Ruleta rusa El juego de la ruleta rusa consiste en colocar en el gatillo una sola bala; los apostadores deben dirigir el re
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Puesta online a las 20:32, el 13 de Noviembre del 2008
Ruleta rusa
Por Rafael Gumucio -Chileinforma.com
El juego de la ruleta rusa consiste en colocar en el gatillo una sola bala; los apostadores deben dirigir el revólver hacia su sien y a quien lo toca, le toca – directo al sepulcro-. En el caso de las AFP, la ruleta rusa tiene cinco de seis balas, camino seguro a la muerte. Hoy, en plena crisis, colapso o depresión, como usted quiera, nadie se atreve a negar que la Bolsa es un verdadero casino: tiene una entre 38 posibilidades de ganar; en el Loto tiene una millonésima oportunidad de acertar al número ganador. La verdad es que el juego es muy entretenido en la ficción: se puede encantar con una novela de Dostoyevski o maravillarse con las Crónicas de Edwards Bello, que retratan, a la perfección, los casinos de Europa: cuando el apostador terminaba arruinado el casino, el menos, le regalaba un trago de consuelo y un pasaje, en tren, a París. En la actualidad cuando las AFP lo dejen con los bolsillos vacíos, ni siquiera le pagarán el taxi de regreso a su casa. Al menos, los capitalistas de antaño tenían algún rasgo de generosidad; hoy son seres crueles, aves carroñeras, sin compasión.
Desgraciadamente, en el reinado absurdo del dinero para unos pocos nadie puede escapar al Bolsa de Comercio, pues siete millones de chilenos, que tienen la suerte de contar con un trabajo, están obligados a entregar el 12,5% de su sueldo a seis monopólicas AFP: es la Bolsa o la vida, si usted se niega, va directo a la cesantía, salvo que no tenga contrato de trabajo, incluso, incitan a algunos tontos a invertir en ahorro voluntario para estos pulpos – algo así como colocarse electricidad en partes sensibles, por puro gusto-.
En varios artículos he sostenido que el neoliberalismo es una ideología, una teología, una creencia, que no tiene nada de serio. Es una soberana tontería sostener, como lo hacía Ronald Reagan, que el Estado no es una solución, sino que el problema. Después de privatizar a destajo, el mercado sin regulación ha terminado por devorar a la sociedad, a las personas y a la familia y, como los estúpidos nunca mueren, a pesar de todas las evidencias seguirá habiendo cardenales y diáconos de tan dogmática religión.
Jamás he creído que el hombre tenga la capacidad de prever el futuro, sólo puede mirar el pasado, que es la única experiencia humana. Las utopías son muy bellas, pero todas ellas han caído ante la realidad histórica; poco queda del progreso ilimitado de la humanidad de los filósofos del siglo XVIII, mucho menos de la sociedad de los sabios y banqueros, de Saint Simon; siempre me han causado risa las predicciones de los economistas: ¿quién puede saber el precio del cobre para los próximos diez años?. Lo mismo vale para las otras commodities. ¿Quién pude prever cuál será la próxima burbuja? ¿Cuántos años durará la actual depresión? ¿Cómo se saldrá de ella? ¿Cuál será el precio de las Acciones a mediano y largo plazo? Hay que ser muy pretencioso y soberbio para vaticinar alguna hipótesis: la ciencia no incluye la predicción y apenas puede analizar el pasado y el presente.
José Piñera es un fanático neoliberal: nada menos que ideó el sistema de la previsión privada y, como buen titiritero, ofreció a los pobres y desprevenidos ciudadanos - en ese tiempo con el bozal de la tiranía brutal - que en el momento de la jubilación recibirían el 90% de su salario; en la actualidad, reciben sólo el 60% ó el 30%. Los cotizantes de as AFP, obligados, tienen que pasar por el casino de las Bolsas, y todos ellos por la coerción se han convertido en “inversionistas”, mejor dicho, jugadores permanentes de un casino donde siempre pierden.
Sólo un loco le regalaría dinero a una AFP para perder el 50% de sus ahorros; al igual que “Tartufo”, de Molière, los afiliados son como la familia que le rinde grandes homenajes a quien los ha engañado.
Las AFP son unas de las instituciones más opacas de este país, dominado por la canalla neoliberal; usted no podrá nunca saber dónde invierte sus ahorros, ni mucho menos las compañías, nacionales o internacionales, que las AFP favorecen; lo único que puede conocer se refiere a la pérdida de los fondos.
