Chile: ¿país sin memoria? PDF Imprimir Correo Escrito por Alejandra Pinto 29-01-2010 La Derecha Pinochetist
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Puesta online a las 15:02, el 29 de Enero del 2010
Chile: ¿país sin memoria? PDF Imprimir Correo
Escrito por Alejandra Pinto
29-01-2010
La Derecha Pinochetista, que reniega de ser tal, pretende presentarnos un país blanqueado y sin memoria donde el “trauma psicosocial” de la dictadura sea tan solo un mal recuerdo, un momento del pasado que a toda costa hay que olvidar para entrar a la vida “del futuro”.
Una de las imágenes-fuerza de la campaña del candidato de la derecha, Sebastián Piñera, fue poner en la escena televisiva de su franja electoral a dos personajes que representaban al mundo popular: uno de ellos era partidario del pasado y otro del futuro. Obviamente que el personaje del futuro era “emprendedor”, “resiliente”, “positivo”, “empeñoso”, etc. el del pasado era una rémora condenada al fracaso.
Esa es una de las imágenes-fuerza que se instaló en este Chile del bicentenario. Incluso entre “nosotros”, los “otros” de la derecha, aún a la deriva después de la derrota electoral, sin referente claro en términos de colectividades políticas, articulándonos como sujetos y sujetas críticos, agrupándonos para desahogar la rabia, el temor, la preocupación que lleva aparejada el triunfo electoral de la derecha, incluso para “nosotros” el pasado es un referente del que quisiéramos estar libres e intentar proponer nuevos referentes, en cierto modo no “pegados”, no “fijados” en el pasado. Sin embargo, ese pasado, que quieren ver enterrado, es presente nuestro. Lo que yo, mujer de 40 años, que tenía solo 4 para 1973, año del “golpe militar”, viví en esa época, las huellas que la dictadura dejó en mi biografía, no son borrables. Esa irrupción de los militares y de la clase alta a través de un golpe de estado marcó mi vida para siempre, porque me construí como sujeta con esa marca en mi biografía. No quiero ahondar en cuáles fueron esas marcas, este escrito pretende no remitirse solo a lo biográfico, pero las huellas de esa violencia son mi presente. Y no hablo solo de mi biografía, hablo de las y los hijos de quienes murieron en dictadura y en la recién recuperada “democracia” de los ochenta; hablo de los hijos de mis amigos y amigas presas en dictadura y en democracia; hablo de quienes tuvieron, no mágicamente, instalado el horror en sus vidas cuando sus padres fueron asesinados o desparecidos en dictadura; hablo de las miles de mujeres que circulan en nuestras calles que fueron ultrajadas por las fuerzas represivas… y todo esto no es pasado. Esa herida no se cierra mientras no se reconozca su presencia actual y viva en nuestras vidas; no a través de un museo de la memoria, no a través del morbo de la catarsis, no a través de las reparaciones monetarios (que de cualquier modo no están de más), no a través de este blanqueamiento del dolor que la derecha pinochetista intenta imponernos a la fuerza.
El día de las elecciones, cuando ya se supo que el ganador era el empresario derechista Sebastián Piñera, se escuchaban gritos de “Chi-Chi-Chi, Le-Le-Le, viva Chile Pínochet”, eso es lo que se instaló en Chile a partir de estas recientes elecciones, la vuelta del pinochetismo más recalcitrante, la vuelta de los personeros de los gobiernos de la dictadura, la vuelta de los empresarios cómplices con el régimen militar, la vuelta de quienes asesinaron a quienes fueron y fuimos considerados “escoria marxista” que debía desaparecer. La vuelta de la violencia y la intolerancia que caracteriza a la derecha. La actualización del trauma psicosocial que significó la dictadura. Y esto, para quienes vivimos en carne propia el dolor, no es algo menor.
Para investigadores del mundo social, el trauma psicosocial que se vivió en Chile es equivalente al Holocausto de la Segunda Guerra Mundial y sus efectos duran al menos tres generaciones. Los hijos que no tuve, seguirán marcados por esta herida que llevamos actualizada en nuestras vidas del presente.