ULTIMO ADIOS A LUIS CORVALAN Aníbal Palma F., en representación
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Puesta online a las 19:22, el 27 de Julio del 2010
ULTIMO ADIOS A LUIS CORVALAN
Aníbal Palma F., en representación
de quienes compartieron con él
la prisión en Isla Dawson
Constituye por lo general, una especie de ritual agradecer la oportunidad
de hacer uso de la palabra en una ocasión tan solemne como ésta, en que
despedimos
los restos de Luís Corvalán. Pero no es ni puede ser un simple formalismo,
agradezco sinceramente y con profunda emoción, el que se me haya honrado
para hablar a nombre de quienes compartieron con él la prisión en Isla
Dawson.
Muchos de ellos nos acompañan en este día. Otros no han podido y se han
excusado.
Algunos no están ni podrán nunca hacerlo, por encontrarse para siempre
ausentes.
Entre estos últimos, no puedo dejar de mencionar a José Tohá, con su figura
y alma de quijote, a Clodomiro Almeyda, un maestro en la acepción mas amplia
y profunda del concepto, a Daniel Vergara, digno entre los dignos, a Edgardo
Henríquez, resumen de humanidad y sentimiento. Orlando Letelier, prisionero
y martir, Anselmo Sule, amigo de una vida.
En cualquier momento y ocasión, rendir homenaje a Luís Corvalán se justifica
plenamente. Por su vida y su obra. Por lo que representa y ha entregado.
Pocos como él pueden ser señalados como ejemplo de consecuencia y lealtad.
Consecuencia entre el decir y el hacer. Entre lo que se promete y se es
capaz
de dar. Lealtad con su Patria, con su Partido, con su gente, con ideas y
principios que no conocen fronteras. Esposo y padre ejemplar, destaca con
brillo propio como periodista y escritor, líder político y parlamentario.
En fin, sería tarea superior a mis fuerzas, intentar resumir todos sus
méritos
y actuaciones. Pero es oportuno señalar que, entre tantas imágenes y
recuerdos,
destaca con especial relieve, para quienes compartieron con el esa
experiencia,
su conducta como preso político en Isla Dawson.
Es sabido, que en las condiciones adversas es cuando se prueba el temple
y fortaleza de los verdaderos líderes, y las condiciones en ese inhóspito
y remoto lugar de nuestra geografía, no podían ser más adversas.
Se ensañaron con él. No podían comprender ni muchos menos aceptar, que un
hombre de apariencia frágil, que se acercaba a la tercera edad, no se
atemorizara
ante el despliegue brutal de la fuerza, las amenazas y el maltrato. Que en
las peores circunstancias mantuviera su dignidad y entereza y más aún, que
se diera tiempo para prestar apoyo y brindar aliento a sus compañeros.
Luís Corvalán, fue un ejemplo de preso político y de compromiso solidario.
Cabe también destacar, su sentido del humor que nunca lo abandonaba. El
chascarro,
la anécdota o la broma oportuna, con ese acento popular que lo
caracterizaba,
surgía en los momentos más inesperados, ayudando a sobrellevar las angustias
y las tensiones de la prisión.
Pero no vamos a quedarnos en el pasado. Luís Corvalán, es también futuro.
Quisiera por esto, antes de terminar, compartir con ustedes una breve
reflexión
y un recuerdo.
Pertenecemos todos los que hoy nos reunimos, a un sector social que la
insanía
de algunos quiso extirpar de raíz. Sin embargo, aquí estamos, con nuestros
gritos y consignas, himnos y canciones, recuerdos y esperanzas, enarbolando
las banderas de siempre y con los mismos anhelos de justicia social, y el
compromiso de no claudicar en la lucha por una sociedad mejor. No es
necesario
preguntarse donde están los verdugos de ayer ni el lugar en que la historia
los coloca.
Los presos de Isla Dawson, y pienso que también los de otros campos de
concentración
y cárceles, aprendimos una lección que tiene plena vigencia. Éramos un grupo
de hombres de origen y condición diversa. Militábamos en diferentes
organizaciones
y partidos. Adheríamos a distintas ideologías y creencias. Teníamos juicios
y propuestas encontradas para explicar lo ocurrido y enfrentar el futuro.
Discutíamos mucho sobre ello, a veces con acritud y apasionamiento, hasta
que a poco andar, llegamos a una conclusión muy simple. Estábamos todos
presos
y sometidos al mismo trato. Aprendimos entonces que, si el enemigo no hacía
distingos para reprimirnos, era absurdo que sus victimas lo hiciéramos
facilitándoles
la tarea.
No es necesario extenderse, para explicar la vigencia que esta lección tiene
en la realidad de hoy en Chile, y sobre el peligro de no extraer
oportunamente
las conclusiones correctas.
Compañeras y compañeros, término reiterando mi agradecimiento, por el honor
de haber hablado en representación de tan distinguidos y estimados amigos,
en un momento tan doloroso para todos. En este último adiós a Luís Corvalán,
los llamo a reiterar el compromiso de luchar sin desmayos por los sueños
y esperanzas compartidas.