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Los jóvenes un ejemplo de exclusión o auto exclusión social. Por: Omar Cid

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Puesta online a las 16:46, el 11 de Agosto del 2008

Los jóvenes un ejemplo de exclusión o auto exclusión social

Por: Omar Cid
Centro de Estudios Francisco Bilbao.


En mayo del año 2006, luego de dieciocho años de ausencia, en la agenda política nacional, los jóvenes irrumpieron en las calles, en la televisión, visibilizando su molestia, por las políticas educacionales implementadas desde la dictadura y asumidas por los gobiernos de la concertación, profundizando el fracaso del modelo municipal y subsidiario de enseñanza.

Desde ese momento, se transformaron en un fenómeno político que era necesario volver a estudiar, por las fuerzas políticas, sociales y religiosas, esta insubordinación social y particularmente juvenil, rompía el discurso elaborado, desde los diversos medios que identificaban a los jóvenes en general, con modos individuales de comportamiento y fuertes hábitos de consumo.

El Paradigma juvenil

El juicio que se hace de los jóvenes hoy, está marcado por modelos que respondían a otra época -y que en todo caso- tampoco eran representativos de los jóvenes en su conjunto, se trata más bien de artefactos teóricos explicativos que suponen abarcar la realidad, pero que en el caso de los especialistas, son una convención, un acuerdo de lectura social.

En los años sesenta los jóvenes estuvieron catalogados como rebeldes, politizados y revolucionarios, traduciendo esto en inquietudes políticas, que aspiraban a cambios sociales en actitud militante, suponer que la gran mayoría de los jóvenes de esa generación asumían ese modelo, desató una serie de errores que se pagarían muy caro en los años venideros, en ese análisis no estaban los que se dedicaban con exclusividad a los “malones” y coleccionaban los discos de “la nueva ola”.

En ese mismo periodo, se sientan las bases de otro tipo de jóvenes fortalecidos por la dictadura y las políticas neoliberales, se trata de los “jóvenes consumistas” individuales por excelencia, estableciendo en esencia relaciones de mercado, son acríticos, conformistas, embobados por la simbología de una polera, un pantalón, reducidos a conversar de fútbol o a la obtención del éxito laboral y profesional.

Esa propuesta se vio cuestionada, por una generación de jóvenes anti-dictatoriales, que junto a otros actores de la esfera social, ocuparon los espacios públicos, desafiaron los estados de sitio, toques de queda y se transformaron en el motor de las luchas por la democracia en los años ochenta.

Instalada ya la democracia, se elaboró una nueva propuesta teórica en relación a los jóvenes, que podríamos denominarla entre la modernización y la marginalidad, la categoría de moderno se expresa en una tarjeta que acredita tu carácter de joven, y con disposición de transformarse en primer lugar en instrumento de consumo y luego inclusive, en herramienta de transformación, lógicamente dentro de los parámetros de la legalidad y respetando sus ritmos.

Los marginales, en este caso se encuentran imposibilitados de acceder a los beneficios del modelo, desertan del sistema escolar, vagan en las calles, están marcados por el uso de las drogas y una experiencia del delito que comienzan a practicar desde la infancia.

Para ellos la única estrategia posible es la de endurecer las penas, disminuir la edad para volverlos sujetos imputables y transformarlos desde lo simbólico, en una amenaza directa a la familia chilena que vive de su trabajo, el discurso enfermizo que tiene como excusa la delincuencia, poco a poco se vuelve en un arma de doble filo, porque quienes se ven sobre expuestos, tienden a usar mayores grados de violencia y abuso.

Esta asignación de roles, generó en primer lugar un evidente distanciamiento entre las prácticas políticas y los jóvenes, ellos sienten que ese espacio no les pertenece, el modelo institucional generado desde el Instituto Nacional de la Juventud, terminó por imponer a mediados de los noventa, el conformismo y el uso de una legalidad carente de fuerza innovadora, proponiendo a los jóvenes una variedad inacabable de cursos de peluquería y el uso elemental de herramientas computacionales.

A los díscolos del momento, se les aplicó todas las triquiñuelas del sistema: cooptación, persecución selectiva, especialmente en las universidades de provincia, siendo la Universidad de Talca, con su hálito de institución pública, pero de comportamiento privado, uno de los baluartes en el uso de todo tipo de tretas para controlar a las federaciones de estudiantes de turno, con la cooperación por supuesto de dirigentes inescrupulosos.

Desde los partidos políticos en tanto, se produce un congelamiento en la formación de liderazgos juveniles, desde la izquierda hasta los partidos de la concertación, en términos porcentuales, el único partido que proyectó rostros jóvenes y un recambio sustantivo fue la UDI, que mantiene a través de la Fundación Jaime Guzmán, un programa de formación juvenil.

Se provoca entonces, la separación entre los partidos políticos y el quehacer cotidiano de la juventud, el Estado pasa a ser un ente represor, desencadenando el repliegue de una gran mayoría de ellos al mundo privado, en esa perspectiva se genera la gran paradoja de este período, que nos habla de un proyecto de inclusión a la democracia en ciernes, en contraposición con la exclusión social y política que provoca. Como un paso necesario del ideario económico que asume la herencia de los militares.

Las cifras hablan por sí solas

Bajo la profundización de ese proceso, marcado por un fuerte número de personas jóvenes, ajenas al voto, relegadas a su espacio privado, se hace potente entre los analistas el supuesto de la desidia de los jóvenes por la participación ciudadana, se hace palpable la distorsión evidente, entre la participación social de diverso tipo en los jóvenes y la escasez de quórum, cuando se trata de inscribirse para votar.

