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La historia de la heroína que salvó a 3 mil niños.Colaboración enviada desde Bélgica para Chileinforma Por Rossana Cárcamo

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Puesta online a las 9:53, el 07 de Marzo del 2010


La historia de la heroína que salvó a 3 mil niños.

/Colaboración enviada desde Bélgica para Chileinforma por Por Rossana Cárcamo Serei con autorización de La Nación.

Sentarse a conversar con Andrée es entrar en una de las páginas más tristes y de mayor valentía de la Segunda Guerra Mundial en Bélgica. Ella es la última sobreviviente de la red que salvó a miles de pequeños judíos del Holocausto.


Domingo 7 de marzo de 2010 | | LND

La historia de la heroína que salvó a 3 mil niños


Andrée Guelen era la integrante más joven del Comité de Defensa de los Judíos -grupo que formaba parte de la Resistencia belga- y su labor principal fue rescatar a los niños de la deportación a los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplo de espíritu solidario y compasivo, conceptos que por estos días han sacudido tan fuerte como el terremoto registrado en nuestro país el sábado pasado.

En su escritorio de la casa en la que vive en Bélgica se pueden ver decenas de cartas y tarjetas que ella, con acuciosa responsabilidad, responde. De diferentes parte del mundo le escriben para saludarla, para preguntarle por su trabajo durante la ocupación alemana, por su salud, o para saber en qué lugar estuvo un niño escondido.

“Lo que me queda de positivo de esa época es el afecto de los niños escondidos, ellos siempre están alrededor mío. No me puede doler un pie, la nariz o una oreja, sin que ellos vengan o me pregunten ¿cómo estás, fuiste al médico, cómo te sientes?”.

-¿Qué fue lo más difícil en esta tarea solidaria?

-Yo encuentro que la cosa más difícil fue cuando de pronto vimos en la calle a la gente con una estrella en sus abrigos, eso me indignó. Mi papá, por ejemplo, se acercó un día a un hombre judío, le dio la mano y le dijo: no somos nosotros los que queremos esto. Yo era maestra en 1942, cuando las redadas y arrestos comenzaron.

-¿Qué la marcó más en esa época?

-Que los niños iban a la escuela con una estrella, y eso yo lo encontraba terrible. Entonces dije: no quiero que vengan así, a lo que las madres me respondieron: si no lo hacemos, ellos tendrán problemas. Esto no duró mucho, porque dos o tres semanas más tarde los niños fueron impedidos de ir a clases.

-Criticar esta decisión era arriesgar la vida.

-Frente a esta prohibición, las autoridades belgas aquí - ya que el gobierno belga estaba en Londres- dijeron a los alemanes que las leyes obligaban a la escolarización de los menores de edad, entonces éstos respondieron que sólo podían ir a la escuela los niños entre 6 y 14 años.

-¿Y qué pasó?

-Al poco tiempo empezaron a arrestar y a deportar a los judíos extranjeros y luego a los judíos belgas. Ése fue un período espantoso”.

Su voz suave, su memoria intacta y su transparente mirada sobrecogen. A sus 88 años, Andrée Guelen sigue luchando por sus ideales y cada vez que se le solicita, asiste a conferencias, reuniones y actos por la defensa de la libertad y de los derechos humanos.

“Acabo de participar hace 15 días en una conferencia internacional en Regio Emilia, en Italia, para preparar a los alumnos de secundaria que harán una visita al Campo de Concentración de Auschwitz. Me pidieron hablar de los niños escondidos durante la guerra. Había tantos jóvenes que yo nunca pensé que los estudiantes de la generación actual podían interesarse tanto en este problema, ellos estaban muy interesados…, fue una buena sesión”, dice esta mujer de espíritu inquebrantable.

Tras consultarle si había escrito un libro de estos acontecimientos, responde con sencillez que no, que no ha tenido el tiempo de hacerlo, además nunca ha podido utilizar una máquina de escribir porque para ella es imposible traspasar lo que su corazón siente.

