El arte de prohibir Carlos Benítez Villodres Málaga Cada día nos acosan, nos arrinconan más los que tienen poder para ell
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Puesta online a las 20:06, el 02 de Mayo del 2010
El arte de prohibir
Carlos Benítez Villodres
Málaga
Cada día nos acosan, nos arrinconan más los que tienen poder para ello. Cada día nos levantamos más impotentes, más ansiosos, más acojonados. Nuestras neuronas cerebrales están tiritando, jadeando y patinando continuamente, pero no es debido al frío, ni al trabajo que desempeñan, ni al deseo de hacer deporte..., sino al miedo que nos tienen metido en el cuerpo. Este terror nos lo proporcionan, con la cultura de las prohibiciones, nuestros políticos legítimamente elegidos.
El arte de prohibir es el más antiguo de todos los que existen sobre el orbe, ya que el primero en practicar esta arte fue Dios, según consta en la Biblia, Génesis II, 15-17, y en la 3.ª parte de Éxodo XIX-XL. Como puede comprobar, caro lector, los vedamientos y mandatos le vienen al hombre desde la antigüedad más antigua.
En la actualidad, el arte de prohibir está de moda. Es un arte que no necesita modelos, ni pasarelas, ni exposiciones, ni publicidad... Dicen que los preceptos tienen por objetivo concienciar a la ciudadanía para que cambie hábitos y conductas en beneficio de la salud individual, social y del planeta. No lo dudo, pero esta plaga, que no es de langostas ni de mosquitos Anofeles, sino de leyes prohibitivas, se está extendiendo por el mundo de forma vertiginosa, produciendo en el ser humano íntegro, responsable y cumplidor, ya de por sí intimidado por ordenanzas descerebradas y violencias de todo tipo, por encerronas y fábulas, por trabas y nefastos presagios..., un desasosiego, una angustia que le ocasiona irritabilidad, astenia, -llegando incluso a la adinamia-, anorexia, insomnio...
Recuerdo que hace unas décadas las prohibiciones eran las mínimas. Hoy, las prohibiciones están a la orden del día. Constantemente nos están refregando en las pupilas disposiciones que cualquier ciudadano de bien las sabe y resabe, pero, según piensan nuestros gobernantes, aunque no lo manifiesten, como el pueblo es corto de luces y maleducado, hay que incidir una y otra vez en ellas hasta la saciedad.
Una de las prohibiciones más divulgadas, sonoras y que aún hoy hace correr caudalosos ríos de tinta es la de “se prohíbe fumar” en lugares públicos y a la vez cerrados. Ya sabemos de sobra, incluidos los recién nacidos y los extraterrestres, que el tabaco es nocivo para la salud del fumador activo y, según dice la inquisición antitabaco, también del pasivo. Quien esto escribe y firma es consciente de que el tabaco perjudica siempre a quien abuse de él, como lo es todo aquello que, en su consumo, se excede el ser humano. Evidentemente, fumar, en demasía, atenta contra la salud. Lo mejor es desterrar, con nuestra voluntad y desde el convencimiento pleno, -no hay otra alternativa-, este hábito malsano. Como doctores tiene la iglesia, éstos aseveran que consumir 4 ó 5 cigarrillos al día no perjudica, pero considero que lo mejor es olvidarse totalmente del tabaco, aunque entiendo que cada uno es libre de hacer con su cuerpo serrano lo que quiera, siempre que le dejen a uno hacer uso de esa libertad. El tabaco no está en el corredor de la muerte, sino el fumador, manifiesta la inquisición antitabaco. En fin, cada persona es responsable de su salud. Cada persona tiene “el deber moral” de cuidarla con prohibiciones o sin ellas.
Todas las prohibiciones “cívicas”, por calificarlas de alguna forma decorosa, tienen una base, un fondo y un trasfondo eminentemente económico. ¿Cree usted, amigo lector, que a nuestros políticos les importa su salud y la mía, la de su vecino del 5º y la del dueño del quiosco donde cada día compro la prensa? Nada de nada. ¿Piensa usted, caro lector, que a nuestros dirigentes les inquieta y les quita el sueño el que usted y yo fumemos, o Serafín de la Tos Húmeda, científico del Campus de la Salud de Granada, o Agapito Cenicero Humo de Pipa, abogado, o Anacleto Colilla Perpetua, técnico en albañilería...? Lo que verdaderamente les alarma, les altera es el chorro continuo de millones de euros que la Seguridad Social se gasta en los pacientes aquejados por cualquier patología crónica, secundaria al tabaquismo. Si los fumadores se muriesen “de golpe y porrazo” como muchos de los infartados cardiacos, cerebrales..., o como aquellos individuos que de repente les viene un embolismo pulmonar masivo, o la eclosión de un aneurisma, o un estallido cardiaco..., ya habría menos prohibiciones sobre el hábito de fumar. Es el dinero, el dinero contante y sonante la causa de esa inquisición antitabaco, tan agresiva como la de los legisladores inquisitoriales Tomás de Torquemada, Diego de Dexa y el cardenal Cisneros.
“Los diez mandamientos”, los de siempre, están en mantillas ante las prohibiciones que ya se encuentran en vigor y ante esas otras que mañana lo estarán. El poder es el poder, caro lector, lo demás se llama obediencia ciega.