¡Válgame Dios! ¡Lo que somos! Carlos Benítez Villodres El hombre y la mujer de este recién nacido tercer milenio, salvo e
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Puesta online a las 10:13, el 03 de Julio del 2010
¡Válgame Dios! ¡Lo que somos!
Carlos Benítez Villodres
El hombre y la mujer de este recién nacido tercer milenio, salvo excepciones, viven inmersos en sí mismos. Un caparazón invisible los envuelve. No desean ver ni ser vistos. No hablan ni escuchan. Cada uno va a sus asuntos y regresa de sus asuntos sin importarle, lo más mínimo, qué se cuece a su alrededor, o en su país, o en el mundo Son personas autodespersonalizadas, impermeables. Seres humanos superficiales, inmovilistas y de desnutridos valores, si es que los tienen. No piensan. No se rebelan. No se autocritican. No se complican la vida. No se comunican o procuran, si lo hacen, que sea lo imprescindible porque no puedan evitarlo... Hace tiempo que dejaron la siembra de ilusiones y de fantasías, de invenciones y de emociones aventureras. Este enclaustramiento del ser humano contemporáneo entre las cuatro paredes de su ego es causa de ansiedad, de estrés, de sentimiento de soledad, de sinsentido..., pozos estos sin fondo en donde puede caer inconscientemente cualquier persona, si no pone antes los remedios convenientes y necesarios para prevenirlo, ya que una vez que se ve atrapada en cualquiera de ellos es muy difícil salir sólo con sus propios medios. Son sujetos que se consideran, y así son conceptuados, modernos o posmodernos, pero, en su intimidad, únicamente viven por y para ellos.
Estos hombres y mujeres han creado un mundo único y personal, en donde viven por vivir. La vida dejó de ser para estos individuos un regalo, un juego continuo en el que un día se gana y al siguiente se pierde. Lo importante es darle sentido a cada jugada y conseguir, con el esfuerzo personal, más victorias que fracasos. Aunque, en demasiadas ocasiones, esos triunfos y esas derrotas no dependen del caminante, sino de las circunstancias que le llegan como saetas muchas veces envenenadas. Pero sobre caballo domado o salvaje, el jinete siempre debe tener las riendas bien asidas. Con el primero no hay problemas, pero con el segundo una caída puede ser mortal. Quien desbrava y domina a la mayoría de los caballos salvajes que tiene que montar se puede dar por satisfecho. En la vida es un jugador que ha vencido, hasta el momento presente, en muchas jugadas de cuantas se le han ido presentando, porque salir invicto de todas ellas es imposible para el ser humano. Lo fundamental para él no es trastocar las reglas naturales del juego, que es lo que algunos desean y proyectan en la actualidad, sino continuar jugando tras la derrota sufrida.
No podemos ni debemos pasar por la vida “huyendo” de ella, porque quien así actúa está alejándose cada vez más del hombre, de la humanidad. Para estas personas la vida deja de ser un juego y se convierte en un juguete que manejan a su antojo porque creen que son los únicos dueños del mismo. Muchos, muchísimos son los seres humanos que proceden de esta forma. Es el súmmum del egoísmo, la avaricia, la incomunicación, la insolidaridad, la prepotencia... Piense, caro lector, en cuántas y cuántas personas conoce usted, personalmente o gracias a los medios de comunicación, que tienen su vida y la de los demás en sus manos, como un juguete creado únicamente para ellos. A estos irracionales monstruos oligárquicos, que se creen omnipotentes e imprescindibles para la sociedad que arbitrariamente manipulan (familia, institución, empresa, país...), les dedico esta tirana o cuarteta asonantada de Moratín: “La calavera de un burro / miraba el doctor Pandolfo / y enternecido exclamaba: / - ¡Válgame Dios! ¡Lo que somos!”. //