Donde vuelen buitres hay quebradas Era el año de las diligencias y los caballos, algo débiles de tanto tirar la carret
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Puesta online a las 19:31, el 04 de Noviembre del 2008
Donde vuelen buitres hay quebradas
Era el año de las diligencias y los caballos, algo débiles de tanto tirar la carreta, muchas veces se desmayaban y, -para colmo hasta dejaban de respirar-, debían recorrer por largos, días e interminables noches, kilómetros y kilómetros, transportando, con frecuencia, seres muertos o vivos. Simón, más conocido como el carretero de la muerte, solía poner en su diligencia seis caballos, tres negros y tres blancos. En la parte superior del techo ponía una Pistola ametralladora, ML57, calibre 9 mm. con 40 cartuchos. Simón tranquilizaba a sus pasajeros diciéndole que su ametralladora, en caso debiera usarlas contra los asaltantes, pues era para vengar a Dios y no para lodarlo. Era temido el carretero de la muerte. Sus ojos, bueno, nunca los tuvo, porque, eso dice la leyenda, que un buitre se los comió una noche de San Juan, eran remplazados con dos pedazos de carne de liebre y, es absurdo, lo sé, servían para orientar a sus caballos del momento que los buitres bajaban hasta su cara para que picotearan la carne. "Donde vuelen buitres hay quebradas" decía. Sus caballos, eso nunca se ha comprendido, avanzaban por colinas o quebradas sin que el carretero de la muerte tirara las riendas. Dicen que los animales, antes, fueron sus abuelos, hermanos y padres. Los caballos marchaban al galope o, tantas veces en carrera. La última vez que se vio al Simón en la diligencia, pues, fue un domingo del mil ochocientos y no se cuánto. Era una mañana fría, la tierra llena de escarchas y miles de volátiles yacían muertos en el camino. Dicen que el cielo había bajado hasta la casa más chica del poblado. Dicen que la mañana se negó en ser día y que trajo en sus estrellas culebritas con conchitas de caracoles, causando, entre otras, mas locura que pánicos. Dicen que un roto chileno, pintor, aquí no se cree nada, andaba pintando los pajaritos muertos y tocando las culebritas con conchitas de caracoles. Esa mañana todos los pobladores salieron de sus chozas para hacerle la señal de la cruz al Simón. Un escrito, recientemente encontrado en un sótano jesuita, que lamentablemente al ver la luz se convirtió en culebrita con conchitas de caracoles, oxidó los ojos a todos los hombres que lograron ver sus letras. Eran secretos del cielo, eso me dijeron. Pero, con ojos oxidados o no, los magos del milagro se olvidaron de las lenguas de los castigados porque andaban diciendo que antes de los dinosaurios, habían en la tierra doncellas con la cara arrugada y que murieron tosiendo hilos de lavas. Verdad o mentira, como decían las letras, los castigados podrán hociconear lo que quieran pero quedarían con sus ojos oxidados por leer cosas que no les correspondía. El Simón, no viendo pájaros muertos ni tampoco importándole las escarchas del día con el cielo tan bajo, pues, montó sobre el primer caballo y avanzó sobre los cuerpos de los volátiles. El Simón, eso escribió la leyenda, sintió sus manos remendadas, cocidas en el cuello del caballo... su cara se llenó de verrugas y su boca se deformó como esa mañana que el cielo bajó hasta la casita más baja del poblado. EL Simón gritó. Nunca había sentido tanto miedo, pero le había llegado la hora. Ojalá que no haya sufrido tanto, pero la verdad que sus caballos cayeron a tierra llenos de artrosis... Era el tiempo que cambiaba, eran las leyendas que se renovaban y nadie podía evitarlo. El pueblo, cansado de repetir por años y años la misma historia a su gente, pues, decidió matar la leyenda para iniciar la otra, esa que después de haber desaparecido el Simón y sus caballos, tres negros y tres blancos, la vida fue otra, y los recuerdos eran mas felices, las semanas más sabor a pan que a culebritas con caracoles... y, dicen, que ahora andan arrepentidos, bueno antes que iniciaran las guerras, las conquistas, se vivía mejor porque, se quiera o no, el Simón era tema todo el año y ahora el llanto es todo el siglo. Muchos, eso se sabe, andan construyendo sus carretitas en el Chile chico, porque, estimada lectora o lector, es mejor cargar una carreta con leyendas que con un caído en guerra.