En un año, el fondo A perdió el 45,07%; el B, 34,18%; el C, 22,5%; el D, 12,8%; el E, 0,86%. Según el columnista Paul Walder, uno de los mejores conocedores sobre este tema, los fondos A y B tiene el 40% de los afiliados: Manuel Riesco, investigador de Senda, sostienen que hay 9.334.546 cuentas individuales; sólo 68.807 pertenecen al fondo E – el menos riesgoso- lo que equivale al 0,74%; el A tiene 1.297.332, el 13,88%; el B, 3.704.884, 39,65%; el C, 3.488.803, el 37,33%; el D, 8,80%. El 90% de los afiliados ha perdido, en distintas proporciones, gran parte de sus ahorros para jubilar.
También las AFP, cuyo capital se hace con sus aportes, han perdido en distintas proporciones: Plan Vital, el 26%; Coprum, el 23%; Hábitat, el 22%. Los cotizantes, hasta el 28 de octubre, según Senda, han perdido nueve meses de aporte.
Antiguamente, El Mercurio tenía un personaje cómico, Don Inocencio quien, seguramente, se preguntaría si las AFP han perdido algo en este colapso de las Bolsas; la verdad, es que han perdido cero pesos y, por el contrario, han ganado 80 mil millones de dólares; sólo en jauja han negocios con cero riesgo. Tartufo es un niño de pecho al lado de los gerentes de las AFP. ¡No siga siendo tan inocente y averigüe, al menos, quiénes son, a quiénes apoyan políticamente - o apoyaron -¡seguramente se enterará de muchas cosas.
En un gesto de patriotismo, se aprobó que un porcentaje importante de las inversiones de las AFP pudieran hacerse en el extranjero, agregando más riesgo a sus ahorros. Veamos: al día de hoy, el Bovespa ha perdido el 46,19%; el Dax (Alemania), el 42%; Cac (Francia) el 42,72%; el Igpa chileno ha perdido el 16,19%. Como se puede ver, se perdió más afuera que dentro de Chile.
La gente no es tonta como creen loas dueños de las AFP: no hay que ser muy genial para captar que han perdido hasta el alma. Para tranquilizar a los afiliados, Guillermo Arthur, ex ministro de Pinochet, sostiene la suprema tontería de que las AFP están “blindadas”; creo que semejante desacato a la razón usted lo ha escuchado muchas veces. A lo mejor se acuerda que, en junio del presente año, había una caterva de analistas que sostenían el despropósito del desenganche de las economías emergentes, respecto a las desarrolladas, todo esto basado en el precio de las commodities; esta estulticia se ha caído por su propio peso: las commodities se ha derrumbado junto a las monedas.
Otros analistas sostuvieron que esta era crisis como cualquiera otra, igual a las 92 que se han sucedido desde 1929. Ya nadie discute que estamos en una depresión larga y profunda, que de la crisis financiera pasamos a la de la economía real: a la de la cesantía, el endeudamiento, el desempleo y la baja en el consumo. Apuesto a ganador que, en esta Navidad, la mayoría regalará un chupete helado a su familia y amistades, o buscará algo viejo en su casa para hacerlo pasar como recién adquirido, (no lo vayan a pillar y se equivoque al regalar el mismo libro que, en su cumpleaños pasado él también desempolvó). Los pobres ciudadanos se convertirán en “Epicuros”, comiendo sólo pan con queso, sin siquiera una copa de vino.
Hoy, el 70% del comercio mundial, perteneciente a Europa, Japón y Estados Unidos, está en recesión. Es mucho pedirle a China que arrastre, en otrora tan poderosos países, hacia una salida exitosa; por lo demás, los chinos han declarado no estar dispuestos a pagar las deudas y errores de otros países.
El ministro Andrés Velasco, siguiendo la escuela norteamericana, les a los pobres cotizantes de las AFP que no se preocupen, pues las inversiones en Bolsas son de largo plazo y que sería hacer la pérdida cambiarse hoy. La verdad es nadie sabe cuándo amainará la crisis: si usamos como parámetro de comparación la de 1929, es completamente falso que terminó en 1933, con la elección de Roossevelt, sino que en 1940, al comienzo de la segunda guerra mundial, y las acciones compradas en 1928 recuperaron su valor en 1945, lo equivaldría a una espera de 15 años para recuperarse, sin contar con la inflación. Más contemporáneamente, Japón aún no se recupera de la crisis de fines de los años 90.
Según Manuel Riesco, muchos de los cotizantes ABC1 se han cambiado del fondo A, a los D y E; muy neoliberales serán, pero saben cuidar su capital; Muchos ciudadanos de otros estratos han imitado a los más afortunados; creo que nadie, con dos dedos de frente, creerá en estos cantos gregorianos de fe en la perfección del mercado. Si algo queda claro es que el neoliberalismo fracasó rotundamente y hoy los privados, como las automotrices, tienen que mendigar la ayuda del Estado.
Llegó el momento de poner fin a las AFP tal como están ahora; una AFP estatal está a medio camino en el ideal, que sería un sistema mixto de reparto y capitalización, pero esto es demasiado para las castas políticas, por lo cual se hace necesario una movilización popular.