El año 2003, un periodista de la RTBF (Radio y Televisión Belga Francófona) la entrevistó justo antes de las elecciones legislativas de ese año, cuando se temía el regreso de la extrema derecha a la ciudad de Amberes. Luego de este reportaje surgió la idea de realizar el documental “Un simple maillon” (Un simple eslabón), del director Frédéric Dumont, que narra la historia de las heroicas mujeres del CDJ que no trepidaron en poner en riesgo sus vidas para salvar a los niños judíos de una muerte inminente, y que da testimonio de algunos de esos sobrevivientes.

-¿Cómo hicieron funcionar esta red de apoyo?

-Nuestra organización trabajaba en tres frentes. Había un grupo que buscaba lugares para esconder a los niños en los conventos o en las familias privadas; había otro grupo que visitaba las familias que pedían ayuda, donde yo participaba, y por último, había un grupo que llamábamos La Oficina, que registraba a los niños y se encargaba de las finanzas. Era necesario saber de dónde venían, quiénes eran sus padres, les dábamos un nombre falso pero había que conocer su nombre verdadero, además se necesitaba dinero para mantenerlos.

En cinco carpetas desgastadas por el uso, Andrée conserva registrada la memoria de tres mil niños judíos. Mirar estos documentos y la rigurosidad con que fueron elaborados y preservados de la barbarie nazi, provoca mucha emoción.

La primera carpeta guardaba el nombre verdadero del niño y se le asignaba un número que era el único vinculo con su identidad original; la segunda tenía los nombres falsos; la tercera la dirección de los padres; la cuarta la dirección donde eran escondidos y la quinta las instituciones, que también tenían un número. “Todos estos archivos estaban guardados en forma separada, en diferentes armarios”, comenta entre risas: “Tendrían que haber sido Champollion para descifrarlos”, agrega.

-¿Nunca tuvo miedo de caer en una trampa?

-No, jamás, en realidad la facilidad para mí era que yo era rubia de ojos azules y la Gestapo se interesaba por la gente de cabello negro. Sí pensábamos que nos podían detener, pero vivíamos en un ambiente donde estábamos contentos con lo que hacíamos, yo estaba consciente de que debía hacerlo. Yo no tenía miedo por mí, temía por los niños. A veces llevaba 5 ó 6 niños en el tren o el tranvía. Los varoncitos se aprendían tan bien su nombre y su falsa vida que no se podía dudar.

-¿Nunca pasaron susto?

-En mayo de 1943, tras una denuncia, la Gestapo y los SS llegaron al internado donde yo trabajaba. A los dos alemanes que estaban a mi lado les pregunté ¿no les da vergüenza atacar a los niños, ustedes que son descendientes de Goethe y Schiller? Ellos me contestaron: cuando no se quiere ser mordido por chinches adultos, hay que reventarlos bajo la bota cuando aún son jóvenes. Nunca olvidaré eso en mi vida.

-¿Antes de integrar la Resistencia usted estaba comprometida en política o fue algo espontáneo?

-Yo siempre me he rebelado contra la injusticia, desde que era pequeña yo era sensible a la injusticia, por ejemplo, usted dirá que es una tontera, pero yo no comprendía por qué la sirvienta -pues yo vengo de una familia burguesa- no podía comer en la mesa con nosotros. Eso yo no lo entendía. Abrí los ojos con la guerra de España, cuando tenía 13 ó 14 años. Yo integraba un grupo que enviaba encomiendas a los republicanos y, más tarde, íbamos a buscar a los niños a la frontera española. En 1936, un profesor nos hablaba de la Guerra Civil, y Bélgica acogió a muchos, muchos niños de los republicanos, y algo interesente es que varias de esas familias que albergaron a estos niños, acogieron luego a los judíos. Una vez hubo una reunión con los niños españoles -que habían regresado a España- y los niños judíos escondidos.

-Cuénteme sobre su amiga Ida Sterno.

