EL RECORDATORIO Esta noche soñé con Dios. Extraño sueño para un hombre, como yo, que en Dios no cree. En el sueño enfrento
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Puesta online a las 11:47, el 07 de Marzo del 2010
EL RECORDATORIO
Esta noche soñé con Dios. Extraño sueño para un hombre, como yo, que en Dios no cree.
En el sueño enfrento la mítica imagen que los artistas religiosos han pintado de Jehová. Hombre grande, fuerte, pelo largo, hirsuto, barba entrecana, labios gruesos, nariz gorda, casi como la mía propia. Ojos negros de mirada fija, penetrante, capaz de sacudir hasta lo más profundo del alma del más fiero de sus hijos, que según el dogma, somos todos los humanos. Me resulta difícil acercarme a Él. Se encuentra de pie mirando al mundo con el ceño fruncido y las manos empuñadas dispuesto a pegar el primer puñetazo en una desigual pelea donde nadie podría siquiera lanzarle aunque fuera un salivazo. Su mirada furiosa denota indignación. Camino y me detengo a su vera para descubrir el motivo de su enojo. Estira su brazo y con la uña de su dedo índice va tocando en todo lo largo esa delgada franja de tierra de la América del Sur llamada Chile. Es mi país. Pienso y me estremezco. Lo rasguña levemente y lo sacude enojado. No puedo permanecer impávido ante tal demostración de poder y yo que a su lado soy un alfeñique, le reclamo con mi voz de hormiga.
- ¡Es un abuso, Señor! -
- ¡Cómo te atreves a interrumpir mi trabajo, hombrecillo insolente! - Clama con voz de trueno.
- ¡Señor. Haz lo que quieras de mí que ni siquiera creo en tu existencia! - Respondo en mi paradoja somnolienta - ¡Pero no maltrates a mi pueblo, por favor! –
- ¿POR QUÉ, NO? – Truena su voz como el más violento huracán que mis oídos habían escuchado.
- ¿Por qué los torturas, Señor? – Aterrado insisto.
No me aplasta con su dedo índice como pensé al ver los rayos que brotaron de su mirada al voltear para mirarme. Dulcifica un poco su mirada. Retira lentamente su dedo de la geografía de mi país y me responde.
– Debo castigar a tu país para que jamás olvide lo que significa la tortura – Su voz resuena con la fuerza del viento septembrino cuando recorre las calles de mi natal Valparaíso.
– Miles de chilenos, tú entre ellos, fueron torturados por un puñado de hombres criminales con ideas fratricidas. ¡TORTURO A LOS CHILENOS PARA QUE TODOS SIENTAN Y NO OLVIDEN JAMÁS LO QUE SIGNIFICA LA TORTURA! –
Toca mi cabeza con la palma de su mano. De inmediato comienzan a desfilar por mi mente esas largas sesiones de tortura que me infligieron en 1973 los militares en Valparaíso. Mi cuerpo se contrae de dolor. Me duele hasta el más recóndito rincón de mi geografía corporal. Grito aterrado y despierto con el cuerpo adolorido y bañado en sudor como tantas otras veces que el dolor invisible de la tortura se ha metido entre mis sueños.