Poder de acción y fascinación Por Carlos Benítez Villodres Málaga Estoy totalmente convencido de que, en nuestro tiempo, l
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Puesta online a las 14:23, el 07 de Marzo del 2010
Poder de acción y fascinación
Por Carlos Benítez Villodres
Málaga
Estoy totalmente convencido de que, en nuestro tiempo, la igualdad intelectual, laboral, política... de la mujer con el hombre, prescindiendo de ciertas diferencias anatomofisiológicas y psicológicas propias de cada sexo, es una realidad y no un sueño, o un deseo, o una utopía. Partiendo de esta evidencia, un numeroso grupo de políticos, milite en el partido que milite, está manifestando continua y públicamente a bombo y platillos y repiques de campanas y fuegos de artificio que esa desigualdad existe, y que la política que lleva a cabo, al respecto, es para colocar a la mujer en el lugar que le corresponde, es decir, en la misma cota donde, según él, se encuentra el hombre. Este conjunto de dirigentes sabe perfectamente que la mujer que está dentro del mundo laboral, en desigualdad con el hombre capacitado para el puesto de trabajo que ocupa, es porque, al igual que otros varones, no tiene las aptitudes necesarias para el desempeño de dicha tarea. Por consiguiente, el oscurantismo ante esta realidad es pura palabrería electoralista, demagogia de bisutería, magia política... “Como los hombres pusieron la ley a su parecer, dejaron a la mujer lo peor”. Esta reflexión de Calderón de la Barca, por suerte para los humanos, sólo se da plenamente en ciertas sociedades tercermundistas y religiosamente radicales del orbe. Países del mundo, en donde la mujer, en lucha constante con arraigadas costumbres y tradiciones irracionales, va, lentamente, conquistando el lugar que le corresponde, como a cualquier mujer occidental, dentro de una comunidad que no quiere dejar de ser machista, porque continúa irrazonable y enérgicamente aferrada a su pasado.
Hoy hay mujeres con inquietudes y ambición de superación, pero el llamado “techo de cristal” les impide acceder al poder sea del tipo que sea. A ese deseo de mando lo llaman los psicólogos “pulsión de dominio”. Esta energía psíquica no es igual para hombres y mujeres ¿Por qué? Porque ellas al ser más precoces tienen la capacidad de autorrepresión más desarrollada que el varón, y si tienen que contener esa fuerza mental la detienen por diversas causas intrínsecas y extrínsecas a la mujer misma: miedo a la masculinización o pérdida de la feminidad, practica de actividades que les lleva demasiadas horas laborales (sólo las mujeres solteras o madres sin hijos pueden equipararse al hombre en ciertas dedicaciones horarias y, por consiguiente, en realizar su deseo de poder), culpa de irresponsabilidad ante el amor y el cuido de sus nexos... Por otro lado, a la mujer se le exige más que al hombre en muchos puestos de trabajo y más aún si es de poder. Asimismo, si en un momento determinado se equivocan, su error siempre es atribuido al hecho de ser mujer, no a un fallo humano que lo puede tener cualquiera.
Según considera la psicoanalista Mabel Burin, “... mientras la responsabilidad de amar y cuidar los vínculos recaiga sobre las mujeres, seguiremos encontrando que el género femenino adquirirá influencia, pero no poder, es decir, podrá incidir sobre las maneras de pensar y sentir de los demás, pero no podrá incidir en lo que hacen”.
En cuanto al trabajo doméstico, profesional, estudiantil..., ¿qué mujer no trabaja? Ninguna. Unas, en su hogar; otras, fuera y dentro de su casa, otras, estudiando... No hay ninguna mujer en paro. Todas trabajan. Precisamente las feministas deberían luchar aún más contra ciertos políticos para que las mujeres que trabajan, pero no reciben por su labor salario alguno, lo perciban. El partido político que establezca este reconocimiento económico para la mujer, ya trabaje sólo en casa o también en ella y fuera de ella, tendrá el voto asegurado, no sólo por parte de las féminas, sino también por un sinnúmero de hombres. No me digan que no se puede presupuestar porque no hay dinero para ello. Quien quiere, puede. Gástense menos euros o dólares en armamento, en guerras, en parafernalias superfluas, en negocios suculentos que sólo persiguen que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres... Ahí es donde la población femenina, que tiene sus propios problemas e intereses, encauzada por las asociaciones progresistas y feministas, debería actuar con más coraje, tesón y profundidad, sin olvidar aquellas palabras de Ángel Ganivet: “La mujer tiene sólo un camino para superar al hombre: ser cada día más mujer”. Sí, más mujer desde la dicha y la autoestima, la satisfacción y el orgullo de sentirse como tal. En esa sensación tiene la mujer su poder de acción y de fascinación.