Desde la concertación, surge como propuesta la idea de la inscripción automática y el voto obligatorio, en tanto los partidarios de la alianza, luego de un debate interno provocado por el experto electoral UDI, Andrés Tagle han decidido realizar los menores cambios posibles al padrón electoral.

1. Cuadro comparativo de inscripción electoral.





Las cifras son elocuentes, estableciendo una baja considerable en la participación general de los procesos democráticos en el país, desde 1993 en adelante, con una leve alza expresada en las elecciones de 2005, para los partidarios de la alianza y a mi parecer, para un sector de la propia concertación -más allá de los discursos- este cuadro resulta confortable, seguro en la medida que los cambios en la intensión de voto son escasos, generando una suerte de imposición social de candidatos, porque se debe sumar a la caída del número de votantes, el sistema binominal, los pactos por omisión, en buenas cuentas, con calculadora en mano, considerando intensiones de voto anteriores, agregando o restando porcentajes con pacto o sin pacto por omisión, se puede elaborar una cartilla de los alcaldes electos, con mínimos errores. En Chile, los procesos eleccionarios no se prestan para ninguna sorpresa, con las excepciones que la propia regla estimula.

Hasta el año 2005, los no inscritos alcanzan una suma aproximada de tres millones, cien mil personas.

Ubicados especialmente en el mundo juvenil, el año 1996, como lo indica el cuadro número (1) marca el inicio de una caída considerable en el interés de los jóvenes por participar de los procesos eleccionarios.

En sentido inverso, (1990-1998) son considerados los años de mayor tranquilidad social, tanto para la concertación como para el empresariado, salvo conflictos puntuales apagados rápidamente por los personeros de la casa de gobierno.
El cuadro número (2) establece con mayor claridad, la distancia porcentual de inscritos por tramo de edad.

La movilización de estudiantes en mayo del año 2006, tuvo sus primeros antecedentes, durante el 2005, quedando una serie de temas pendientes bajo la administración del presidente Lagos y su ministro de cartera Sergio Bitar, que terminaron por estallar en los primeros días de la presidenta Bachelet.

La reacción social se produce, con una leve alza de jóvenes inscritos, sin embargo, las prácticas alternativas de organización, eran un indicio indiscutible que algo estaba pasando en el mundo juvenil.

El surgimiento de los llamados preuniversitarios populares, las barras bravas de los equipos más representativos del país, los jóvenes inscritos en organizaciones de ayuda social, hablan por sí solo de los intereses, de un sector importante de la juventud


2 Este cuadro muestra los inscritos por tramo de edad.







El cuadro número (3) establece la relación por año, entre los votantes y aquellos que en cada elección han optado por abstenerse de participar, estando inscritos, llegando el año 2005 a la cifra de 12,9 %.

Es decir, en el transcurso de los años de la concertación hay dos fenómenos que deben tenerse en consideración, por una parte la no inscripción de un número importante de jóvenes y por otro, el alza sostenida de personas que estando inscritas, se abstienen de participar, puede que exista una relación entre voto juvenil y abstencionismo, pero eso los cuadros no lo establecen.


3. Cuadro comparativo de votantes y personas que se abstienen








El cuadro número (4) establece la relación existente entre votantes y la población existente en el país, los indicadores muestran todavía una cifra aceptable de participación (63.3%) pero preocupante, porque todos los elementos anteriores nos indican que se irá acrecentando, en la medida que no exista la motivación suficiente, los incentivos por parte de la clase política o sencillamente razones de peso, que provoquen en una persona la necesidad de inscribirse.

Se debe tener en consideración además, que nuestra democracia es en principio muy acotada, restringida a la votación municipal, de senadores, diputados y presidente(a) de la república.

No se consulta a la ciudadanía por temas de importancia nacional, como por ejemplo, la ley general de educación o el sistema de transporte público, esas decisiones son de exclusivo arbitrio de la clase política.

Tal vez, la participación juvenil, se vería fortalecida si su voto fuera importante, para determinar por ejemplo, el tipo de educación que quiere para sus pares y para sí mismos, cuando se trate de la educación superior.

El número de jóvenes no inscritos, el número de personas que se abstiene de votar, es un llamado de atención severo a los ingenieros del sistema electoral chileno, pero también a la ciudadanía, porque en la medida que los conflictos sociales no se expresen políticamente, en voto u otra forma de organización y solución de problemas, los niveles de violencia irán en aumento, esa es una tarea de la que debemos hacernos cargo, la relación si es que existe, entre niveles de violencia y participación social.

4. El cuadro nos muestra los votantes en relación a la población.








Como centro de estudios sostenemos que además de preocuparse por lo puramente instrumental del voto y de las formas de ejercerlo, se deben considerar a lo menos las siguientes propuestas:

1. La inclusión dentro de los planes de estudio del ramo de educación cívica o participación ciudadana, como una forma de incentivo temprano a la participación política, fortaleciendo la vertiente ciudadana, de los jóvenes.


2. Establecer formas de participación ciudadana, a través del voto directo, en temas de importancia nacional, previo número de firmas, en un porcentaje razonable de acuerdo al padrón electoral.

3. Formular un proyecto de inscripción automática y obligatoria, para fortalecer el carácter cívico de la ciudadanía.

4. Establecer como norma, que ninguna persona que haya sido elegida por elección popular, pueda serlo más de dos veces en el mismo cargo, con el fin de facilitar nuevos rostros en el servicio público.






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