Puesta online a las 22:26, el 26 de Octubre del 2008
El lobo aúlla de noche Loreto Silva 11/05/2007
Después de un agotador día, alargo las horas de trabajo y evito nuestra casa que está demasiado fría. En la seguridad del auto avanzo en la noche, veo seres desvalidos pasar, pintarrajeados y provocativos, actores del amor triste, el que se paga en efectivo. Travestis con sus rostros de amorosa tristeza infinita, formas que toma la sobrevivencia en los marginados. Un vendedor noctámbulo me ofrece flores trasnochadas, otro, más osado con facha de gigoló de población promueve su compañía. Miro sus rostros vacíos, la otra cara de esta ciudad, pienso en ellos como en un autorretrato lívido. Esta visión oscura y amarga de noche estrellada, no posee rostros, sólo tiene mascaras y muecas de falsa alegría.
Término frente a tu casa ¿Cómo llegué? ¿Cuándo mi mano hizo la maniobra sobre el volante? No lo sé… inexorable la noche me conduce hasta ti y no puedo regresar sin soñar verte sonriéndome en la tibieza de una cama que no es la mía. Apago el motor y enciendo un cigarrillo, observo tu hogar durante un tiempo indefinido. Me debato entre bajarme y llamar, quizás aún esté a tiempo, estoy a punto de bajarme… pero ¿y si tienes compañía? sería un golpe fatal, la cobardía me ancla al asiento y no me atrevo más que a mirar. Las luces se apagan de a poco, la última es la de tu dormitorio ¿Por qué tardaste tanto? ¿Acaso me esperabas?
Hace frío, me cala los huesos, enciendo el motor, el cigarrillo encendido, el cuarto o quinto que más da, fenece en mis dedos y en mis pulmones. En mi corazón siento el vacío del desamor y la presencia de la nada. Si pudiera aullaría desgarradamente esta pena en la noche, en lugar de ello aspiro profundamente, dibujo en el rostro la mejor sonrisa, retomo la ruta y me voy a casa, donde me espera mi propia familia, ignorante de las costumbres de este lobo nocturno.