Apuntes de París y el mapa de la ciudad (segunda parte). Juan Godoy
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Puesta online a las 9:19, el 16 de Agosto del 2008
Apuntes de París y el mapa de la ciudad (segunda parte)
Pisar las calles de París es como hacer explotar los calzados y no lavarse nunca más las patas. (pies para los cursis)
Fuera de la Gare de l´Est se ve otra realidad que no tiene nada de común con el Mapa de París. Africanos, gorriones y palomas populan las calles de la estación. Volátiles y tumultos negros son la fachada o la asamblea de los sin casas. El parque de las atracciones turísticas es otro. Los desamparados arrastran sus trapos en un carrito de compras u otros duermen sobre colchones bajo los árboles. No es una manifestación de la pobreza, tampoco un tabique de carne humana y pajarracos, sino que es la analogía de la otra Francia. El contrasto se nota. Hércules el rico y el turista, enano el indigente. Arrastro mi maleta sin ruedas porque la buena me la pidió Montaigne el pensador. Antes de dejar la Gare de l´Est hay que caminar unos metros y salir por una puerta de rejas. El silencio es mezquino. Fuera el trafico y las infracciones de transito. Los transeúntes cruzan las calles con semáforo rojo. De los bares llueven verborreas de palabras que no se comprenden. Se oyen gritos de arrebato. Cierro mis párpados y siento que se me revientan las venas de mis ojos. Me los cubro con las manos. Pareciera que me estuvieran torturando con agujas que penetran las pupilas. Me convierto de turista en atracción de los curiosos. Pestañeo con dificultad. Un africano me pide un cigarrillo. Trato de abrir mis ojos y decirle que no es el mejor momento para pedirme un pucho. Trato de adivinar sus insultos. Me siento un enano. El fenómeno de arrastrar maletas y fumar un pucho me hace sentirme aparato o pulga de circo con caballitos blancos y negros. Todos me observan. Turista desamparado. Trapecista ciego que debe cruzar la calle para ganar la escala de la metro. Un muchacho joven, de manos grandes, me socorre. Me lleva de un brazo a un bar. Soy el hoyo del queque. Ahora todos se preocupan de mi salud, de mi maleta y de mis vacaciones.Desean llamar un doctor. !Caramba si no es para tanto! digo en mi francés turístico. El joven pide un trapo mojado y me lo pone en los ojos. !Mi salvador! El faquir de los medios ciegos. Me siento endeudado. Al abrir mis ojos le veo su rostro y sus inmensos ojos azules. Se presenta. "Soy Charles". Deseaba volver a mi humor de viajero. Temía ir al hospital porque mis ojos se me estaban rebelando. Pedí agua y café. Al muchacho le pedí que me aceptara algo de beber. Miró su reloj. Me protegía de algo. Me hizo preguntas sobre mi hotel. Me confiaba en él. Pidió un vaso de agua y un café. París es como una baraja, me dijo. Si entras con el pies derecho toda saldrá bien... si lo haces con el izquierdo es mejor volver a casa. Me sentí el faraón de los quemados. Ya había perdido el tren en Basel. Luego tuve que tomar otro y viajar hasta Strasburgo... Ahí tomé desayuno y me tocó esperar dos horas. Ahora los ojos. Ningún hombre avanza con un par de zapatos llenos de desgracias continuas..., no soy hermético, me dije, pero lo intentaré. Superar las corrientes no es simple y hay dos posibilidades: te hundes o te salvas. Había que cambiar el combustible. Me saqué mis zapatos y los cambie por otros que traía en mi maleta. El joven se divirtió con mi idea. Conversamos una media hora. Llamó por teléfono a mi hotel y preguntó por la parada de la metro. Luego deseaba regalarme el pasaje y pagarme el consumo. El cambio de calzados, me dije. No acepté que pagara. Insistía. Llegamos a un compromiso. Lo invité a Basel y ahí pagaría el café y el agua. Nadie había reído tanto como el joven. Me acompañó a la metro. Charles era un Agrónomo de París y quedamos de cenar juntos. En París hay dos caras y un Mapa.