Dilma Roussef no es la Bachelet brasileña Aunque parezca lo mismo, el triunfo de Dilma Roussef en las elecciones presidencia
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Puesta online a las 17:31, el 01 de Noviembre del 2010
Dilma Roussef no es la Bachelet brasileña
Aunque parezca lo mismo, el triunfo de Dilma Roussef en las elecciones presidenciales de Brasil no puede asemejarse a las elecciones presidenciales chilenas del 2009, ni menos la candidata triunfante del PT brasileño podría ser un símil de Michelle Bachelet.
Por cierto que es un enorme logro histórico el que los brasileños hayan elegido por primera vez una mujer como Presidenta de Brasil. Rasgo indicativo de los profundos cambios sociales que ocurren en nuestra sociedad contemporánea.
DIME QUÉ PRESIDENTE TE APOYA Y YO TE DIRÉ SI GANARÁS LAS PRESIDENCIALES…
Los rasgos de semejanza entre ambas mujeres (trayectoria política opositora a las dictaduras militares en los años 70, preparación política en los años 80, desempeño ministerial en los 90…) no nos pueden hacer perder de vista que Dilma Roussef, la candidata del PT contó desde el comienzo de su campaña con el apoyo abierto, deliberado e incondicional del Presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva, al tiempo que, por el contrario, Michelle Bachelet como Presidenta de Chile en realidad apenas movió un dedo en favor del candidato concertacionista Eduardo Frei Ruiz Tagle.
¿Nadie recuerda entonces que mientras Bachelet acumulaba un 70, un 75 y hasta un 80% de popularidad, el candidato concertacionista Eduardo Frei Ruiz Tagle -abandonado por la Moneda y por su “ala progresista”- batallaba solo por empinarse apenas sobre el 20, 25 ó 30% de la intención de voto en primera vuelta?
UNA VICTORIA POLÍTICA DE LOS MÁS POBRES
La izquierdista Dilma Rousseff ganó el domingo las elecciones de Brasil y prometió mantener a la mayor economía latinoamericana en el camino de prosperidad iniciado por el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, que permitió a millones de ciudadanos salir de la pobreza. El Tribunal Supremo Electoral declaró vencedora en segunda vuelta a la oficialista Rousseff, que sumó un 56,05 por ciento de los votos y aventajó por 12 puntos a José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).
Notable que en la segunda vuelta presidencial brasileña, las alternativas hayan sido el Partido de los Trabajadores (un partido de izquierda ligado a los poderosos sindicatos, movimientos sociales y sin tierra y organizaciones de DDHH) y el Partido Social Demócrata, dejando a la derecha brasileña fuera de juego. Otra diferencia con Chile…
Miles de simpatizantes salieron a las calles de Sao Paulo y de la capital Brasilia, bailando y ondeando banderas rojas del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) mientras autos tocaban sus bocinas para celebrar la victoria de la primera mujer que llega a la presidencia de Brasil en la historia. “Agradezco muy especialmente al presidente Lula. Tener la honra de su apoyo, tener el privilegio de su convivencia, haber aprendido de su inmensa sabiduría, son cosas que se guardan para toda al vida“, dijo Rousseff el domingo por la noche ante sus seguidores en el primer discurso como presidenta electa.
Desde la moderna capital, Brasilia, hasta las favelas de Río de Janeiro, los votantes repitieron el tema que definió la campaña: la esperanza de que Rousseff, de 62 años, continúe con los planes sociales y las políticas económicas de su mentor, el popular Lula. “El país nunca ha estado tan bien como ahora”, dijo Milton Carneiro, un ingeniero de clase media que votó por Rousseff en Brasilia. “Espero que las cosas continúen de este modo”, agregó. Ese sentimiento fue lo que el candidato socialdemócrata Serra no pudo vencer. El mismo candidato reconoció al momento de votar que peleaba “una batalla desigual”, en aparente referencia a la economía en crecimiento, que ha llevado a muchos brasileños a gastar dinero por primera vez en autos, televisores y otros bienes.
Rousseff prometió el domingo 31 de octubre que no recortará programas sociales ni el gasto en infraestructura, pero dijo que apuntará a mejorar la calidad de los desembolsos públicos y trabajar con el Congreso para lograr reformas políticas y también en el pujante sector petrolero del país.
”Cuidaremos nuestra economía con toda responsabilidad. El pueblo brasileño no acepta más inflación como solución irresponsable a eventuales desequilibrios, el pueblo brasileño no acepta que gobiernos gasten por encima de lo que es sustentable”, dijo Rousseff en su discurso. “Por eso, haremos todos los esfuerzos para la mejoría de la calidad del gasto público, por la simplificación y atenuación de la tributación y la competitividad de los servicios públicos”.
Rousseff, que militó en organizaciones guerrilleras y fue torturada en la década de 1970 por la dictadura militar, deberá concentrarse en las asignaturas pendientes para que Brasil finalmente deje el camino del subdesarrollo.
En la agenda está la lucha por contener la apreciación de la moneda local, el real, que está afectando a los exportadores; volver a dejar el gasto fiscal bajo control; e invertir en infraestructura antes del Mundial de Fútbol 2014 y de los Juegos Olímpicos 2016, que tendrán lugar en Brasil. Pero la ex jefa de Gabinete de Lula muestra poco apetito por grandes reformas económicas y se espera que mantenga en líneas generales las políticas del mandatario saliente, concentrándose en mejorar la eficiencia del Gobierno, reducir la burocracia y expandir el rol estatal en áreas estratégicas.
Expandir el rol del Estado en areas estratégicas de la economía: algo que la Concertación chilena, impregnada del más “progresista discurso neoliberal”, fue incapaz de hacer, porque mientras en Brasil el Estado fue fortalecido durante la administración de Lula (sector petrolero, control de los bancos y la especulación, desarrollo energético), en Chile la Concertación, bajo los dos gobiernos “progresistas” de Lagos y Bachelet y aún con políticas sociales intensivas, también se siguió privatizando empresas y servicios, alentando la concentración del capital, castigando a las pymes, fragilizando el empleo y fortaleciendo el peso del mercado y de las corporaciones extranjeras en la economía chilena.
Por eso también, Dilma no es la Bachelet brasileña.