-La pobre… Nosotros teníamos consignas muy, muy estrictas. Jamás podíamos juntarnos en lugares abiertos, hacíamos las citas en las salas de espera de un hospital o un consultorio médico. El día que la detuvieron a ella, había huelga de tranvías y la señora Pelleman, esposa de un profesor judío de la universidad, la citó a una cafetería, que existe hasta hoy, para entregarle la lista de unos niños que debían ser escondidos con urgencia. Mientras estaban en la terraza del local, pasó el delator “gordo Jacques” y se acercó a ellas. La señora Pelleman tenía un salvoconducto, porque usted sabe que durante la guerra hubo miembros de la sociedad de judíos de Bélgica que estuvieron protegidos, nosotros los llamábamos los colaboradores.

-¿Allí la arrestaron?

-A Ida la arrestaron y la llevaron al campo de concentración de Malines. Esto pasó en mayo del ’44, antes de que saliera el último tren con deportados a Auschwitz. Yo creo que se le tiene que haber dado mucho dinero al guardia que elaboraba las listas, porque Ida no partió y en septiembre vino la liberación. Yo entré a las 5 de la mañana a Malines y ahí encontré a Ida y a otros miembros del grupo que estaban encarcelados.

-¿Qué pasó después de la guerra con los judíos que colaboraron con los nazis?

-Ellos fueron rechazados por la comunidad, no porque detuvieron a los judíos, sino porque elaboraron las listas con los nombres de las familias. Algunos fueron apresados, pero finalmente los jueces, que no entendían nada de estas historias, dijeron que se entiendan entre ellos, entre judíos, y los dejaron libres. Siempre decimos que el “gordo Jacques” se fue en las maletas de los SS porque nunca más lo encontramos, pero yo creo que los mismos alemanes lo mataron.

-¿Qué sintió cuándo le dieron el título Justo entre las Naciones?

-Yo estaba contenta, pero lo más importante para mí es el cariño de los niños. Es importante en la vida tener un grupo de amigos alrededor de uno. Es muy bonito.

Andrée comparte ese título con el grupo de doce mujeres que integraban la red de Resistencia. Ella sigue recordando con infinita ternura a sus compañeras y a los hombres que contribuyeron a salvar vidas, y se acongoja al nombrar a los que fueron asesinados o murieron en los campos de concentración sin ver el fin de la guerra.

-¿Cuál es, para usted, el rol de una mujer hoy día?

-Pienso que la mujer, de una manera general, tiene más el sentido de la protección de la infancia, pienso que se rebelan más rápido cuando alguna cosa le ocurre a un niño. Ahora, cuando todavía hay ataques contra la libertad, cuando atacan a un refugiado, yo voy a manifestar. Siempre participé de la celebración del Día Internacional de la Mujer.

-Cuando ve que siguen las guerras, ¿qué siente?

-Se dice que el hombre es un ser incurable, pero hay que decir también que no es el mismo hombre. Pienso que aquel que ha vivido lo que nosotros vivimos durante la guerra no es el mismo. Si fuera el mismo de entonces, se rebelaría aún más. Yo veo en mi entorno a todos los que estuvieron en la Resistencia, que son sensibles a lo que pasó en Chile, en Argentina, en América Latina en general. Los otros... no comprenden nada.

Andrée se muestra muy informada de los momentos tan dramáticos y dolorosos para los chilenos.

“Me acuerdo muy bien de Allende y del golpe de Estado, todos los demócratas aquí estábamos muy preocupados por lo que ocurría en Chile. Deseo enviarle al pueblo chileno un mensaje de fuerza, de esperanza, siempre hay que luchar, luchar por la libertad, por el bienestar, por una vida mejor, nunca hay que rendirse. Siempre hay que luchar contra las dictaduras. //LND

Comentarios
07/03/2010 - 11:11:03
TREMENDAMENTE EMOCIONANTE..MUCHAS GRACIAS ROSSANA PORQUE NOS ACERCAS AL JUSTO Y NOS AYUDAS EN TODA FORMA, A ANDREE QUE S ELE PUEDE DECIR QUE N LOS NINOS, LOS ADULTOS YA, NO LE HAYAN DICHO.........ES DE LoS QUE DICE BRECHT QUE SON LOS "IMPRESCINDIBLES..."

LORELEY FRIEDMAN
COPENHAGE





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