El hombre que vendió su cerebro (golpe perfecto) Nunca se había comprado un cerebro en el mercado persa de Chile. El potit
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Puesta online a las 22:35, el 08 de Octubre del 2008
El hombre que vendió su cerebro (golpe perfecto)
Nunca se había comprado un cerebro en el mercado persa de Chile. El potito de palo, bajo y más liviano que una pluma de almohada de una camita de muñecas, estudioso de economía y más llorón que guagua sin teta en la boca, se decidió vender su única cosa de valor que tenía en su cabeza. La oferta de un vendedor de sandías de la vega central fue de 15 lucas. El potito de palo necesitaba esa plata. Aceptó. En un hospital clandestino, al parecer de propiedad de un doctor laureado en un sitio de Internet, le sacaron todo el mate y le pusieron en su lugar un cerebro de mono. La operación fue un éxito. El potito de palo saltaba como los monitos... se colgaba por todas los postes de la ciudad y se transformó en el peor enemigo de vendedores de plátanos. Mientras el vendedor de sandías pidió que le transplantaran el cerebro y el suyo lo transplantaran a su perro, el mochito, las quince lucas que le pagaron al potito de palo, se habían invertido en el Banco del Estado comprando algunas acciones rascas del mercado internacional. !Todo perfecto! El vendedor de sandías, de la noche a la mañana, se transformó en una analista de economía mundial y su perro, el mochito, su secretario, un perro que andaba por los foros de internet y respondiendo el teléfono de los bancos internacionales. El primer articulo del vendedor de sandías dejó al mundo con el hocico abierto. Escribía que la crisis financiera que enfrentan los yankis se veía venir hace rato. Claro, el mundo anda medio jetón, los pobres inversionistas, esos que se cortan un dedo en el taller de mueblería para luego invertir el capital que le da la casa de seguro, en acciones gringas, cayeron en el truco como conejos ardientes en un lazo de acero. La incompetencia, dijo el vendedor de sandías, es el producto de ser mal paridos. Aquí, el vendedor ganó aplausos internacionales y amenazas de muerte por haber herido los sentimientos maternos de los perdedores. Quizás el problema más grande del vendedor de sandías no era el de las amenazas sino que los compromisos que andaba firmando telefónicamente su perro, el mochito, que sin pretender llegar lejos andaba organizando un matrimonio con una fulana de la China, una tal, Chan, y, al parecer, una perrita que había recibido el cerebro de una atleta la cual, por castigo, debía vivir como un perro por el hecho de no haber ganado una medalla en las últimas olimpiadas de Pekín. !Un despelote! Unos artículos del vendedor de sandías andaban embolando a medio mundo con la carencia de una política energética cuyo drama era no haber usado velas y abaratado más y más el petróleo. El vendedor de sandías llegó a ser consejero de un secretario del tesoro de un país rico. Andaba estudiando las formas de evitar una crisis completa del mundo financiero cuando su secretario, el mochito, le informó que se iría a Pekín a contraer matrimonio con la perrita. Crisis del vendedor de sandías. No deseaba perder al mochito. Era tarde. El mochito, que ni muy tonto ni muy dejado, había ahorrado sus lucas y, para colmo, su novia, la perrita, Chan, había abierto un negocio de sandías exportadas de Chile y las vendía caladas y regalaba, para colmo, hasta un tenedor made im taller del finao chalo.
El tiempo había pasado. El vendedor de sandías fue acusado de irresponsable, de indisciplinado, de mal consejero fiscal porque las deudas de los Estados ricos se habían ido a las pailas y el déficit fiscal lo pagaría con su propia carne.
Nunca se ha sabido si el vendedor de sandías se asiló en China para ir a vender sandías con el mochito, o que los yankis lo hayan metido en la CIA para que pagara su deuda que llegaba a ser de 32, 139 dólares que debe cada ciudadano americano al Estado gringo. En cambio el potito de palo, al menos eso se ha leído por los periódicos del pueblo, es que con sus quince lucas pudo hacer millones ya que al vender sus acciones a un cliente yanky del vendedor de sandías, le dieron algo de 450 millones de dólares y, para colmo, era el único hombre con cerebro de mono que había plantado en Chile grandes plantaciones de plátano. Un golpe perfecto... El potito de palo siguió siendo mono y sus familiares; los familiares del mono más pillo de Chile.