa y el general Matthei.
La gente no ha entendido que el neoliberalismo no es una teoría económica o una concepción monetarista del mercado, sino una ideología totalitaria y absolutista, que no permite ninguna regulación de este nuevo dios por parte del Leviatán. Hoy, afortunadamente, esta religión se fue al suelo – o al infierno- completamente: desde las Mecas del capitalismo los gobernantes más ultraliberales están nacionalizando los Bancos, y el Estado es la única sangre que puede inyectar liquidez a sistemas financiaros, completamente paralizados. Sólo falta el último paso, propuesto por Barack Obama, de convertir a los contribuyentes en propietarios de las carteras infectadas.
Sebastián Piñera se convirtió en multimillonario y ocupó las satinadas páginas de la Revista Fobes, donde aparece el ranking de los hombres más ricos del mundo. ¿Quién puede dudar que es un genio de los negocios y de la Bolsa? Sin embargo, es mucho más limitado en el dominio de la cultura, las ciencias y la historia, que son exigibles a un estadista. En este plano, Ricardo Lagos, nuestro genial docente, le aventaja considerablemente.
No es más que una vulgaridad repetir la frase de que nadie tiene detenida la rueda de la historia, por consiguiente, Sebastián Piñera no puede aún cantar victoria; si consideramos que el pueblo casi nunca ha elegido a la derecha libremente, será necesario que Piñera supere tres nuevas pruebas: La primera, que la Concertación se suicide cometiendo uno de los tantos autogoles a que nos tiene acostumbrados; la segunda, que las viudas de Pinochet, engolosinadas con la posibilidad de lograr el poder, se entusiasmen y. al final, lo acepten en la familia; la tercera, que logre conquistar a algunos demócrata cristianos despistados o desmovilizados por un mal candidato.
Como Romeo y Julieta, puede pasar que el padre Hasbún les proporcione un medicamento para dormir a ambos amantes- la presidencia Julieta y Romeo Sebastian- y ambos se despierten a destiempo, originando la tragedia, y los montescos y capuletos –RN y UDI-, vuelvan a sus resentimientos y rencillas.