Puesta online a las 10:10, el 30 de Octubre del 2008
Comprador de botellas y accionista
"No hay mejor anticumunismo que ser un buen Comunista. JG"
Vladimir Aguerro, viejo retornado del exilio, vivió sus años en Moscú, Suecia y Moscú. Volvió a Chile para siempre y, si la suerte lo acompañaba, se transformaría en un ideológico de su partido político ya completamente dividido. En Chile no lo pescaron ni en bajada. Muy regio, decían algunos, muy burgués el huevón, decían otros, muy carepalo, decían las juventudes, muy paco, decían los vecinos. Solo y triste no se dio por vencido. En la casa de su madre, construyó un taller para hacer vasos y también construyó un carretón de mano. Vladimir, antes del exilio miembro del comité central del Partidos Comunista, después del exilio, un huevón muy acuicao. En la calle Cóndor, se le conocía como el Lenin de la junta de vecino. No se arrepentía de haber vuelto. Chile era su mejor casa. En Moscú es otra la onda, en Suecia, para qué decir. Su vieja, ya con algo de 85 años no lo reconocía... Alzheimer. Una tarde, mientras Vladimir preparaba algunas botellas para transformarlas en vasos, entró su vieja al taller. "Me voy de este hotel porque haces mucho ruido y tu comida es mala", le dijo. Para Vladimir no había dramas. "Ya, señora, espere sentada en el living que le preparo la cuenta..." le respondía. Su madre iba al living y esperaba largas horas. Vladimir terminaba su trabajo e iba a buscar a su madre al living. "Hola mamita, linda, peshocha mía, tai bonita poh, parecí estrella de cine, mamita..." "Conoces a mi hijo, el Vladimir?", preguntaba ella. Ahora Vladimir dejaba escapar unas lágrimas de exiliado porque, sepan señores, que las lágrimas de un chileno en chile tienen otro sabor, eso dijo, Vladimir. Su vieja, su linda y adorada vieja que lo había protegido tanto cuando los animales de la junta militar lo buscaban para darle el bajo. Su baño de la casa estuvo clausurado porque los DINA destruyeron hasta la taza del water en busca de documentaciones del PC. Felizmente el Vladimir había escapado. La vicaría le salvó la vida. Su vieja nunca quiso salir en exilio. Pinochet deseaba verla ahorcada en un farol de la plaza de armas; nunca se la pudo con las mujeres el chacal. Ahora Vladimir había regresado. Era, según ella un hombre libre. "Mamita, soy libre según tu punto de vista", respondía Vladimir, y la sacaba a pasear por el centro de la ciudad. El tiempo pasó y el partido lo dejó solo. Vladimir no era el mismo comunista de antes. Vladimir era rebelde, Vladimir no obedece, Vladimir llegó aweonao del exilio, Vladimir debes dedicarte a comprar botellas, le dijeron los viejos regresados de Berlín y de Suiza. Vladimir obedeció. El taller daba trabajo a tres personas. Las botellas vacías que habían en su casa eran casi 5 mil. En otra casa de su madre, llegó a tener 45 mil botellas. Era un genio, el Vladimir. Con su negocio llenó la patria de vasos. Ahora era un, señor Vladimir. Tenía acciones en la Telefónica Internacional Holding Limitada, y no se daba aires de accionista. Una noche lo llamó un encargado político del partido. Deseaba que Vladimir se integrara a una célula y con una parte de su dinero pudiera financiar algunos funcionarios del partido. Vladimir aceptó. En la célula del partido encontró refugiados de Europa. El encargado político era un hombre sin historia en el partido. Un ex socialista reclutado en exilio. Era un bastardo, decían, algunos. El PS no se exilia en el Partido Comunista. Los más fieles del exilio, los de la izquierda cristiana y del Mapu, esos gallos si que eran carepalo... preferían la muerte antes que caer en materialismo histórico o en empanadas y vino tinto. Los del MIR, infiltrados hasta los mismos cocos, soñaban con Angola, soñaban con Cuba, soñaban con la revolución que el Che no pudo seguir porque, bueno, los hocicones dicen que el Partido Comunista Internacional y el mismo Fidel, se lo pitiaron..., cuentos de la reacción, obvio, porque eso me lo dijo, el hijo del che, Camilo, cuentos de la reacción, chico, porque mi padre era comunista, bueno, chico, revolucionario comunista, chico, para que se comprenda, el comandante solitario, chico, porque mi compañero padre, chico, ese es el chiste, se fue a Bolivia para no pagar las cargas familiares a mi vieja, chico, es un chiste porque, bueno, nos reímos de todo, y hasta de mi padre, el che. Y Vladimir, entregó parte de sus acciones al PC..., entregó algo que lo había condenado de burgués sin haberlo sido... y, luego, sin decir nada se retiró de su partido porque, que todos lo sepan, el no militaba en partidos con acciones en la Telefónica Internacional Holding Limitada. Esa es la historia del Vladimir. Su madre murió y con la venta de las dos casas se fue de Santiago y abrió una escuelita en el sur de Chile. Vladimir financia las profesoras haciendo vasos de botellas vacias y comprando o vendiendo acciones de la teléfonica.