Sin vista política Por Carlos Benítez Villodres Es evidente que las medidas anunciadas por Zapatero para remediar la crisi
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Puesta online a las 8:57, el 14 de Octubre del 2008
Sin vista política
Por Carlos Benítez Villodres
Es evidente que las medidas anunciadas por Zapatero para remediar la crisis económica en España (los ahorradores tendrán hasta 100.000 euros garantizados en sus depósitos; se creará un fondo de 30.000 millones -ampliable a 50.000- para comprar activos de Bancos y Cajas, y aumentar así el crédito (?) a empresas y ciudadanos) y lo acordado, en París, por los jefes de Estado y de Gobierno de quince países del Eurogrupo (concesión de ayudas públicas para la recapitalización o refinanciación de sus Bancos, y de esta manera garantizar los préstamos interbancarios para facilitar la reactivación del mercado financiero) sólo afectan positivamente al sector de la “rica ladrona” (léase Banca). Además, estos planes son totalmente insuficientes y elitistas, ya que no contemplan al trabajador en plantilla, ni al temporero, ni al parado, ni al pensionista…, que al fin y al cabo son los que mueven, en sentido ascendente, los capitales de la “rica ladrona” (léase Banca). Ante estas promesas de Zapatero y de los demás regidores de los países más desarrollados del Eurogrupo, los agentes sociales las aplauden, como es el caso de los ugetistas, o se callan, como hacen los de Comisiones Obreras y los de las demás fuerzas sindicales. ¿A qué se debe el desamparo del trabajador por parte de los sindicatos? ¿Lo tuvo también en anteriores legislaturas? ¿Se ha acrecentado actualmente por las circunstancias adversas? Tanto los empresarios y sindicatos como los trabajadores y desempleados saben que si un país prospera es porque compuso anteriores desarreglos y crea día a día suficientes garantías para no naufragar en tempestades presentes y venideras.
Pero el ciudadano de a pie, que no tiene de tonto ni los pelos necesarios, es consciente de que la caída de la Banca (léase “la rica ladrona”) está motivada, entre otras causas, por la retirada de la misma de capitales o ahorros pertenecientes a grandes y medianos capitalistas, por la caída en picado de las Bolsas debido al desvío vertiginoso de las cuantías de las acciones por sus propietarios y por el impago de las hipotecas por parte de un sinnúmero sumamente significativo de morosos.
Por consiguiente, el fortalecimiento económico de la Banca, incluidas las Cajas de Ahorros, (léase “la rica ladrona”) hay que llevarlo a cabo desde los cimientos, desde la raíz, aunque al mismo tiempo se arregle y se refuerce el embovedado o techumbre. ¿De qué sirve fortalecer el tejado del edificio de la economía de un país, si el origen o base y los muros están cada vez más resquebrajados? ¿Para qué llenar de agua un pozo, si ésta no se halla al alcance del consumidor? ¿Por qué sólo ven los políticos “la punta del iceberg de la economía”? ¿Por qué permiten que varios árboles les impidan contemplar la inmensidad del bosque? En resumen…, ¿de qué sirve que los Bancos tengan más dinero y concedan más préstamos (?) a empresas e individuos, si, tanto las unas como los otros, carecen de las cuantías económicas suficientes para afrontar sus respectivos pagos? Además, ¿cómo va la Banca (léase la “rica ladrona”) a aprobar créditos, si no tiene la certeza de que van a ser pagados con sus intereses correspondientes y a su debido tiempo? “Un Banco, dice Bob Hope, es un lugar que te presta dinero si puedes probar que no lo necesitas”.
Mientras no se acreciente el número de puestos de trabajos fijos, desterrando los contratos “basura”; mientras los precios, desde el de los carburantes hasta el del limón, prosigan su escalada imparable; mientras los salarios, pensiones, subsidios por desempleo, etc. se encuentren bajo mínimos…, es inútil comenzar aumentado el capital bancario. Si se realizaran estas propuestas, nadie retiraría sus ahorros de este Banco o de aquella Caja; las acciones de las Bolsas tendrían sus altibajos, como siempre los tuvo, pero la tendencia sería al alza; los morosos abonarían religiosamente sus hipotecas; las ventas serían productivas…, en definitiva, el ciudadano volvería a tener CONFIANZA en sus políticos, la misma que perdió por no tener éstos “vista política” y por alejarse cada día más del pueblo. Si “un pequeño agujero, refiere Benjamin Franklin, hunde un barco”…, ¿qué le sucederá al país que tiene en su economía múltiples agujeros, tan extensos como profundos?
Dicen los expertos que el mal estado de la economía mundial se agravará aún más en los próximos meses (pronóstico a corto plazo) porque los actuales políticos de los países más ricos del mundo y de los emergentes no son capaces de ajustar un eficaz tratamiento político para que mejore y sane la enferma, y es que “el triunfo político, manifiesta Tierno Galván, es la suma del sentido común y la capacidad de liderazgo”. Francamente…, ¿se dan en la actualidad ambos sumandos en los políticos de finales de la primera década del siglo XXI? Ahora a meditar lo leído.