Hemos ido hacia Nunca !Qué bello, Luli, el jugo de una empanada que chorrea por las manos! Perdóname que ande nostálgico, Lu
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Puesta online a las 10:41, el 24 de Octubre del 2008
Hemos ido hacia Nunca
!Qué bello, Luli, el jugo de una empanada que chorrea por las manos! Perdóname que ande nostálgico, Luli, que a lo mejor llegaré atrasado hasta a mi funeral, pero no es un bajón de exiliado porque, ya te lo he dicho tantas veces, que para mí, la empanada chilena fue como viajar hacia la cama del amor, fundamentalmente, eso te lo digo, derramando la carne en el catre con resortes rotos, fíjate, por más que lo intente, no logro olvidar esa noche que dormimos juntos. Esa noche fuimos hacia nunca, "Hemos ido hacia nunca, Godosky", me decías con asi de grandes las ojeras, sin llegar, obvio, al más allá, porque, bueno, no todos mueren en la cama, no todos son románticos, es verdad, pero nuestro catre, Luli, fue un paso más de nuestra vida: vida de un hombre y de una mujer, y, lógicamente, esa noche pasó lo solemne, porque dijiste: "putas que me dio hambre y una empanadita me repondría lo que te he dejado en tu catre proletario". Eso fue el compromiso entre la empanada y el catre, entre el hacia nunca y el catre roto, Luli. Era un jueves. Las torres de alta tensión saltaban por las dinamitas y el festival de viña se iba a las pailas, Luli. Tú, contraria a la violencia, ponías una mano sobre mi pecho desnudo y me pedías matrimonio, y yo, como un toro capado, temía más al noviazgo que a la Junta Gorila. El noviazgo en un tiempo tan cruel era, tesoro, como clavar las hojas del árbol sobre los sarcófagos de las víctimas caídas en Chile. "Me gustaría, te respondí, qua ya sé que estando casado contigo tendré que colgar mis panfletos y dedicarme a los hijos, mandarlo a la escuela, hablar con tus criadas para que te pidan más sueldo, compréndelo, Luli, que no me casé porque ya estaba casado con la lucha, inclusive ahora, si no te lo tomas a pecho, desde que dormí contigo en catre roto, sueño con el rumor que hacia porque era como degollar cerdos o tirarle el cogote a una gallina expropiada, porque, ya lo sabes, el tiempo era malo, y expropiar gallinas era el sacramento de la lucha... y tú, que nunca habías comido gallinas robadas, lo recuerdo, te negabas tomar el caldo porque Dios te castigaría y morirías lentamente como la gallina deja el mundo. Lulí, te voy a decir otra cosita, todo el tiempo que pasamos juntos, abriendo botellas de champagne en tu parcela de San Antonio fue como dispararme los corchos en la sien. Ya ves, fue una época de disparos, fusilamientos, traiciones, fonolas rotas, que afortunadamente los pobres las recogían y parchaban sus techitos con los restos, y tú, siempre ofreciéndome tus riquezas porque la calle de mi vida era sin salida, me decías, pero, bueno, todavía pienso en eso... la gente, me decías, esa gente que tú ayudas un día te meterán en la cárcel. Han pasado tantos años, y tenías razón, porque esa gente, con educación, con puestos en el gobierno, han encarcelado mi pueblo... "Cada cosa tiene su pago", me decías, es verdad, Luli, es verdad, hoy ando nostálgico y quiero comerme una empanada.