Curacautín (Piedra de reunión) Elizabeth Gonzalez Altamirano
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Puesta online a las 16:46, el 26 de Febrero del 2010
Curacautín
(Piedra de reunión)
Elizabeth Gonzalez Altamirano
Frente a mis ojos ansiosos
tus volcanes me rasguñan el alma.
Los trigales dorados
mecen mi infancia olvidada.
Al verlos oscilando suavemente
no puedo dejar de lado los recuerdos,
las historias de trillas vividas por mi padre
acarician mis ojos donde cuelgan los ausentes.
El camino extenso
me muestra sus habitantes,
detenidos en esas paradas de buses
rodeadas de silencios
que nos hace preguntarnos de donde salieron.
La mujer del bolso rojo mirando el horizonte.
Dos ancianos haciendo dedo.
El joven con la guitarra conversando con el de la bicicleta.
El campesino recorriendo los trigales.
Las gallinas picoteando en busca de los rastrojos de trigo.
El riachuelo interminable descolgándose del cerro.
Todo es más lento,
con su propio tiempo.
Un ritmo calmo de ciudad tranquila.
Calles de tierra rodeadas de árboles vetustos,
araucarias longevas arrullando volcanes
con los brazos abiertos al recuerdo
de los guerreros del inicio de los tiempos
cuando la astucia sobrepasaba la capacidad bélica de los españoles
utilizando la agudeza de los instintos naturales
para luchar en contra del sometimiento de un pueblo tan fuerte como el picoyo.
Saltos de agua que apedrean mis cabellos
con la fuerza oculta detrás de las piedras.
Caminos de tierra donde asoman los volcanes
orillados de añañucas, cicuta y margaritas,
mecidos por el canto suave de bandurrias y treile.
Curacautin aturdes mis sentidos.
Aprietas mi alma
hasta hacerme sentir la pequeñez de mi fisonomía
dejándome las manos llenas
del aroma del viento
que remueve las latas de las casas
en las noches de inviernos lánguidos